Capítulo V
El Decreto Ábalos
Tras haber conseguido que instancia más alta a nivel judicial del país pudiera apuntalar el respaldo legal de sus reivindicaciones, los taxistas vieron reforzada esa credibilidad que algunos medios intentaron hacerles perder ante la opinión pública a la vez que consiguieron disponer unos poderosos argumentos para dirigirse a las administraciones responsables de los problemas que habían generado tanto Uber como Cabify durante años con el fin de exigirles medidas que pudieran resolver toda esta situación, algo que en primera instancia significaba retirar de la circulación de las principales ciudades los miles vehículos VTC de estas plataformas que se encontraban operando de manera ilegal.
De este modo, el primer paso se dio en Barcelona y consistió en aplicar la llamada licencia urbana, un permiso otorgado por el Ayuntamiento a un número específico de VTC para poder operar en el área metropolitana de la ciudad, el denominado “AMB”. Con esta acción por fin se conseguía reducir el número de vehículos de Uber y de Cabify para ajustarlo al ratio legal, tal y como establecía la norma, ya que de este modo podían retirar de la circulación a más de la mitad de los vehículos VTC que estaban circulando en la ciudad Condal de manera ilegal, lo que supuso un duro golpe para Uber y Cabify tras años de actuar al margen de la ley con total impunidad.
Pero por desgracia la reacción no tardó en llegar por parte de la CNMC la cual, fiel a los intereses de Uber y Cabify, denunció ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya esta licencia urbana solicitando su suspensión ya que consideraban que el Ayuntamiento de Barcelona no tenía las competencias necesarias para exigir estos permisos.
Finalmente esta cuestión fue estimada por el tribunal catalán señalando que en este caso, las competencias realmente eran del Ministerio de Transportes y no del consistorio barcelonés, lo que indirectamente abrió las puertas a los taxistas a reclamar ante el gobierno, por lo que una vez más la CNMC acabó haciendo el ridículo en su afán de tumbar cualquier regulación para salvar a Uber y Cabify de la aplicación de las leyes.
Seguidamente y como consecuencia de estos hechos, se desencadenó uno de los momentos más intensos en todo el tiempo que llevo trabajando con los taxistas (lo que nosotros desde Élite Taxi llamaríamos “El Armagedón”) ya que tras la sentencia del TSJC se convocó de urgencia a todas las asociaciones de taxistas del Área Metropolitana de Barcelona con el fin de programar un calendario de movilizaciones y de paros, ya que esta decisión suponía nuevos ataques por parte tanto de Uber como de Cabify a la ciudad de Barcelona al propiciar la invasión de más de tres mil vehículos VTC consecuencia de la suspensión de la licencia urbana, lo que a su vez significaba la ruina de más de trece mil familias de taxistas barceloneses.
Por mi parte tengo que reconocer que fue la primera vez que pude vivir una unión real de todos los taxistas de una misma ciudad a pesar de las diferencias y de sus circunstancias ya que al fin y al cabo, habíamos llegado a tocar con las manos esa justicia que llevábamos tanto tiempo esperando y nos la habían vuelto a robar, por lo que debíamos levantarnos de este golpe más fuertes que nunca. Además, Barcelona era el espejo en el que nos mirábamos todas, por lo que si la ciudad caía, caían también las esperanzas del resto.
El Jefe, que estaba especialmente activo, cogió las riendas de las movilizaciones porque sabía que llegados a este punto sólo quedaba vencer en las calles, por lo que tras advertir a las instituciones y realizar varias reuniones entre todos los representantes del taxi de Barcelona, se convocó una huelga de 12 horas seguida de una manifestación multitudinaria frente a la Delegación del Gobierno, ya que tras la sentencia ya no sólo se estaba defendiendo el futuro de los taxistas barceloneses, sino que también se iba a exigir la aplicación del ratio 1/30 en todo el territorio nacional.
De hecho fue tal la presión que se generó tras el anuncio de las protestas que incluso yo, como responsable de diseñar el cartel para los medios, tuve que repetirlo varias veces porque no daba abasto entre esta labor, los nervios y la actividad que teníamos en redes sociales. Una presión que tras la convocatoria inicial se trasladó rápidamente al ambiente que se respiraba entre los compañeros y las compañeras. Era como sentirse en el preludio de una gran batalla mientras estábamos velando las armas para defender a nuestras familias y a nuestra profesión.
De este modo llegó el día y la jornada comenzó con esa “calma” tensa típica de una manifestación. Lógicamente la mayoría de taxistas de toda España eran conscientes de la importancia de estas protestas lo que hizo que acudieran a la manifestación un gran número de compañeros y compañeras de otras comunidades autónomas, provocando que la asistencia fuera muy elevada ya que además el seguimiento por parte del taxi catalán fue prácticamente del 100%.
Así que con este escenario y siendo uno de los responsables de las redes de la principal organización de taxistas a la que los medios habían puesto el foco, temía que se convirtiera en otro día duro de ataques y de mentiras contra el sector o que la situación se pudiera descontrolar.
Y tanto que se descontroló….
Todo sucedió mientras me encontraba en mi puesto de trabajo en Madrid. Nunca se me olvidará cómo cuando revisaba los mensajes que me iban llegando por Whatsapp o por Telegram para hacer un seguimiento de la manifestación, comenzaron a llegarme al móvil decenas de notificaciones de la cuentas de Élite Taxi Barcelona y de Élite Taxi España sin parar. Es más, fué tan rápido que en ese momento sólo podía ver parte de los mensajes a modo de notificaciones acumulándose en la pantalla de bloqueo de mi teléfono, aunque lo cierto es que ya se podía vaticinar que algo malo había sucedido porque la mayoría eran insultos y amenazas.
Ante esta situación, accedí rápidamente a las diferentes cuentas y de golpe me encontré lo que estaba sucediendo: Un medio estaba publicando el vídeo de una agresión a un vehículo VTC durante la manifestación con clientes dentro. Y el mundo se me vino encima, literalmente.
Además aparte del shock inicial, a partir de ese instante la situación me superó por momentos porque más allá de la ola de insultos, amenazas y explicaciones que nos empezó a exigir una auténtica jauría enfurecida en redes sociales, todo se paró de golpe y me encontré sin saber nada de lo que estaba ocurriendo dentro de la manifestación, más allá de las brutales imágenes que corrían como la pólvora por internet y por la televisión, lo que hizo sentirme bastante descolocado porque ya no sólo eran los cientos de mensajes privados y de tuits que nos llegaban prácticamente a cada minuto, sino que se produjo un auténtico caos en cuanto a la información que debía recibir, lo que me hizo colapsar durante algunos instantes hasta el punto de tener la sensación de que estaba viviendo algo como un sueño o más bien, como una pesadilla.
Era una guerra total contra los taxistas. Ya nada importaba. Ni la situación tan dramática en la que nos encontrábamos, ni nuestras reivindicaciones, ni el futuro de un sector del que dependían miles de trabajadores.
Y mientras, en mi cabeza no paraba de repetir que podía ser. No podían haber sido taxistas. No éramos nosotros ni nosotras. No podían haber sido mis compañeros ni mis compañeras.
Nada tenía sentido porque se trataba de una protesta de un colectivo de trabajadores desesperados porque se hiciera justicia, no eran una banda de hooligans rabiosos y agresivos como les estaba pintando la prensa títere de Uber y de Cabify. Además, en cualquiera de los casos, la violencia siempre era contraproducente y cortaba de raíz recibir cualquier atisbo de empatía por parte sociedad y de la opinión pública con nuestra causa, por lo que era absurdo pensar que los mismos taxistas podrían boicotear sus propia manifestación.
De este modo, mientras pasaban los minutos posteriores a la publicación del vídeo a la horda contra los taxistas se les fueron sumando decenas de líderes de opinión y de personajes muy relevantes en Twitter, lo que sirvió para multiplicar todos esos mensajes de odio contra el colectivo, algo que me cabreó bastante ya que siempre he considerado que cualquier persona con la capacidad de influir en la opinión de la gente también tiene la responsabilidad y la obligación de explicar los hechos tal y como han sucedido, sin manipular, sin distorsionar la realidad y en base a pruebas, no a opiniones, cosa que no sucedió en esta ocasión. Porque puedo entender que la situación era muy grave pero del mismo modo el ensañamiento que hubo contra los taxistas fue totalmente desproporcionado y por supuesto unicamente sirvió para criminalizar sus protestas y distraer la atención de sus reivindicaciones, justo lo que Uber, Cabify y sobre todo la patronal de las VTC estaban buscando. Es más, es que a día de hoy nadie sabe lo que sucedió realmente con los agresores, ni se tiene información de que haya habido alguna denuncia por parte de los agredidos o de que se haya abierto en algún momento una investigación policial para esclarecer los hechos e imputar responsabilidades.
Al final todo se quedó supuestamente en esa manifestación, lo cual no deja de ser sospechoso ya que si realmente hubieran sido taxistas todos sabemos que desde el primer momento hubieran salido imágenes o videos sin parar en los medios durante semanas como solía suceder algo que sinceramente, da mucho que pensar y más teniendo en cuenta las prácticas de Uber para calentar las manifestaciones y generar violencia para perjudicar a la imagen de los taxistas tal como se desveló en los Uber Files.
De hecho, si cualquiera de los que estáis leyendo estas líneas hacéis una búsqueda en Twitter, os daréis cuenta rápidamente del gran número de perfiles bots que se dedicaron a publicar mensajes automatizados durante ese día con el vídeo, supongo que para generar la mayor difusión posible. Es todo muy extraño.
Por desgracia la situación iba empeorando por minutos lo que comenzó a provocarnos la sensación de que cada vez se nos iba más de las manos. Es más, hasta ese momento me había podido coordinar perfectamente con el compañero junto al que gestionaba la cuenta de Élite Barcelona, compartiendo y comprobando los mensajes y el flujo de información que se publicaba ya que se encontraba en la misma manifestación, pero por culpa de la supuesta agresión, se generó un caos en nuestra comunicación que empezó a notarse en algunas de las interacciones en ocasiones torpes e incoherentes. Del mismo modo en ese momento era evidente que la cuenta de Élite estaba siendo vigilada mucho más que antes, por lo que era consciente de que cualquier mensaje podría ser analizado al milímetro para buscar carnaza con la que seguir atacando a los taxistas, lo que me asustaba bastante.
Pero por suerte de entre toda esta situación tan dramática una vez más surgió la figura del Jefe, esa persona que se crece ante las adversidades y que mantiene la calma cuando todo parece que va saltar por los aires y aún así, sigue pidiendo tu consejo porque confía en tí.
La prensa le llamaba de manera peyorativa “El Mesías del taxi” para cargarle la responsabilidad de nuestras acciones con el objetivo de anularle, algo que siguen haciendo incluso a día de hoy, lo que significa que seguimos metiendo el miedo en el cuerpo a las plataformas con nuestras acciones.
De este modo y como indicaba, intentaron centrar toda la atención sobre su persona, ejerciendo la presión de las protestas sobre sus espaldas con el objetivo de tener un blanco al que disparar ya que el Jefe siempre ha sido un verdadero quebradero de cabeza para Uber y para Cabify. Y es que estamos hablando de una de las personas más increíbles que he podido conocer en mi vida y acciones como la que hizo en ese momento lo demuestran, porque no era fácil tomar la responsabilidad con la situación que estábamos sufriendo y armarse de paciencia entre toda locura para redactar una declaración condenando de manera firme y sin paliativos las agresiones. No obstante, tengo que reconocer que siempre me quedará la satisfacción de haber podido aportar al haber tenido la oportunidad de revisar el comunicado, ya que en ese momento era muy complicado transmitir de la mejor manera nuestro rechazo y toda esa rabia que sentíamos por lo que estaba sucediendo ya que éramos conscientes de que cada palabra iba a ser estudiada milimétricamente y podía provocar un daño aún mayor.
Posteriormente, una vez lanzamos el comunicado el mismo periodista que difundió la agresión declaró en Twitter que “dado el peso” del Jefe, nuestra condena era “un mensaje muy importante” lo cual no sé muy bien si lo hizo para rebajar la tensión que se había generado o simplemente por compensar, ya que creo que sabía que no éramos los culpables de esta situación y aún así nos estaba haciendo un daño irreparable, porque era evidente que viniendo del Jefe cualquier declaración era definitiva pero obviamente cualquier otro taxista del mismo modo que cualquier otra persona normal, rechaza y condena la violencia, no somos ningunos criminales, ni es nada excepcional condenar actos de este tipo.
Por eso tengo la teoría de que al publicar estas imágenes no se imaginaba la repercusión que tendría e intentó poner un parche para solucionarlo.
Finalmente y ante la tibia respuesta del ministerio el paro de 12 horas se convirtió en una huelga indefinida y en ese momento resulta que los ataques contra los taxistas pasaron de ser por una supuesta agresión a ser por dejar a Barcelona sin taxis y sin fecha prevista para la vuelta al servicio, lo que demuestra que al final a nadie les importó las personas que fueron agredidas, sino que simplemente las usaron como excusa para lanzar a una jauría en redes sociales contra los taxistas hasta que los medios tuvieran más carnaza que echarles de comer.
Otra cosa que llevo bastante mal es que me señalen y me intenten dar lecciones de moralidad por un hecho que repito, es deleznable para cualquier persona con dos dedos de frente, así que pretendan hacerme culpable como hicieron con Élite Barcelona me indignó bastante.
Con esto me refiero a que hay personas que no entienden que cualquier trabajador de un colectivo que se manifiesta no es un policía para tener que estar controlando en una olla a presión como es una protesta de tal magnitud como nos llegaron a exigir. Incluso, si nos vamos más allá, como señalaba fue un hecho que perjudicó gravemente a los taxistas, diluyendo el fondo de sus reivindicaciones ante los ojos de sus propios clientes los cuales, al final, son los realmente importantes. Nunca entenderé que más necesitaba la turba para dejar de señalar a los taxistas fueran unos criminales.
También tengo que reconocer que personalmente viví una situación de tal estrés que me afectó bastante psicológicamente, teniendo consecuencias en mi vida personal, porque al final fueron muchos mensajes con ataques e insultos y de muchas personas diferentes. Demasiadas en realidad. Y puedo asegurar que por muy fría que intentes mantener la cabeza y por mucho que creas que estás preparado, te acaba golpeando fuerte. Esta es otra de las causas por las que creo que es importante no magnificar tanto las redes sociales, ya que en estas ocasiones los que más gritan al final son los que encuentran escondidos tras un teclado únicamente para dar las lecciones de ética que ellos luego no se aplican o creerse moralmente superiores, cuando lo que están haciendo linchando injustamente a un colectivo de trabajadores y trabajadoras es justo lo contrario. Porque sin dar la cara, todo es más fácil.
Por otra parte, es difícil poder transmitir con palabras toda la intensidad con la que pude vivir ese momento. Es complicado explicar de qué manera me vi sobrepasado por la situación y como en mi mente en algunos momentos surgió una especie de paranoia en la que mirase por donde mirase, parecía que todo el mundo nos estaban machacando. No ha sido la primera vez que he sufrido este tipo de situaciones y por desgracia también me afectaron bastante porque en ese momento no sabía gestionarlas. Parecía que el mundo se acababa en internet.
Además, tampoco contamos con el apoyo de una parte de la sociedad que yo nunca he entendido. En la televisión por ejemplo, y como he explicado antes, nuestros representantes tenían que batallar no sólo con tertulianos hostiles, sino también con los mismos presentadores de los programas que deberían ser neutrales, algo que creo que es muy peligroso porque demuestra una pérdida total de conciencia y de valores, utilizando espacios de máxima audiencia para lanzar odio contra la clase trabajadora de este país coartando la libertad de información. Y no me refiero precisamente al perverso concepto de libertad que tiene Uber por el que reclama su derecho a vulnerar las leyes o influir en gobiernos para cambiarlas, sino en la libertad de contar la verdad y hacer que llegue a la opinión pública para que cada cual pueda decidir libremente en función a lo que está sucediendo. Esto sucede básicamente porque la mayoría de los programas de televisión tienen a la verdad como rehén del dueño del medio. Sólo hay que ver lo que está pasando con toda la corrupción en torno a Ayuso y los medios generalistas, ocultando información o creando distracciones para trasladar la atención sobre lo que está sucediendo y que la gente se olvide.
Por eso, lo que más rabia me daba era cuando había personas supuestamente de izquierdas, que atacaban a nuestros portavoces por sus intervenciones en estos medios. Portavoces de un colectivo de trabajadores y trabajadoras que no eran más que eso, taxistas que estaban haciendo un esfuerzo para explicarse en un medio tan complejo como la televisión, la radio o la prensa generalista con el objetivo de poder hacer llegar sus reivindicaciones ante un ambiente hostil.
Porque al final, solo éramos simplemente un colectivo de pequeños autónomos protestando por nuestro futuro contra un gigante que no hace diferencias entre personas y números, con unos responsables que recordaban más al típico jefe explotador que no te paga las horas extras, te controla de manera enfermiza y te presiona constantemente porque sabe que tu sueldo depende de él, que a un representante de trabajadores. De hecho, se notaba a la legua que eran personas que no tenían ni idea de lo que era trabajar de verdad, que no habían pisado la calle y que su labor únicamente se centraba en realizar ejercicios de trilerismo frente a las cámaras repitiendo una y otra vez las mismas mentiras con el objetivo de denigrar la imagen de los taxistas mientras que la producción del programa mostraba en bucle las imágenes de supuestos enfrentamientos o de supuestas agresiones para poder manipular a la opinión pública.
Por esto nunca he entendido cómo es posible que cualquier persona que se considere “de izquierdas” pueda posicionarse a favor de estas empresas o empatizar de alguna manera con estas personas, por mucha fama que tengan los taxistas de ser de derechas. Y lo que es peor es que en muchas ocasiones, lo hacen señalando como si fuéramos una banda de fascistas analfabetos de puro y de la Cope, haciendo gala de esa superioridad moral tan nociva que ha llegado a provocar que partidos como Podemos hayan estallado en mil pedazos y acabado dando tumbos como pollo sin cabeza.
Por otra parte y volviendo a las protestas, como indicaba, tras el primer paro de 12 horas se recibió una tibia respuesta del ministerio de Fomento que no aportaba ninguna solución, por lo que se decidió extender la huelga de forma indefinida. Una movilización que por fin y como dice muchas veces el Jefe “se propagó como una mancha de aceite por todo el territorio nacional” provocando de este modo que en pocas horas, los taxistas de Madrid, la ciudad con el mayor número de taxis del estado, también se declarase en paro en apoyo de los compañeros catalanes.
Quiero hacer un inciso en este punto porque existe una pequeña organización que ha creado un halo de mitología sobre este hecho, repitiendo hasta la saciedad que todo lo que acaeció posteriormente y lo que se consiguió gracias a estas protestas han sido mérito suyo. Nada más lejos de la realidad ya que como se puede comprobar por todo lo que estoy describiendo, quien realmente se la jugó para defender el sector, controló los tiempos sabiendo qué hacer en cada momento para calentar la calle y sobretodo desafió a las administraciones sin mirar atrás, fueron los compañeros de Barcelona mientras que en Madrid, todos aquellos que se atribuyen el mérito, realmente estuvieron detrás del seto esperando a ver qué pasaba y hasta que no se aseguró la plaza catalana, no fue cuando realmente se empezaron a “actuar” (por llamarlo de alguna manera) ya que realmente fue el taxista de a pie el que sostuvo las protestas ante el llamamiento de las asociaciones representativas, básicamente porque si no hubiera sido así, la manifestación se hubiera quedado en nada. Creo que queda claro con esta puntualización.
Así pues, los taxistas madrileños bloquearon el Paseo de la Castellana y durante días montaron un campamento en la concurrida arteria de la capital, a la vez que los diferentes representantes de las organizaciones a nivel nacional se reunían con los responsables del gobierno con el fin de poder negociar una solución a este conflicto. En las reuniones, Élite Barcelona ya contaba con la presencia del Innombrable, cuestión de la que luego se aprovecharía para pedir lo que acabamos denominando “la prima imaginaria”, el pago de una cantidad que se inventó por un logro que no fue suyo.
Tengo que reconocer que la imagen de la protesta en Madrid impresionaba bastante. Miles y miles de taxis que hacían que la vista se perdiese con la Castellana totalmente colapsada. Era emocionante ver a todos esos compañeros y compañeras acompañados de sus familias esperando poder celebrar una victoria que se nos había escapado una y otra vez ya que llegados a este punto, sólo quedaba ganar.








