Lorcas del coño

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Alice de la Lune

Se ha montado una buena desde la gala de los premios Triángulo 2020, recordemos, organizado por COGAM y celebrado en la sede del Ministerio de Cultura y Deporte. Al acto acudían personalidades de varios ámbitos, destacando la ministra de igualdad, Irene Montero.

Me sorprendió, tengo que decir, que acudiese a un acto organizado por quienes defienden la mal llamada gestación subrogada, que las feministas solemos entender como explotación reproductiva. También desde COGAM se habla de trabajo sexual, que solemos entender por prostitución y que casi siempre lleva asociada el proxenetismo. No se malentienda, no hablo de dejar tiradas a esas mujeres y hombres que ejercen, sino de terminar con una de las lacras más antiguas de nuestra historia.

En la gala en cuestión hubo un desfile variopinto de clichés obscenamente machistas, violencia, purpurina y odio que desde el feminismo no se entiende. Quizás porque entendemos lo femenino más allá de los roles de siempre, y del maquillaje, tacones y tetazas. Tal vez porque entendemos y asumimos que somos la eterna otredad del hombre libre, que lo es por el simple hecho de estar vivo y queremos, exigimos serlo. Mujeres libres por el simple hecho de ser y de estar vivas.

Entendimos y entendemos que en la distinción del género, masculino, femenino, o cualquier otro, se nos acaba imponiendo un rol social siempre en cierta desventaja frente al hombre; es por tanto que queremos, exigimos, que el género sea abolido y no haya más género que el humano.

No se malentienda, no compartimos las teorías de lo capitalista aplicado a la metafísica. No compramos las teorías de la Inqueersición porque borran realidades históricamente objetivas: se nos denigra, agrede, viola y mata por el hecho de no nacer hombres. Y es que en nombre de la tolerancia nos acaban vendiendo tolerar lo intolerable: lo de siempre, escondiendo la raíz del problema.

Por mucha autodeterminación que tengamos seguimos siendo vulnerables a vejaciones en familia, trabajo, en todos los sectores, en las plazas, a plena luz del día, en la calle oscura, en el metro, en nuestras casas. Ojalá fuera tan fácil como la autodeterminación personal para que no suceda lo que ocurre en todas partes, y no hablemos ya de India, de Arabia Saudí, del Congo y de tantos otros sitios donde ni de lejos alcanzamos el estatus de ser humano. Su teoría queer no funciona porque es en realidad una hipótesis neoliberal inaplicable e inaceptable por parte del feminismo.

Volviendo a Madrid, volviendo a Irene, empezamos pidiendo explicaciones, recibimos silencio y acabamos pidiendo su dimisión por pura coherencia, suya, nuestra. La autodeterminación del sexo no arregla el problema de la desigualdad de género y va en retroceso de muchos de los derechos adquiridos por y para las mujeres. Esto quizás da para muchas otras parrafadas. Vuelvo a Madrid, vuelvo a Irene.

Voy a citar al compañero Juan Carlos Monedero: “en política, el perdón sólo se conjuga dimitiendo”. Conscientes del daño por venir exigimos la rectificación sensata, la reelaboración de la polémica ley o en su defecto, la dimisión de Irene Montero, a pesar de que prometía ser una de las mujeres más brillantes de nuestra política más reciente.

Al que no podemos dimitir es a Monedero, que ha salido ¿defendiendo? a Irene llamándonos poco menos que franquistas, a nosotras, las feministas (no a las de esa España rancia, herederas de lo oscuro y lo homicida ) Nos acusa a nosotras, las rojas, las feminazis, las brujas, las violadas, las rapadas, las malas madres, de ser quienes fusilamos a Lorca. Esto también es patriarcado, compañero del alma, compañero. Lorca somos nosotras, somos todas, somos las Lorcas del coño y ahora que nos habéis abandonado, vendido, silenciado e insultado no nos dejáis otra: no convenceréis. Nos tenéis enfrente.

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