La vacuna rusa despega primera en la carrera farmacéutica

Así se encuentra en este inicio de septiembre la carrera por las vacunas, con EEUU, la UE, Rusia y China elaborando a marchas forzadas sus respectivas pruebas, en las que Sputnik V parece haber despegado en primer lugar

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Como un eco de aquel quinto ensayo de satélites, que resultó ser el primer vuelo exitoso con animales vivos y que serviría de prueba para que meses después se produjera el legendario y pionero viaje orbital del cosmonauta Yuri Gagarin, Rusia ha denominado Sputnik V a la vacuna que está desarrollando para afrontar la pandemia del covid-19, con el anuncio en prensa médica de efectos positivos en las primeras fases de los ensayos clínicos.

Mientras el ministro de Ciencia e Innovación, curiosamente también viajero espacial, Pedro Duque, se mostraba este pasado jueves esperanzado ante los proyectos de vacuna que se están haciendo en nuestro país y situaba la fecha de las pruebas hacia finales de año, los medios españoles anunciaban ayer -con manifiesta animadversión en muchos casos- la noticia de que la vacuna rusa está ya logrando resultados favorables en las primeras fases de pruebas clínicas.

Ayer, el diario El País, cercano a la línea habitual en medios nacionales de promoción de la rusofobia, calificaba sin ningún pudor de «anuncio con fines propagandísticos» la noticia del fármaco elaborado por laboratorios del gobierno de Putin, aunque paradójicamente se veía obligado a reconocer en la misma nota de prensa que la prestigiosa revista médica The Lancet publicaba una opinión favorable sobre estos primeros ensayos. Ni este medio ni otros de similar afinidad editorial fueron tan inquisitivos cuando en su momento la empresa Moderna (multinacional vinculada a la empresa que distribuirá la vacuna en España como veremos en esta misma entrada) subía como la espuma en la bolsa americana con simples anuncios de unas incipientes pruebas de laboratorio allá por el mes de abril, tal y como reflejamos en su momento desde este medio y ante los anuncios del Gobierno chino de ofrecer de manera universal su vacuna en cuanto estuviese preparada.

Según ese estudio publicado por la revista médica The Lancet, los experimentos con la vacuna Sputnik V son esperanzadores. Esto es, la vacuna lleva a la producción de anticuerpos y no produce efectos secundarios. Así pues, estaría dentro de lo esperado en las pruebas de un medicamento destinado a inmunizar contra una enfermedad infecciosa, ya fuesen realizadas en Ekaterinburgo, Hong Kong u Oklahoma City, dado que el proceso ha seguido los preceptos habituales de la comunidad científica, asegura la prestigiosa publicación médica. Las pruebas del Ministerio Ruso de Salud fueron efectuadas en junio y julio a grupos de personas que cumplían los requisitos de aleatoriedad, y resultaron de un 100% de producción de anticuerpos en los sujetos sometidos a prueba, sin observarse otros efectos secundarios más allá de hipertermia (elevación de la temperatura corporal) o dolores articulares y de cabeza de intensidad leve.

¿En qué estado se encuentra lo que parece ser una competición internacional en la lucha por lograr la vacuna que frene la pandemia? Repasamos a continuación las claves de la carrera por la vacuna:

Los intereses empresariales y las cuestiones geopolíticas: la necesidad de encontrar cuanto antes una vacuna, con creciente premura dada la manifiesta incapacidad del sistema capitalista de sostener económicamente prolongados estados de confinamiento ni de estimular medidas sociales frente a los intereses de los mercados -mucho menos apoyar sistemas sanitarios públicos-, ha llevado a las diferentes potencias mundiales a una pugna que recuerda en cierto modo a la carrera espacial en plena Guerra Fría.

Los anuncios de los diferentes gobiernos en este sentido parecen indicar que las vacunas estarán en el mercado internacional a finales de año. Pero una cosa es la efectividad de las vacunas y otra resolver el problema de la distribución a nivel global, cuestión logística con matices económicos que se antoja tanto o más complicada que la puramente médica. Es evidente que no todos los países tendrán la misma distribución ni usarán las mismas vacunas. La experiencia nos hace temer que esta pugna entre países será una cuestión geoestratégica antes que una prioridad de salud de las personas. Las especulaciones de los medios -cuyos patrocinadores, no olvidemos, responden a intereses económicos igualmente- contribuyen a crear un clima de desconfianza en los gobiernos, primero fue China y ahora Rusia, e incluso en los métodos de la comunidad científica.

La vacuna en España: en nuestro país seguiremos las indicaciones de la Unión Europea y por tanto no parece muy probable que a las farmacias españolas lleguen vacunas rusas o chinas. La Comisión Europea tiene un acuerdo firmado con la empresa farmacéutica británica AstraZeneca, que trabaja en colaboración con la Universidad de Oxford. Serán unas 300 millones de dosis las adquiridas por la UE que se podrían ampliar con otros 100 millones más para su distribución con mismo precio en los países miembros, incluida España.

Esta empresa AstraZeneca es una de las más importantes a nivel mundial y opera en todo el mundo. Cotiza en la bolsa de Londres pero también cotiza en la bolsa de Nueva York, a través de una sociedad de valores con sede en países nórdicos llamada OMX, de gran relevancia financiera y con alcance global.

AstraZeneca mantiene diversas vinculaciones con las empresas norteamericanas del sector, obviamente también implicadas en la elaboración de las vacunas: en junio de este mismo año firmaron un acuerdo multimillonario que les une a la Operación Warp Speed (operación de velocidad máxima) del gobierno de Donald Trump. El acuerdo consiste en el compromiso de venta de dosis a EEUU y el encargo de la distribución en manos de empresas estadounidenses. Esa operación americana de tan apresurado nombre fue la que lanzó a los mayores niveles de la escala bursátil Nasdaq-100 a la empresa Moderna, con quien a su vez tiene un acuerdo la empresa española Rovi para proceder al llenado y el acabado de viales en sus instalaciones de Madrid.

Otros proyectos españoles, a los que se refería el ministro Duque, son los que llevan a cabo el Centro Nacional de Biotecnología o el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria, que emplean variantes atenuadas de la vacuna que se utilizó en el programa de erradicación de la viruela, que como sabemos fue el programa que permitió que la viruela sea la única enfermedad infecciosa considerada erradicada, gracias al ambicioso plan impulsado en la OMS en 1958 por el viceministro de salud de la Unión Soviética, Viktor Zhdanov.

En Rusia y China: además de la mencionada Sputnik se desarrollan proyectos en las empresas chinas como la farmacéutica Sinovac Biotech, que trabaja en otra vacuna llamada CoronaVac, o la compañía CanSino Biologics cuya vacunas era una de las más avanzadas. En junio China autorizó su uso entre militares del país, de modo que fue la primera en emplearse. El Ministerio de Salud de Arabia Saudí anunció que colaboraría en los ensayos de este fármaco.

En los próximos meses veremos qué evolución siguen estas otras vacunas orientales, que según parece no serán consideradas prioritarias en Europa, si bien queda pendiente el compromiso del presidente de la República Popular China, Xi Jinping, quien anunció en mayo, durante la primera jornada de la 73ª Asamblea Mundial de la Salud, que las vacunas que se desarrollen en China contra el COVID19 y que logren un resultado efectivo estarían disponibles para el resto del mundo como un “bien público”.

En EEUU: la operación de velocidad apresurada del presidente Trump llevó al ejecutivo norteamericano a firmar sin dilación, horas más tarde del anuncio del despegue ruso, un acuerdo de 1.500 millones de dólares con la empresa Moderna para adquirir 100 millones de dosis en cuanto la vacuna de este laboratorio esté contrastada. Tampoco faltarían en EEUU dosis de la mencionada empresa europea AstraZeneca, como parte integrante del vertiginoso plan.

En definitiva, serán esos intereses políticos y mercantiles quienes decidan las fases iniciales de los programas de vacunación, que se esperan en el primer semestre del próximo año. Si bien una mirada sensata lleva a pensar que la población a vacunar es tan amplia (aunque sólo se llevaran a cabo en unos determinados países privilegiados en primer término) que sería beneficioso para todos que sean probadas las distintas clases de vacunas y es lógico que resulte inabarcable la vacunación para una sola empresa o en manos de un solo Estado.

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