El transgenerismo: una trampa neoliberal y misógina

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Teresa Galeote Dalama

Nada es más peligroso que la verdad en un mundo que miente”
Nawal Al-Sádawi, feminista egipcia

La claridad de conceptos es fundamental para explicar la confusión que alienta la cuestión trans. Muchos malentendidos provienen de haber aceptado sin ninguna crítica el “transgenerismo”, una trampa para las feministas y para todas las mujeres. Los discursos interesados determinan “Las mujeres transgénero son mujeres y punto”, pero la biología y la razón niegan el discurso acientífico de quienes se amparan en falsas teorías. El deseo a ultranza y el sentimiento individual es la columna vertebral del ideario capitalista, el cual intenta anular las luchas colectivas contra la explotación de millones de hombres, de mujeres y de la infancia.

No vale hablar de la opresión que siente el 0,7% de las personas trans, ya que están protegidas por la ley del 15 de marzo de 2007. Las consecuencias del transgenerismo en las leyes que quieren imponer son muy perniciosas para las mujeres y para la infancia, ya que lo se pretende es ir más allá de la razón y de la verdad empírica. El proyecto de ley está contemplado en la agenda de quienes se desvinculan del género humano para entrar en una fase caprichosa de la “diversidad fluida difusa y confusa” de quienes puedan pagarse todo tipo de antojos y desvaríos.

Leyes similares, como la Gender Recognition Act (GRA) del Reino Unido, la Amendment to the Sex Discrimination Act 2013 de Australia o la Bill C-16, 2016 de Canadá, ya están mostrando las consecuencias de quienes se dejan llevar por el pensamiento posmoderno. Sheila Jeffrey pone el dedo en la llaga al escribir: La creación del derecho a la “identidad de género” crea un “choque entre derechos” en el que los derechos exigidos por un grupo de personas (transgénero) pueden poner en peligro los derechos de otro grupo (mujeres)”.

Sin haber avanzado lo suficiente en derechos y libertades, a nivel global, las mujeres nos enfrentamos con un nuevo ataque del patriarcado. Aunque el proyecto de ley se vista de transgresor y de ofrecer amparo a un colectivo desprotegido, el transgenerismo es una nueva modalidad de misógina neoliberal que ya está  creando multitud de conflictos y ataques a las feministas, a la infancia, y a la propia vida. La situación que estamos viviendo es un choque frontal entre el materialismo filosófico que sustenta el feminismo, y el idealismo que promueve la individualista teoría Queer. Las personas transexuales reasignadas crearon su propio movimiento y pasaron por duros procesos, pero el transgenerismo pretende asaltar el cielo usando todo tipo de violencias contra las mujeres. Quienes lo defienden acríticamente deben reflexionar, porque callar antes las expresiones de odio contra nosotras, incluidas las lesbianas les convierte en cómplices.

A partir de 1990, una vez caída la Unión Soviética, firmado el Consenso de Washington y con las proclamas, del politólogo Francis Fukuyama, El fin de la historia, publicada en la revista de asuntos internacionales The National Interest, en el que explicaba el triunfo de las democracias liberales por la caída de la Unión Soviética, se imponía un nuevo constructo político-económico-social para el siglo XXI, y ahí estaba la teoría Queer para auxiliar al neoliberalismo.

Un movimiento feminista revolucionario estorbaba para los planes de futuro y debían acabar con él. ¿Cómo lograrlo? Introduciendo una teoría acientífica “con aires trasgresores” que impidiese seguir avanzando en la lucha por la emancipación de las mujeres. Y el deseo individualista, la misoginia y lesbofobia se alzó para legitimar conductas muy dañinas para las mujeres y la infancia. El amoroso maridaje, capitalismo y patriarcado está en guerra contra la mujeres y tiene muchos cómplices. Un transactivismo que niegan al debate racional, acusando a las mujer que no se adhieran a sus postulados de tránsfoba y de terf; es evidente que somos la mujeres las que estamos siendo insultada y amenazadas.

El transgénero está en ascenso, a través de todo tipo de publicidad, incluidas las instituciones públicas y los partidos que el imaginario colectivo considera de izquierdas, aunque éstos solo sean “posmodernos”. Sí, porque la teoría posmoderna asume y normaliza cualquier barbarie o disparate y parte de la “progresía” da la bienvenida a la nueva moda, cargada con todos los atributos neoliberales y misóginos que refuerzan al patriarcado. El transgenerismo afirma que el sexo es asignado al nacer y que dicha asignación va en contra del deseo y oprime el sentimiento de feminidad o masculinidad del individuo. En dicho contexto la “identidad de género” no se debate, se impone por ley, y si no se acepta, porque la razón y la biología que nos asiste lo impide, te llaman tránsfoba, como ha sucedido con la abogada y Presidenta del Partido feminista, Lidia Falcón y la escritora Lucía Etxebarria. La identidad de género es una construcción falsa que refuerza la misógina; es idealismo como cualquier dogma de fe que niega la realidad material.

En el nuevo “constructo neoliberal”, el producto se publicita y se difunde de mil formas para fomentar la demanda. Dicha fórmula está llevando a niñas y niños a una ruta médica interminable, que comienza con los bloqueadores de la pubertad y un tratamiento hormonal, de por vida, que tendrá consecuencias irreversibles. Las intervenciones médicas y la cirugía nunca transformarán a un varón en una hembra; solo pueden simularse órganos sexuales, pero no rehacer todo el entramado biológico del otro sexo. En otros países ya se abrió el debate sobre la cantidad de personas que tratan de volver a su sexo original tras hormonarse y/o ser operadas y los problemas con los que se encuentran, preguntándose por qué lo hicieron.

Los intereses económicos quieren convertir en derechos la frivolidad y el capricho, mientras millones de personas se hunden en la miseria y la muerte, propiciada por el bárbaro sistema que padecemos. Las cirugías para cambiar los marcadores sexuales no reparan la insatisfacción de las personas, que muchas veces son motivadas por la no aceptación social de vivir libremente su homosexualidad o bisexualidad. De lo que estamos hablando es de la dependencia de las cirugías, de las hormonas sexuales incorrectas, y de toda una vida de dependencia del complejo médico-industrial.

1 Comentario

  1. Los travesti de ferias tragicomicas, lumpen del sistema, nos salen ahora con otras sutilezas, hay que ver el neoliberalismo rama sofisticada del capitalismo como acumula sin tino como un oceano negro sin fondo…

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