Feministas al Congreso

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Nerea Nazabal Jiménez

Y ésta ¿quién es? Se estarán preguntando. Pues no soy nadie. Una mindungui, una mujer invisible más.

Una mujer que escribe esto con los niños interrumpiendo en su demanda incesable de atención, con la culpa sentada al lado y mirándola crítica „ya te vale, tú a tus tareas“, desde su jaula de oro patriarcal, construida en la base de un amor romántico y en la ilusión de una igualdad que se desmorona a más tardar con la llegada de la descendencia.

O una curranta que limpia váteres ajenos después de haber limpiado el propio, mientras se nutre de vida, apoyo y esperanza a través de las charlas, los podcasts que escucha con los cascos puestos. Pero también la que escucha reggaeton y canturrea acrítica „a mí me gustan mayores.“

Soy una abuela, que parece que florece al morir su marido, aunque lo quisiera, y encuentra por fin, ajada ya por la edad, algo de tiempo para sí misma.

Soy la profesora de esa niña que siempre va con los pelos revueltos, los pantalones rotos y un balón bajo el brazo, y que observa, atada de pies y manos por las leyes autonómicas, cómo día tras día su alumna recibe el mensaje de que nació en el cuerpo equivocado, que su yo está mal.

Soy una mujer luchadora que no quiso renunciar a sus libertades y está metida hasta el tuétano en el mundo laboral dando golpes inconsolables al techo de cristal, trabajando como la que más, mientras los ascensos de sus compañeros de trabajo se decidieron en la última visita al puticlub.

Soy esa otra, que sufrió tanta violencia a lo largo de su vida, que no percibe la posibilidad de ser capaz de otra cosa para subsistir que vender su cuerpo, vender su alma. Toda mi vida fuí cuerpo a utilizar, mi alma no vale nada. ¡Tómame, estoy rota!

Esa adolescente, que crece creyendo que lo que ve en las plataformas gratuítas de pornografía en la red es su realidad sexual, y se pregunta por qué no le gusta que le tiren del pelo mientras tiene sexo con quien se supone que la quiere.

Que ¿quién soy? Una mujer invisible. Soy todas nosotras. Una más. Puedes encontrar mi nombre entre las firmas del llamamiento que se lanzó este 24 de marzo azuzando a las mujeres a organizarse políticamente.

Mujer, ¡escucha! Te toca ser la protagonista apoyando este proyecto, ya sea echándonos una mano según tus posibilidades en la construcción del partido, afiliándote o simplemente (tan simple y tan importante), votando. En cualquiera de los tres casos, por favor, haznos saber que estás deseando poder participar rellenando el formulario.

La desigualdad por razón de sexo se cuela en nuestras vidas a través de la falta de perspectiva femenina al enfocar el mundo en que vivimos. La realidad se forma y se transmite desde la mirada y la experiencia masculinas. El enfoque desde nuestra realidad como mujeres tiene que llegar a todos los ámbitos, es necesario allanar el camino hasta allí. Este camino está hecho a perfecta medida para los varones, y está lleno de baches y trampas para las hembras. Esas trampas no son siempre obvias, ni planeadas, pero están, sutiles, garantizando una jerarquía por sexos imposible de derribar. Sólo sería factible conseguirlo teniendo mujeres en el Congreso que escrutinen con perspectiva feminista todas y cada una de las leyes ya existentes y las que se presentan para ser aprobadas. Esta colosal tarea puede y debe llenar un programa, que crearemos juntas, enfocado a conseguir la igualdad real.

Mujer, la agenda de este partido es simple y llanamente velar por ti, por tu hija, por tu madre, por tu hermana, por tus amigas, construyendo así una sociedad más justa para todas las personas que la componen. ¡Únete a nosotras!

Formulario de adhesión al manifiesto

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