8 de Marzo. ¡Viva la lucha de las mujeres!

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Soledad Granero Toledano

Iniciada la que llaman las académicas la Cuarta Ola del Feminismo fundamentalmente basada en la denuncia de las agresiones sexuales de todo tipo (en lo que hay consenso), ganada la batalla casi por goleada por la abolición de la prostitución en el mundo asociativo (porque el proxenetismo tiene sus zarpas metidas en la Universidad), aparece un nuevo frente propiciado por el neoliberalismo y por lo que no me harto de denominar, progrerío descriteriado: la autodeterminación de género.

No quiero explayarme en este tema, porque mi opinión la hice pública en dos artículos anteriores, pero sí quiero expresar el impacto que, a mi parecer, ha generado en el movimiento feminista y que nos ha traído un 8 de Marzo muy convulso (esa convulsión ha dependido, evidentemente, del lugar de convocatoria y de las organizaciones convocantes).

Según mi criterio, la llamada “autodeterminación de género” ha conllevado que se constituyan muchas organizaciones cuyo casi único y central interés, es que la mal llamada Ley trans no salga adelante.

Muchas de estas nuevas organizaciones se han constituido de buena fe presintiendo un peligro real que traerá nefastas consecuencias desde un punto de vista ideológico, material y práctico.

Pero otras muchas organizaciones han nacido al albur de desencuentros con sus organizaciones políticas. En principio esta razón no tendría nada de reprobable si la lucha interna partidista y la externa que estas mujeres plantean, no estuviera enfocada y presidida por el afán continuado de querer formar parte de la élite organizativa del propio partido al que pertenecen y al que critican con la boca pequeña.

Esto último tampoco sería censurable, todo el mundo tiene derecho a defender sus aspiraciones políticas, pero si echamos un vistazo a bastantes de sus componentes, vemos que son las mismas que una y otra vez, en tiempos no muy lejanos, han intentado desarticular al movimiento feminista autónomo, cuando ellas pertenecían al aparato de su partido.

Por ejemplo, había que aceptar una ley de violencia que no incluyera todo tipo de violencia sexista; había que aceptar una ley de plazos en lugar del aborto libre y fuera del código penal, como siempre había reivindicado el feminismo; había que aceptar un plan contra la trata con fines de explotación sexual, en lugar de una ley abolicionista de la prostitución, etc.

Rectificar es de sabias, pero quienes las sufren en los entramados organizativos de mujeres, tienen que soportar imposiciones y manipulaciones en pro de sus intereses particulares y partidistas, lo que podría parecer que lo que están esperando es que llegue el 2023 y las incluyan en las listas electorales para que todo se acabe.

Por otro lado, tanto unas como otras organizaciones, comenten el error, desde mi punto de vista, en querer centrar el debate político del feminismo fundamentalmente en el tema de la autodeterminación, generando muchos problemas con aquellas organizaciones en cuyos manifiestos del 8 de Marzo no ocupaba un lugar central y/o exclusivo, obviando que a las mujeres nos acucia erradicar de nuestras vidas otras muchas cuestiones igual de importantes.

No me opongo a una ley sobre transexualidad porque todos los colectivos que han sufrido y sufren discriminación, necesitan apoyo normativo, aunque sea simbólico, para situarse en un plano de igualdad respecto al resto de la sociedad, con todo lo que ello conlleva. De igual manera, oponerse a que cada cual se autodetermine como desee, no tiene ningún sentido, porque la lucha colectiva pasa también por la felicidad individual de unas y unos pocos.

A mi entender el debate no está en una ley referida a transexuales sino en la pretensión del Gobierno (que no sólo está compuesto por Irene Montero -centro de animadversión -sino también Pedro Sánchez, Nadia Calviño, Teresa Ribera, Yolanda Díaz, etc…), en normativizar una autodeterminación que consagre el deseo individual como un imperativo jurídico; que la diferencia en la infancia y adolescencia respecto de los roles establecidos, se presente como una realidad definitiva transgenerista de la persona que la siente; que desprecie la opción sexual y, por último, que oponerse a dichas cuestiones sea sancionable cargándose de un plumazo la libertad de expresión que conlleva constitucionalmente la libertad de expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

En lo que todas estamos de acuerdo es que el feminismo no apoya la autodeterminación así concebida por el Gobierno que preside Sánchez; que quien la acepta y defiende bien no tiene criterio político asentado, bien no es feminista o tiene unos intereses muy claros y directos, desde el punto de vista económico y patriarcal en que esto prospere políticamente.

Dicho esto, si una ley sobre transexualidad no recogiera nada de estos y otros temas controvertidos que he señalado, no habría ningún problema, sólo tal vez en mejorarla.

Centremos pues el debate, el problema no es una ley sobre transexualidad porque hay muchísimas mujeres que, al escucharnos, pueden entender que estamos en contra de que las personas transexuales avancen en sus derechos y no es así. El feminismo ha sido el único movimiento social y político que siempre ha apoyado a las personas transexuales.

El problema que se nos presenta es que desde el Gobierno que preside Pedro Sánchez, se nos quiere introducir la teoría queer revestida de modernidad. Pero la teoría queer no encarna ningún avance, sino todo lo contrario, es un gran retroceso. De expandirse, de transversalizarse, significaría que las mujeres, todas las mujeres, dejaríamos de tener una significación política.

Esta teoría representa una lucha encarnizada del patriarcado contra las feministas. La teoría queer va más allá de la institucionalización jurídica de la autodeterminación, pues lo que subyace en ella es el cuestionamiento del sujeto político del feminismo y desdibujar a todas las mujeres en el espacio social y político. Con ello sólo ganaría el patriarcado.

El feminismo radical pretende erradicar todo tipo de discriminación y violencia por razón de sexo. El feminismo debe estar unido para luchar contra la autodeterminación que pretenden imponernos, pero también por la violencia machista que no cesa, por los salarios inferiores, por la invisibilidad, por la infrarrepresentación, por una Historia que no nos recoge en sus anales, porque la educación sigue siendo sexista…

El feminismo ha sido precursor de los derechos de la Humanidad. No debemos caer en la trampa de quienes tienen intereses espurios en confundirnos y dividirnos. Usemos los términos con la mayor claridad posible porque nos jugamos mucho en este envite que el patriarcado y el capital nos presenta.

No consintamos que intereses distintos a la consecución de la igualdad, nos distraigan, porque esto sí que es peligroso.

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