La posverdad contra Cuba

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Ignacio Ayestarán Úriz, Profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

Este contenido forma parte del especial #EnDefensaDeLaRevolución que desde El Común hemos lanzado para arrojar luz en las tinieblas informativas sobre los sucesos que están ocurriendo en Cuba. Defender la Revolución y su legado, frente a aquellos que hacen uso de la mentira para intentar tumbar un sistema es nuestro granito de arena en esta desigual batalla contra los mass media.

El lunes 12 de julio un presentador de televisión en España se preguntaba “¿Qué está pasando en Cuba?” y pedía que nos asomásemos a la etiqueta de la campaña #SOSCuba. El presentador añadía: “Y veréis una realidad que por los medios no conocemos”. Para ilustrar esa realidad desconocida el programa “Todo es mentira” enseñó repetidas veces dos tuits con vídeos, donde se parecía sugerir que se estaba produciendo un cambio radical en el país caribeño o algo similar. Sin embargo, los dos vídeos que se emitían constantemente no se correspondían con la realidad. Uno era una manifestación de apoyo al gobierno cubano y el otro era una plaza abarrotada de gente celebrando en Buenos Aires que Argentina había ganado la Copa América de fútbol el día anterior. La realidad de los dos vídeos no coincidía con el mensaje que se quería transmitir de alarmismo sobre el pueblo cubano. Los dos vídeos constituían, más bien, un fraude, pero al mismo tiempo mostraban la realidad manipuladora de la posverdad mediática, donde verdades, medias verdades y mentiras completas se venden por igual en los medios de producción de información del capital. No deja de ser irónico que un programa que se llama “Todo es mentira” y que quiere presumir de rigor informativo acabase reproduciendo mentiras como si fuesen verdades, porque así muestra la verdad de esos medios y la realidad de estos tiempos de posverdad.

Fredric Jameson escribió que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. En las democracias liberales dominantes eso es una verdad. Uno de los logros del (neo)liberalismo ha sido atrofiar la imaginación y reducir las posibilidades para crear un mundo alternativo y opuesto al capital. Se nos quiere imponer una única realidad: la del capitalismo. En este sentido Mark Fisher llegó a hablar de “realismo capitalista”. Para poder imponer el mercado del capital tienen que desarrollar toda su capacidad ideológica, desde la educación y las elecciones hasta el periodismo y la cultura, a fin de hacernos creer que no existen otras posibilidades y alternativas. Así se nos transmite una única realidad, la del realismo capitalista. Para ello tienen que anular cualquier otro tipo de realidad existente que no concuerde con la propaganda dominante del capital. Por eso molesta tanto Cuba. Ese país no encaja con la imagen de la realidad dominante que nos quieren transmitir desde las democracias liberales del espacio atlantista del capital. Siempre ha sido un territorio que no cabe en la ideología de la “América” de los gobiernos de Estados Unidos. No pueden tolerar que un pueblo se desarrolle al margen de la hegemonía de Estados Unidos, de la Unión Europea y de sus países satélites, porque ello demostraría que existen otras alternativas, que hay una verdad que hace tambalear el pensamiento único, que la comunidad de las democracias liberales del espacio atlantista no controla toda la realidad y que, finalmente, es una mentira. Por eso no pueden permitir que Cuba exista de manera independiente desde hace décadas.

Que en Cuba haya múltiples problemas en la política y en las formas de gobernar es algo que no se le escapa a nadie, al igual que ocurre en otros muchos países, por no decir todos. Ahora bien, el objetivo de una campaña como #SOSCuba no es apuntar en esa dirección, sino erosionar y desgastar internacionalmente la legitimidad y el prestigio de Cuba, así como desestabilizar su soberanía. Así, por caso, se nos quiere transmitir que es un país “atrasado”, especialmente durante la epidemia de coronavirus COVID-19, pero los datos no indican eso. Si miramos las cifras de muertes confirmadas por millón de habitantes, Cuba está muchísimo mejor que otros países. En Estados Unidos la cifra de muertes por millón es 1.837, en Reino Unido 1.897, en la Unión Europea 1.667, en Sudamérica 2.424 y en Cuba solo 146. Pongo a continuación las cifras exactas de muertes por millón de habitantes en diversos lugares del mundo según expone Our World in Data con fecha de 14 de julio, para comprobar que la realidad de Cuba ha sido muchísimo mejor que la de otros países en la epidemia:

  • Alemania 1.090,02
  • Argentina 2.218,13
  • Brasil 2.528,21
  • Chile 1.781,16
  • Colombia 2.247,06
  • Costa Rica 950,51
  • Cuba 146,47
  • España 1.733,36
  • Estados Unidos 1.837,19
  • Francia 1.651,89
  • Hungría 3.106,82
  • Italia 2.114,24
  • México 1.826,59
  • Países Bajos 1.053,70
  • Perú 5.906,61
  • Portugal 1.685,05
  • Reino Unido 1.897,25
  • Rusia 979,05
  • Sudamérica 2.424,24
  • Unión Europea 1.667,47

Al mundo de la posverdad le da igual que la cifra de muertes haya sido menor en Cuba que en otros países “desarrollados” e incluso que haya sido capaz de mantener un alto nivel científico y médico hasta el punto de poder desarrollar su propio programa de vacunas, a pesar del bloqueo económico al que se ve sometido. El mundo de la posverdad preferirá mirar hacia las últimas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien afirma que apoya “los derechos fundamentales y universales” del pueblo cubano, mientras en esa isla mantiene ocupado bajo dominio estadounidense un territorio con la base militar de Guantánamo, donde se han realizado prácticas inhumanas de tortura que van contra los derechos más fundamentales y universales. El mundo de la posverdad y del capital apoyará todo lo que diga Joe Biden y pedirá ahora más “libertad” para Cuba, pero omitirá que el 23 de junio se volvió a aprobar en la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución de rechazo al bloqueo que Estados Unidos mantiene contra Cuba. La resolución obtuvo esta vez 184 votos a favor, dos en contra (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones (Colombia, Brasil y Ucrania). Ningún país alineado con las democracias liberales del capital en el espacio atlantista pedirá ahora más “libertad” para acabar con el bloqueo de alimentos y suministros que sufre el pueblo cubano.

En el mundo de la posverdad todos le pedirán a Cuba más “democracia” y lo llamarán “régimen”, que es la forma de expresión que adoptan los medios de producción de información del capital cuando quieren desestabilizar un país y restar crédito y legitimidad a su gobierno. Sin embargo, a esos mismos medios no se les ocurrirá llamar “régimen” a un país como Francia, donde la abstención en las elecciones regionales de 2021 llegó al 65%: dos de cada tres personas convocadas a votar no lo hicieron. Nadie cuestiona entonces que Francia sea “democrática”. Tampoco nadie llamará “régimen” a Estados Unidos donde los casos de violencia policial son una normalidad democrática, ni tampoco se dirá que Colombia es un “régimen”, donde las personas desaparecidas durante el paro nacional de mayo de 2021 se cuentan por decenas. En el mundo de la posverdad hay verdades que no interesan y otras que se enmarcan y publicitan junto con medias verdades y mentiras completas, siempre y cuando sirvan para los intereses del capital y de sus medios de producción de información. A este tipo de situación lo llaman el “mundo libre”.

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