Extraños compañeros de cama

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Marcos Rodríguez, taxista. Miembro de la Junta Directiva de la Federación Profesional del Taxi de Madrid y responsable de Teletaxi.

Shakespeare escribió: «La miseria depara al hombre extraños compañeros de cama» (La tempestad, 1616).

El pasado miércoles, la empresa de estudios de mercado Sigma 2, hizo público un estudio encargado por la Federación Profesional del Taxi de Madrid que certifica que la miseria ha llegado al sector del taxi de la mano del Covid-19. Si hace un año los profesionales del taxi realizaban una media de 16 servicios diarios con un tiempo de espera de algo más de media hora entre cada uno de ellos, ahora realizan una media de 5 servicios diarios con un tiempo de espera superior a las tres horas. 

Las conclusiones son demoledoras: si a los gastos derivados de la actividad le sumamos las amortizaciones, los profesionales del taxi están trabajando a pérdidas y si la situación no cambia, un 68,5% no podrá mantenerse más de 3 meses.

Preguntados los profesionales si estarían de acuerdo con una regulación horaria adicional, el 87,6% estaría de acuerdo. Porcentaje muy similar al obtenido en la reciente encuesta abierta a todo el sector sobre autorregulación y similar al porcentaje de representatividad que ostentan las entidades representativas del sector que solicitan estas medidas (91,74%).

A la hora de buscar culpables de esta situación los resultados son claros: un 98,8% de los encuestados considera el Ayuntamiento de Madrid se ha implicado poco o nada. Dato llamativo cuando es el máximo responsable del servicio público del taxi. Idéntico resultado (98,8%) para la Comunidad de Madrid y similar para el Gobierno Central (96,2%).

Una vez presentados estos datos, la pregunta que uno se hace es evidente: ¿A quién beneficia la reiterada negativa del Ayuntamiento de Madrid a regular el servicio? 

Al taxista ya hemos visto que no, al ciudadano tampoco y al tráfico y a la contaminación menos aún. ¿Entonces a quién? A Uber.

Los ingresos de Uber proceden del cobro de comisión por servicio realizado y por tanto, cuantos más posibles realizadores de servicios, más posibilidad de obtener ingresos. A Uber le da igual que sea un coche particular, una VTC, un taxi o un repartidor en bicicleta. Uber necesita de un tonto útil que le genere esa comisión. 

Y en un escenario en el que la VTC sí que ha ajustado la oferta aparcando la mayoría de los vehículos por no ser rentables. Uber necesita de otros tontos útiles que le garanticen esos ingresos: estos días algunos taxistas «se han visto obligados» a trabajar para Uber.

Lo fácil en este caso sería cargar tintas contra todos y cada uno de estos «compañeros», llamarles traidores y recordarles los 16 días con sus noches que pasamos en las calles en defensa del taxi. 

Pero la duda de lo que aquí subyace es más grave aún que elegir un mal compañero de cama: ¿Se está manteniendo la situación crítica del sector en beneficio de una multinacional?

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