Por Soledad Granero Toledano
Una de las claves fundamentales para denostar al movimiento feminista es difundir la idea de que éste está dividido y, de camino, exigir la unidad que no se requiere a otros movimientos. De esta manera, se nos responsabiliza de la debilidad que conlleva nuestro supuesto fraccionamiento y se desalienta a muchas compañeras a participar más activamente en nuestra lucha ¿Pero, es cierto que el movimiento feminista está dividido?
Vamos por partes. ¿Qué es ser feminista? Muchas podríamos decir que es tener conciencia de la opresión, discriminación, explotación, violencia, etc. que el patriarcado inflige a las mujeres por el sólo hecho de serlo y actuar en consecuencia para erradicarlas de nuestras vidas, de la manera con la que cada una pueda o quiera contribuir.
Pero ¿qué ocurre cuándo no se entiende o percibe como opresivas, explotadoras, discriminadoras, violentas, … algunas de las formas de comportamiento hacia las mujeres y aun así alguien se considera y se denomina feminista? Como dice la gran Celia Amorós “nadie tiene el monopolio de la ortodoxia, pero no es cierto que no existan, como en cualesquiera tradiciones de pensamiento y de praxis, criterios de identificación y de legitimidad”.
Entonces ¿qué es lo que identifica al feminismo? ¿Qué es lo que legitima a un movimiento como feminista? Entiendo que los principales criterios de identificación y de legitimidad feministas pasan por detectar si los postulados que se defienden, coinciden o no con los del patriarcado y/o el capital y si el sujeto político que lo encabeza, son las mujeres o no.
Nos encontramos con quienes entienden la prostitución, la pornografía y los vientres de alquiler como explotación sexual y reproductiva y la autodeterminación/identidad de género, tal como la concibe la teoría queer, como forma de invisibilización de las mujeres.
Por el otro lado, nos encontramos con quienes entienden estos mismos hechos como empoderamiento a través del llamado trabajo sexual, derecho a la paternidad/maternidad y ampliación del concepto mujer.
En cuanto a la prostitución y pornografía, como muy bien refiere mi querida y admirada Rosa Cobo “… la prostitución en el siglo XXI es la fusión entre los intereses patriarcales y los intereses capitalistas. El resultado es un procesocreciente de mercantilización de los cuerpos y de la sexualidad de millones de mujeres en todo el mundo, …”. Nada más lejos de los intereses económicos y de privilegio masculino que pretender abolir el sistema prostitucional, es decir, acabar con la industria de la explotación sexual, el proxenetismo y los prostituidores, tal y como defiende el feminismo radical. El lucro que supone para la industria de explotación sexual (miles y miles de millones al año) cesaría si el proxenetismo, empresarial o no, se viera forzado a dejar de mercantilizar con los cuerpos y las vidas de cientos de miles de mujeres y niñas en todo el mundo. Sería igualmente una gran transformación social antipatriarcal en pro de la igualdad entre mujeres y hombres, que éstos tomaran conciencia de la explotación que supone la práctica prostitucional y pornográfica.
Por otro lado, lo que hay detrás de los vientres de alquiler (llamados de manera ignominiosa maternidad subrogada, gestación subrogada o gestación por sustitución), son mujeres pobres y/o con grandes necesidades, que son explotadas reproductivamente en pro de satisfacer, en la inmensa mayoría de los casos, un deseo masculino. No somos las feministas radicales las que estamos en alianza con el capital y el patriarcado, tampoco en esta cuestión, ya que nuestra reivindicación de eliminar esta práctica y todos los subterfugios para llevarla a cabo, se confronta radicalmente con la industria multimillonaria que la promociona y con quienes entienden el cuerpo de las mujeres como un receptáculo y a las niñas y niños como productos de compra y venta.
Desde la teoría queer se pretende fusionar los conceptos de sexo y género, como si se tratara de algo trasgresor y como si ambos conceptos tuviesen el mismo significado. Ello no es baladí, pues significa acabar con siglos de lucha feminista para erradicar el poder masculino que se manifiesta a través del sometimiento a los roles establecidos. La llamada autodeterminación de género utilizada desde la perspectiva queer, está representada hoy por un lobby de presión apoyado económica e ideológicamente por la mayoría de las instituciones u organismos públicos. El objetivo de estos lobbies consiste en que las mujeres desaparezcamos del mundo político y jurídico, poniendo en el centro de sus demandas, nuevamente, los deseos masculinos.Las grandes industrias farmacéuticas y la misoginia son quienes apoyan esta ideología con todas sus fuerzas, encantados, por igual, de respaldar los tratamientos y las mutilaciones de niñas y niños a quienes denominan “trans”, priorizando los bloqueadores hormonales por encima de la coeducación.
En todas las reivindicaciones feministas radicales están las mujeres como su sujeto político y eje central. La igualdad formal y real es nuestro objetivo. Para otra gente las mujeres sólo somos personas gestantes.
Es llamativo que desde ese “feminismo” que defiende la prostitución y la pornografía, alquilar vientres y la teoría queer, no se hayan preguntado alguna vez, por qué lo que defienden está en línea con los intereses del capital y del patriarcado y que no hayan analizado esa alianza implícita en la que conviven. O tal vez si lo han hecho, pero le es indiferente porque su objetivo, envuelto en modernidad, es crear un orden social donde nuevamente sea lo masculino y sus prerrogativas, lo que marque el rumbo de los tiempos y de camino, estigmatizar al feminismo radical. Una cosa es tener contradicciones y otra coincidencia plena y permanente.
El próximo 8 de marzo saldremos a las calles nuevamente. Por un lado, las mujeres que, en coherencia con la Historia del Movimiento Feminista, estaremos, una vez más, reivindicando un cambio radical de la sociedad, impugnando al patriarcado y enfrentándonos al capital y, por otro, ese progresismo involutivo incapaz o desinteresado en el análisis materialista de la sociedad y al que el patriarcado y el capital están mimando tanto.
El Movimiento Feminista no está dividido, incluso podríamos afirmar que está más fuerte que nunca, lo que ocurre es que hay otros movimientos que no tienen identidad política para llamarse feministas y que, sin embargo, enarbolan ilegítimamente la bandera del feminismo.








