Belarra, espabila que vas mal

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Pincharon en Colón, no cabe duda. Fuentes de la delegación de gobierno dicen que acudieron unas 25000 personas, menos que la mitad que la anterior ocasión. Sí, cierto, la policía municipal dice que fueron 126000. Pero más allá del baile de cifras entre una y otra administración, lo cierto es que la manifestación empezó más tarde de lo previsto, que los defensores de «la unidad de España» mostraron que entre ellos se llevan a matar hasta el punto de no poder siquiera hacer una foto o comunicado conjunto, que los «constitucionalistas» mostraron símbolos contrarios a la carta magna en todo momento, y que lo que se comenta es una frase desafortunada, una vez más, de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Ya saben, aquel llamamiento al rey a salirse de sus funciones constitucionales. Recuerden este asunto, porque volveré sobre él, pero no en el artículo de hoy.

Es evidente que esta derecha no tiene absolutamente nada que ofrecer, pero sin embargo, algunas encuestas dicen que está subiendo. Por otro lado el poder mediático, que en buena medida controlan, trabaja ya en intentar vender que la legislatura está agotada y que debemos ir cuanto antes a elecciones generales, síntoma bastante claro de que al menos parte de los oligarcas sistémicos creen que ya sí que pueden ganar con una derecha pura y dura. Es verdad que las encuestas a dos años vista de una cita electoral, si se cumple la lógica, no tienen más valor que el que uno quiera darles. Que todavía hay tiempo de enderezar el rumbo, pero no deben tampoco ignorarse ciertas señales. Los residentes de izquierdas de la comunidad de Madrid, que seguimos existiendo, somos especialmente conscientes de que la situación se está empezando a torcer. Acabamos de vivir una derrota sin paliativos a manos de una palabra tan vacía y etérea como «libertad». Es hora de hacer un análisis ahora que aún estamos a tiempo.

Primer apunte a tener en cuenta: Aunque el mencionado aparato mediático insiste machaconamente en que a Pedro Sánchez y la «dictadura socialcomunista» están perdiendo el contacto con el ciudadano de a pie por su «radicalidad» y su «rendición ante los enemigos de España», les recuerdo cómo abríamos este artículo. El poder de convocatoria de las banderas y los discursos de españolidad, raza y firmeza, es, como mínimo, cuestionable. En el mencionado desastre de la izquierda en mi comunidad tienen ustedes otra pista: Gabilondo, ganador de los anteriores comicios, basó su campaña en intentar hacer guiños al electorado centrista, en llamar a los restos de Ciudadanos a su lado, e incluso usó un comentado cartel donde pretendía asustar con la primera foto de Colón… ¡obviando al partido naranja en la misma! Fue premiado con el peor resultado histórico del PSOE en mi comunidad. Unidas Podemos y Más Madrid, por contra, mejoraron sus resultados.

Segundo apunte: si un tema ha estado de verdad en las cabezas y las conversaciones de los ciudadanos los últimos días es, sin duda, el tarifazo eléctrico. Del PSOE, la verdad, es que a estas alturas, ya poco esperamos salvo lo que siempre ha hecho: cesiones al poder financiero y recortes draconianos en el bienestar de los ciudadanos, procurando darle un tono amable, progre —que no progresista―, y si me permiten la expresión, cuqui. Pero de Unidas Podemos esperábamos que al menos protestara contra la medida y tensionara la cuerda. Solo a última hora, después de varios días de indignación ciudadana, han asomado la patita Alberto Garzón, MINISTRO de consumo, y Ione Belarra, MINISTRA de asuntos sociales, para suplicar por favor a las eléctricas sin que se enfaden demasiado…que adelanten levemente la hora valle. Con anterioridad les hemos visto mostrar una incapacidad preocupante en controlar los precios de los alquileres, y no levantar la voz en absoluto sobre ese proyecto de cobro en las autovías que se dibuja en el horizonte. En mi comunidad de Madrid, por cierto, Gabilondo también incluyó en su cadena de despropósitos afirmar que «no era el momento» de regular los alquileres en una de las comunidades donde más caros están. Unidas Podemos y Más País, al menos en campaña, fueron un poco más beligerantes.

Creo que a estas alturas de mi artículo ya tienen clara la conclusión a la que quiero llegar: ¿radicalidad? ¿dictadura socialcomunista? ¿antiespañolidad? ¿No será, más bien, que mucha gente que esperaba cosas de la izquierda está viendo que no hace lo que se les ha votado para que hagan? Si te van a llamar «dictadura socialcomunista» ―expresión de la cuál, por cierto, para mí, su primer término no es un insulto viniendo de quien viene, y el segundo por más que se esfuercen no puede ser un agravio lo diga quien lo diga―, que te lo llamen por algo. Desde luego, extraña dictadura socialcomunista es esta donde se privatizan sectores como el ferrocarril ―medida de la que puedo asegurarles, como aficionado que soy al mundo del tren, que en todos los países donde se ha tomado ha sido CATASTRÓFICA―, donde se suplica a las eléctricas que cambien sus tarifas, donde se rescata a grandes propietarios que no pueden desahuciar y donde se permite a partidos de extrema derecha saltarse las directrices del gobierno.

Cabe analizar, por último, que este fin de semana, precisamente la suplicante a las eléctricas Ione Belarra en la organización de Podemos y Juan Espadas, en el PSOE andaluz han sido confirmados como líderes. La elección de Espadas es especialmente significativa porque quiere decir que al menos las bases del PSOE han decidido pasar página respecto al felipismo en uno de sus feudos clave.

Bueno, creo que saben ambos lo que se espera de ellos. Espadas ya sé a ciencia cierta que no cumplirá. Belarra está por ver, pero no lleva buen rumbo. Ya ha visto que en la asamblea que la eligió no había ni de lejos la misma participación que llegó tener Podemos en sus inicios. Tiene tiempo, y ahora, poder para enderezar la ruta. Ignoro si Unidas Podemos puede hacer algo más con la representación que tiene en el gobierno, pero si este no es el caso, esa coalición no nos conviene ni la queremos. A lo que lleva mantenerla sin resultados concretos es a sufrir el desgaste que debería sufrir el PSOE.

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