Países no alineados celebran la victoria democrática de Siria frente al terrorismo

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Representantes de países como Cuba, Palestina o Venezuela manifestaron públicamente su contento por la reelección de Bashar al Assad en las elecciones celebradas en Siria esta semana pasada, en las que el Presidente de la república árabe seguirá encabezando el Gobierno tras obtener un refrendo del 95% de los votos, en unos comicios que han contado con la participación de más del 78% del electorado. Homólogos de otros países comunicaron su felicitación al pueblo sirio por los resultados, tales como los de Corea del Norte, Líbano, Egipto o Jordania, así como los de las potencias mundiales Rusia y China.

«Es una victoria para la paz siria y la soberanía nacional sobre la feroz guerra impuesta al hermano pueblo sirio que resistió admirablemente bajo el liderazgo del presidente Al-Assad con dignidad y patriotismo», expresó Nicolás Maduro desde Caracas en su felicitación oficial. “La reelección del presidente Al-Assad representa una victoria de las fuerzas de resistencia contra la agresión”, exteriorizaron en el mismo sentido representantes diplomáticos cubanos. «La victoria en las elecciones es una evidencia del reconocimiento de su indiscutible papel nacional como líder que defiende con confianza a su país contra la injerencia extranjera y lucha por la paz y la estabilidad en el país», declaró igualmente el presidente Lukashenko desde Bielorrusia.

SUSPICACIAS OCCIDENTALES Y PRÓRROGA DE LAS SANCIONES.

Como suele ser habitual cuando unas elecciones no resultan favorables a los intereses geopolíticos de Estados Unidos y sus aliados, las elecciones sirias fueron puestas en cuestión desde su convocatoria y a través de posiciones occidentales se sugiere que el resultado tan contundente suscita desconfianza. La Unión Europea no ha tardado ni un día en comunicar que prorrogará un año más las sanciones impuestas a Siria por no doblegarse a sus intereses, sanciones que incluyen la prohibición de importar petróleo, restricciones a determinadas inversiones, la inmovilización de los activos del banco central de Siria mantenidos en la UE y restricciones a la exportación de equipos y tecnología.

Sin embargo, son muy numerosas y diversas las opiniones internacionales que consideran no solo lícita y fuera de duda la legitimidad de las elecciones, sino que alaban su rigor. Partidos y personalidades de distintas nacionalidades como India, Egipto o Jordania consideraron que celebrar las elecciones presidenciales con este entusiasmo significa toda una victoria para la voluntad del pueblo sirio frente a las conspiraciones externas. Periodistas internacionales consideraron que fueron «elecciones de una libertad absoluta, y que cada sirio eligió a su candidato sin ninguna presión de nadie». En el mismo sentido se pronunciaron los delegados de la Federación de Rusia en cuanto a la inexistencia de incumplimientos sobre el proceso de votación.

Se da la circunstancia además de que la UE se mostró muy preocupada porque se ofreciera la posibilidad de voto a los sirios refugiados en Líbano o Jordania, creyendo que por ser un voto emigrado se mostraría opuesto al anterior Gobierno. El tiro le salió por la culata a la UE puesto que de los colegios electorales organizados fuera de Siria tampoco se obtuvo el voto que esperaban.

LA REALIDAD DEL RECHAZO DE OCCIDENTE.

La afectada desconfianza de los medios occidentales sobre la aplastante victoria y reelección de Al Assad en los comicios sólo puede sugerir dos explicaciones: o bien han olvidado de un día para otro que Siria ha soportado años de una guerra brutal que aún perdura, o bien son incapaces de ponerse en la piel del pueblo sirio, que encuentra en Al Assad -un líder que no abandonó su tierra ni en los peores momentos del conflicto- el único modo de resistir a la barbarie terrorista y proponer una esperanza de futuro estable.

Aunque el resultado hubiese sido de 51 a 49%, la misma celebración de elecciones y la participación masiva sólo confirman que Siria ha vencido a la guerra de los que pretendían entregar el país a los terroristas, con la velada intención de establecer otro territorio en Oriente afín a EEUU y sus aliados para que puedan controlar los recursos del país y poseer otro aliado estratégico en la zona. El Gobierno de Siria demuestra que es capaz de movilizar a sus compatriotas tanto dentro como fuera de su territorio y que por tanto cuenta con el respaldo del pueblo.

Un diario de reconocido prestigio como el Washington Post titulaba en su noticia sobre las elecciones sirias que la victoria de Al Assad evidenciaba la limitada influencia de EEUU en Damasco. Robert Ford, embajador de Estados Unidos en Siria durante los primeros años de Assad, declara en la misma noticia que «es el fracaso de la diplomacia respaldada por Estados Unidos».

“Esta elección muestra que los estadounidenses no tienen influencia -manifiesta el embajador en el Washington Post-. Si tuvieran influencia, Assad no podría llevar a cabo este tipo de campaña, con el respaldo total de su aparato militar y de inteligencia. Grandes potencias como Estados Unidos no pueden eliminar a este tipo«.

Es de suponer que de este modo se plantee el cese del apoyo por parte de la UE y EEUU a los terroristas, aplacando así al menos la vía de la guerra para sus intereses. Para el resto de injerencias y manipulaciones habrán de admitir al fin a Al Assad como interlocutor válido. Pese a las sanciones anunciadas, es deseable que esta reelección sirva para la paz y la reconstrucción de un pueblo que ya ha sufrido bastante.

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