Imane Khelif y Lin Yu-Ting han ganado las medallas de oro de sus respectivas categorías (welter y pluma) en boxeo femenino y, así como el taiwanés se ha mantenido en un discreto segundo plano y ha huido de la polémica (tanto él como su país), Imane ha rematado los Juegos de la Vergüenza denunciando ante la Fiscalía de París el “acoso” sufrido en redes.
No denunció a la IBA (International Boxing Association) cuando le retiró de la competición tras dos resultados XY de tests cromosómicos. Pero París bien vale una misa, o una llamada a la oración.
Imane es musulmán, de un país que apoya a Palestina y al pueblo saharaui, un hombre que al parecer en sus primeros años de vida se crio como niña porque pensaron que lo era dado su defecto del desarrollo sexual. Y con esto tenemos en el caldero todos los ingredientes para que todos los abducidos que apoyan las leyes trans dictadas por el sionismo yanki se lancen a por las mujeres que intentamos defender el deporte femenino.
A nivel personal, sigo considerando que la mayor prueba de que es un hombre, o de que así lo consideran, es esa defensa cerrada, plagada de insultos y carente de argumentos, de su derecho a golpear a mujeres. Por fin los hombres pueden hacerlo no solo impunemente, sino ser vitoreados y premiados por ello.
A ninguno de esos progres de teclado les importan las mujeres argelina y taiwanesa que han quedado fuera de los juegos porque les hayan arrebatado sus puestos dos hombres. A ninguno les importan las mujeres que han perdido sus medallas, su dinero, su patrocinio y su futuro profesional a manos de dos tramposos.
Ya son más de 700 mujeres en todo el mundo y en distintas competiciones las que han perdido medallas a manos de hombres según SheWon.org, la asociación que se dedica a denunciarlo. Hombres que se identifican mujeres, hombres con trastornos del desarrollo sexual (como Caster Semenya, padre con su mujer de dos hijos y de quien mucha gente sigue pensando que es mujer) y tramposos varios que piensan en el deporte femenino como un retiro dorado para sus mediocres carreras deportivas en la categoría que les corresponde.
En España toda la maquinaria de la pseudoizquierda se ha puesto a su servicio: medios de comunicación, partidos políticos, intelectualoides, viñetistas… todos a dar la cara para jalear que nos la partan, literalmente, a las mujeres.
Está claro que algo atávico ha despertado este caso concreto en el boxeo, que ha unido la posibilidad de defender que hombres peguen a mujeres, que hombres les arrebaten sus puestos, con la opción de machacar a quienes no nos plegamos al delirio. Porque, si les leéis atentamente, veréis que consideran odio que no nos pleguemos a sus deseos. Lo que hasta hace unos años eran tímidos “las feministas os estáis pasando pidiendo cosas, parece que odiéis a los hombres” se ha convertido en gritos furiosos y acusaciones de odiadoras, cánceres, fachas y sionistas (qué más da, todo vale), desde la seguridad de la manada posmoprogre.
Y, aupado en esa ola testosterónica a más no poder, Imane se ha sacado metafóricamente la chorra y nos denuncia por defender la verdad y el deporte de las mujeres. Las delirantes declaraciones del COI asegurando que no hay forma de saber si alguien es hombre o mujer han rematado la jugada.
Ya dan igual la verdad, la razón, la ciencia… Todo da igual y en el altar de los deseos masculinos quieren sacrificar a cuantas mujeres haga falta para saciar su deseo de sangre (menstrual). Es tan icónicamente masculino todo que hay que estar muy cegado para no verlo.









Muchas gracias Zuriñe. ¡Muy buen artículo !