Gisèle Pelicot: La mujer que rompió el anonimato y desafió al sistema pornográfico

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Por Reis Vidal

Lo que Gisèle ha enfrentado no es el acto aislado de un «monstruo» o de unos hombres «enfermos». Es, en cambio, la expresión de un sistema de dominación masculina profundamente arraigado.

No son patologías individuales, los hombres han sido socializados dentro de una jerarquía sexual que les otorga poder y derecho sobre los cuerpos de las mujeres. Este sistema, estructurado y normalizado, perpetúa la idea de que las mujeres son objetos disponibles para el placer masculino.

La cosificación sexual, como señala Dworkin, es el núcleo de esta dinámica. A las mujeres no se les escucha, no se les reconocen sus experiencias de violencia, y se las excluye de la participación política y social. Dworkin llega a calificar de “ginocidio”, este proceso de violencia extrema que lleva a las mujeres a la muerte.

La pornografía es una herramienta clave en esta estructura de subordinación, que presenta a las mujeres como objetos silenciosos, cuya voluntad no importa, y refuerza la idea de que su silencio equivale a deseo y/o consentimiento. Esta crítica al sistema pornográfico fue ampliada argumentando que no solo silencia a las mujeres, sino que las despoja de su capacidad de acción, al presentarlas como seres inanimados. En este contexto, las mujeres son representadas como cuerpos sin voluntad, incapaces de rechazar,consentir, de hablar. Esto nos excluye de la categoría humana y de existencia como grupo social.

Gisèle, al enfrentarse públicamente a sus agresores, ha roto con este ciclo. Su reacción es un acto de resistencia frente a una estructura que silencia a las mujeres y las despoja de humanidad. Como señaló Hannah Arendt, es un sistema que banaliza el mal al normalizar prácticas atroces como si fueran inevitables o invisibles.

Una acción que cambió la vergüenza de bando

Gisèle no solo expone la violencia de un hombre y sus acólitos, sino también un sistema que perpetúa y justifica esa violencia. Gracias a su testimonio y a romper su anonimato, se ha visibilizado cómo la sumisión química, la cultura de la violación y la pornografía son herramientas patriarcales que despojan a las mujeres de su capacidad de acción y las condenan al silencio. Gisèle nos ha mostrado que ese silencio es el arma más poderosa de los agresores, del patriarcado, y que las mujeres víctimas de violencia sexual al hablar y al mostrarse están haciendo uso de su agencia. No pierden la agencia, ganan capacidad de acción, es una forma de resistencia.

La sentencia contra Dominique Pelicot y contra los 51 hombres, y podrían ser más, es un paso importante, -aunque la sentencia patriarcal sea insuficiente- La verdadera transformación vendrá cuando la sociedad deje de considerar estos crímenes como casos aislados y los reconozca como parte de una jerarquía que privilegia a los hombres a costa de las mujeres. La historia de Gisèle es un billete sin retorno, para desarrollar política y legislativamente los postulados del único feminismo que hay, el abolicionista. Denunciando la complicidad social: no son monstruos quienes cometen estos actos, son hombres formados en un sistema que legitima su derecho a dominar y silenciar.

Feminismo o barbarie

La verdadera justicia llegará cuando ninguna mujer tenga que enfrentarse sola a este tipo de violencias. El acto de Gisèle es un recordatorio de que su lucha es la lucha de todas las mujeres para denunciar la violencia y encender un cambio colectivo. Su valentía nos invita a no mirar hacia otro lado y a construir un futuro donde la voz de las mujeres no solo se escuche, sino que transforme radicalmente las estructuras de poder patriarcal que hoy nos silencian y cosifican.

La historia de Gisèle Pelicot no es solo un acto de resistencia, es una llamada social para tomar partido. La pregunta ya no es quién hablará por las mujeres, sino si tendremos el coraje de escucharlas.

Mostrando tu rostro, alzaste la voz y rompiste el anonimato; tu coraje no solo te libera, sino que inspira y fortalece a todas las mujeres.

¡Si tocan a una respondemos todas!.

La vergüenza cambia de bando.

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