El presidente saliente, Joe Biden, a través del Departamento de Estado de Estados Unidos (EE.UU.), retiró a Cuba del listado de países patrocinadores del terrorismo, según un comunicado que emitió la Casa Blanca y firmado por el propio presidente.
La peculiar lista incluía de manera incongruente a Cuba por promocionar el terrorismo, evidenciando su irónica función, en un momento internacional en el que, por citar un sólo ejemplo, el nuevo líder de Siria, Abu Mohammed al Golani, fue hasta hace poco exagente de Al Qaeda y terrorista buscado por Estados Unidos, y ahora es denominado por los medios occidentales como «nueva autoridad siria».
El comunicado confirma que la Casa Blanca revoca la normativa que establecía esta inclusión en ese listado, la norma NSPM-5, lo que conlleva el consiguiente cambio de las normativas relacionadas, entre ellas la eliminación de la llamada lista de entidades restringidas, que prohíbe las transacciones financieras con algunas entidades cubanas, lo cual flexibilizaría las relaciones económicas.
De este modo la administración de Joe Biden toma, en sus últimos coletazos, una decisión que debió ser tomada hace mucho tiempo. Y aunque ello no implique que se retire también el infame bloqueo contra Cuba, es entendido como un avance para la lucha heroica del pueblo cubano.
El gobierno saliente de EEUU deja de este modo en manos del nuevo presidente la decisión de aceptar esta situación o volver a incluir al país en el infame listado, como ha sucedido en otras legislaturas precedentes, en las que salió y volvió a entrar, evidenciando que se trata más de un asunto de intereses políticos que de verdadera preocupación por el terror.
Se diría más bien que el terror que tanto temen los norteamericanos, así como sus dóciles aliados, entre ellos España, es a la soberanía y legítima libertad democrática de los pueblos, en especial los que no siguen los dictados de sus políticas económicas.
Precisamente en estos días los europeos estamos asistiendo a un curioso ejemplo de la democracia entendida a la manera atlántica, en países cuyos procesos electorales son permitidos o cuestionados -cuando no directamente invalidados- si los resultados son favorables al fin de la guerra y del gasto militar. Resulta incongruente que en el entorno de la alianza occidental no produzca terror la escalada bélica hasta niveles de riesgo nuclear, pero sí lo produzca la simple solidaridad y dignidad del hermano pueblo de Cuba.









