Difundimos la carta abierta a IU

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CARTA ABIERTA A ANTONIO MAÍLLO Y A TODA LA MILITANCIA DE IZQUIERDA UNIDA

El pasado 21 de noviembre, la responsable de feminismo de IU Burgos, Céline Martin, puso un tuit relativo a la charla impartida por Mar Cambrollé, a invitación de CGT Burgos, sobre «Violencias contra las mujeres – Violencias contra las mujeres trans», con ocasión del 25N. Era una simple pregunta: «Si las mujeres trans son mujeres, ¿por qué no dejan que una mujer no trans hable en nombre de las mujeres trans?», y se entendía dentro del contexto del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, en el que se había invitado a una mujer trans a hablar en nombre de las mujeres.
En el espacio de pocas horas, y durante varios días seguidos, Céline fue objeto de una campaña de acoso en redes: se la insultó desde todos los puntos de España y más allá, y se exigió a Izquierda Unida su «destitución» e incluso su «depuración». El 24 de noviembre, después de las presiones ejercidas por Mar Cambrollé, que pertenece a otra formación política, fue cesada de su cargo por IU Burgos.
Nosotras, mujeres feministas de IU, afiliadas, ex-afiliadas, simpatizantes, ex-simpatizantes, votantes y ex-votantes, queremos manifestar nuestro apoyo a Céline. Denunciamos la caza de brujas que se orquestó contra ella por defender la causa de las mujeres y la especificidad de la violencia machista.
Muchas de nosotras hemos ido abandonando la formación a lo largo de los últimos años, hartas de su negativa, o tal vez de su miedo a escucharnos. Muchas de nosotras, no solamente Céline, hemos sido depuradas en silencio desde que IU ha abrazado las tesis queer, que confunden sexo con género y niegan el origen material de la opresión de las mujeres dentro del sistema patriarcal, mientras exaltan su mejor arma opresora: el género. Las cadenas que pretendemos abolir para lograr por fin la igualdad, las celebran y multiplican, inventando nuevos «géneros» en nombre de la diversidad.
Hemos visto cómo los roles y estereotipos que se nos imponen desde la cuna para mantenernos en una posición subordinada se convertían en «identidad» y objeto de reivindicación, cómo el sentido de las palabras se tergiversaba hasta un punto que hubiese mareado al propio Orwell.
Hemos tenido que sufrir que se nos explique que nuestra experiencia de subordinación sistémica, lo que en realidad refleja es una situación privilegiada.
Hemos recibido insultos y acusaciones de odio por quienes pretendían hablar en nuestro nombre sin compartir nuestra experiencia material.
Hemos sido calladas, avergonzadas, cazadas y expulsadas de nuestros espacios: sólo hemos evitado la hoguera porque hoy día ya no se lleva la eliminación física de las brujas. A nuestros argumentos no han respondido nunca otra cosa que insultos, descalificaciones y afirmaciones categóricas sin argumentar, más propias de una Iglesia que de una formación (antaño) materialista.
Pedimos que por fin se abra el debate que siempre se ha obviado, y que los que nos silencian tengan la valentía de trocar el insulto por el argumento: ¿qué es una mujer?

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