Juana está en mi casa

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Se dice pronto, pero hace ya siete años que las feministas gritamos esto unánimemente por todo el país para arropar a una mujer que hacía lo posible y lo imposible por proteger a sus hijos de un padre maltratador, y que terminó condenada por ello. 

Juana, irónicamente, estaba haciendo lo que se nos exige a las mujeres, cuidar y proteger incondicionalmente a nuestros hijos. Pero para poder hacerlo tenía que transgredir el primer y más importante mandato del patriarcado: adorar a los hombres, no cuestionarlos jamás y someterse a ellos.

Como es lógico, no le sirvió de nada. Sus denuncias a Arcuri fueron desestimadas y se le obligó a entregarle a los niños. Además, fue condenada a prisión, condena que finalmente cumplió en arresto domiciliario. Todo esto, mientras Arcuri se paseaba por España entrevistado en medios de comunicación como una víctima.

Ocho años después el hijo mayor ya ha cumplido la mayoría de edad y le ha faltado tiempo para denunciar a su padre como el maltratador que es, y alertar sobre el riesgo que corre su hermano pequeño, que todavía está con él. Y ahora es cuando la fiscalía italiana parece que se está enterando de algo.

En este caso han metido la pata y cometido dejación de sus funciones los sistemas judiciales de dos países, pero durante años lo único que se ha dicho es que Juana no hizo las cosas bien o no estuvo bien asesorada. No, señores, son las leyes y quienes las aplican, los que en teoría son expertos y tienen el poder, quienes tienen la obligación de ejercer bien ese poder y proteger a los menores. 

La ley en este país dice que se suspenderán las visitas a sus hijos de maltratadores condenados salvo cuando sea por el bien superior del menor. Y esta salvedad es la que los jueces parecen apreciar en casi todos los casos. Porque en la “avanzadísima, feminista y modernísima” Europa, la idea del Pater Familias sigue inamovible. Se sigue pensando que los hijos necesitan un padre aunque este sea un maltratador. Traducido, que cualquier hombre por miserable que sea, es mejor influencia para sus hijos que la mejor de las mujeres. Pero seamos sinceros del todo. Realmente, lo del bien superior del menor es una excusa, lo único que importa son los derechos inalienables de los hombres, y eso es lo que de verdad se protege con uñas y dientes. Aunque ya no se puede defender públicamente que las mujeres seamos propiedad de nuestros maridos, todavía se defiende que sí lo sean sus hijos. 

¿Cuántas Ana Orantes necesitamos para que el Estado proteja por fin a las mujeres y dejen de asesinarnos?

¿Cuántas Ruth Ortiz necesitamos para que dejen de asesinar a nuestros hijos?

¿Cuántas Juana Rivas necesitamos para darnos cuenta de que un padre maltratador es NEFASTO para sus hijos?

¿Cuántas Gisèle Pelicot necesitamos para darnos cuenta de que la cultura de la violación es universal e incuestionable?

Mientras sigamos negando la realidad, ocultando la cabeza en un agujero para no verla, las mujeres seguiremos siendo sacrificadas. Mientras busquemos excusas para justificar individualmente a cada violador, maltratador o asesino, las mujeres seguiremos siendo sacrificadas. Mientras exijamos una absoluta ejemplaridad a las víctimas a la vez que alabamos que el victimario fuera capaz de la proeza de saludar a los vecinos o poner la lavadora, las mujeres seguiremos siendo sacrificadas. Con la complicidad del poder político, del poder judicial, de los medios de comunicacion y de gran parte de la sociedad. 

La elección es clara, feminismo o barbarie.

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