El Transexualismo como problema: Un análisis radical

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@DRadfem, activista feminista radical.

Las feministas radicales (que vamos a la raíz de la opresión de las mujeres: la desigualdad sexual) nos enfrentamos a un reto teórico y a una amenaza práctica (con las leyes trans, tanto las vigentes como las que están por venir) por parte de los hombres que quieren desmantelar nuestra lucha a través de la individualización y medicalización de la inconformidad con los roles sexuales: es decir, mediante la ideología del transexualismo. Hoy, si un hombre “se dice” o “se siente” mujer, atrevernos a cuestionar este dictamen es, incluso, motivo justificado para la agresión (basta ver imágenes de este 8M). Pero, ¿por qué hay tantas mujeres en la academia y, en particular, en los partidos políticos, que se niegan a denunciar esta realidad, cuando estos hombres llevan a cabo una supuesta “transición”? ¿Qué tiene el pasar por un bisturí que anula la capacidad crítica y análisis feministas, hasta el punto de llamar “mujer” a un hombre hecho y derecho?

Por un lado, si sabemos que el discurso de «mi cuerpo es mío y hago con él lo que me da la gana» es una trampa del Patriarcado y el Capitalismo para mantenerse tras una fachada neoliberal (como lo hace para justificar atrocidades contra las mujeres como lo son la prostitución y la explotación reproductiva), no podemos luego defender el transexualismo como un ejercicio de libertad. No se puede sostener desde un análisis feminista, y mucho menos radical, que haya personas que modifican/mutilan sus cuerpos para encajar en los roles sexuales impuestos por una sociedad sexista, y pensar que esto es una forma de expresión identitaria. Asimismo, que haya quien se hormone y opere para pretender encarnar la idea pornificada de lo transexual (intentar «cambiar de sexo», cuando esto no es factible, a través de la cirugía estética) es un síntoma más del patriarcado feroz, no un ejemplo de diversidad.

El mero concepto de transexualidad creado en los 50, que precede y engendra lo queer en los 90, es producto de lo que hoy llamamos neurosexismo y, por supuesto, del machismo rancio que sirvió para justificar, entre otras, la educación segregada por sexos e, incluso, las terapias de conversión de homosexuales. Y no, distinguir entre lo queer y lo «genuinamente transexual», entre lo transgénero o la “identidad de género” y la “identidad sexual”, no hace más que continuar con el juego del patriarcado de que las mujeres y los hombres tenemos una «forma de ser» o «identidad» sexuada. No existe el «estar en el cuerpo equivocado», ni el «tener un cerebro de mujer/rosa o de hombre/azul», al igual que decimos que no hay ropa o juguetes de niño o de niña. Si en la infancia esto es tan claro, ¿por qué estas líneas se desdibujan en la edad adulta? Y, por supuesto, ¿cómo pretendemos defender la infancia del Imperio Médico de la Transexualidad, si justificamos y avalamos a las personas adultas (en su mayoría, hombres) que han servido de referentes/ejemplos/agentes normalizadores de estas intervenciones?

Definitivamente, no se puede desligar la normalización y justificación de los roles y normas sexuales de la industria médico-farmacéutica de la transexualidad, y eso nos lleva, irremediablemente, a cuestionar el transexualismo (también desde la perspectiva ética): ¿es ético que la categoría mujer pueda ser invadida por los hombres? ¿Dónde ponemos el límite? ¿Si un hombre se pone prótesis mamarias, no, pero si se amputa pene y testículos, sí? ¿Y en la infancia no, pero al cumplir los 18 años, sí?

Personalmente, no veo ningún sentido a decir, creer o legislar en base a algo imposible: que los hombres puedan ser mujeres. Para las feministas, que la realidad sea dolorosa y difícil de soportar no es nada nuevo. Nosotras conocemos y hemos analizado y conceptualizado los horrores que el Patriarcado entraña, no nos son novedad. Ahora, la solución que nosotras ofrecemos es la destrucción del patriarcado a través del derribo de sus pilares, los roles sexuales, para la liberación de las mujeres, como clase sexual, del yugo de la violencia que los hombres ejercen sobre nosotras. Lo trans, en todo su espectro (lo transexual, lo transgénero… y todas su variantes), lo único que ofrece es una «cura» a través de la normalización de los roles sexuales patriarcales para el sostén y perpetuación del Patriarcado, condenándonos a las mujeres al conformismo con los mismos o al sometimiento a la violencia técnico-científica.

La ideología del transexualismo se basa en la falsa idea de que el sexo es algo que se puede cambiar y de que los roles sexuales son inamovibles. Las feministas radicales nos oponemos, radicalmente, al sexismo, y la ideología del transexualismo no será una excepción.

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