El Gobierno de España ante la Covid-19: Comparación con Italia y Portugal

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Se hace necesario analizar con detenimiento el proceso de toma de decisiones en Italia, Portugal y España para comprobar hasta qué punto nuestras autoridades han actuado con retraso. Como se verá, el Gobierno español ha necesitado más contagiados y más muertos para aplicar medidas similares, lo que, indudablemente, ha tenido repercusión directa en el resultado actual y, seguramente, en el resultado final.

1.- Confinamiento regional

  • Italia: El domingo 23 de febrero, con 76 contagios y 2 muertos, Condogno quedaba confinado. Se convertía así en la primera zona roja de Italia y de Europa. Tras ella, llegaría el cierre de Lombardía el día 8 de marzo, solo dos días antes del cierre total de toda Italia.
  • Portugal: No confinó ningún área.
  • España: No se produjo. Quim Torra insistió el 19 de marzo en el aislamiento de Catalunya, Madrid y La Rioja, algo que ya había solicitado el 15 de marzo. El 15 de marzo había en España 7.753 contagios y 288 fallecidos; y el 19 de marzo, las cifras se elevaron a 17.147 contagiados y 767 fallecidos –cifras cercanas y superiores, respectivamente, a las del 11 de marzo en Italia cuando se confinó todo el país: 10.149 contagiados y 631 fallecidos–.
    Fue duramente criticado por Margarita Robles, que afirmó que era un mentiroso. Previamente había llegado a manifestar que no merecía ser responsable político. Sin embargo, el 15 de marzo, la mitad de los casos (3.544) y casi tres cuartas partes de los fallecidos (213) se encontraban en Madrid. El día 19 de marzo, Madrid ya solo representaba un tercio de los casos (6.777) y algo más de la mitad de los fallecidos (498).

2.- Confinamiento parcial sin cese total de la actividad

  • Italia: El 4 de marzo el país transalpino cerró los centros escolares, cines y teatros y aquellos lugares públicos en los que no pudiera establecerse un metro de separación entre las personas. Había 2.502 contagios y 79 fallecidos. Este total que, sin embargo, permitía la movilidad siempre que fuera justificada, pero que intentaba atajar el fracaso del confinamiento de Lombardía solo dos días antes
  • Portugal: Portugal comenzó con las medidas restrictivas el día 13 de marzo, cuando solo contaba con 112 contagios y todavía no se había producido ninguna víctima. Cerró centros escolares, bares y discotecas; canceló los eventos masivos; y limitó el aforo de restaurantes y centros comerciales.
  • España: Impuso el estado de emergencia el día 16 de marzo con un confinamiento parcial –entonces había 4.209 casos y 118 muertos–.

3.- Confinamiento total, solo actividades esenciales

  • Italia: Confinó el país en su totalidad el día 11 de marzo, con 12.149 contagiados y 827 fallecidos. Este confinamiento total se produjo tras el fracaso del confinamiento regional de Lombardía solo unos días antes, el 8 de marzo. Pero el cese total de actividades, salvo las esenciales, no se produjo hasta el 22 de marzo, con 53.578 contagios y 4.825 fallecidos.
  • Portugal: Cinco días después del confinamiento parcial, el día 18 de marzo, confinó todo el país, cerrando todas las actividades no esenciales y prohibiendo los desplazamientos que no fueran justificados o por causa mayor. Contaban con 642 casos y 2 fallecidos.
  • España: El día 30 de marzo, –con 85.195 contagiados y 7.340 fallecidos–, decretó el confinamiento total, salvo actividades esenciales.
    El día 24 de marzo, Pedro Simón desestimaba el confinamiento total, que calificaba como imposible, cuando ya lo había solicitado Catalunya y decenas de expertos, entonces había 39.673 afectados y 2.696 fallecidos. Solo un día antes de estas declaraciones, Murcia había planteado endurecer el confinamiento.

Conclusiones: España necesitó más contagiados y muertos para imponer tanto el confinamiento parcial como total

A la vista de los datos, queda claro que España necesitó más contagiados y muertos para imponer tanto el confinamiento parcial como total y fue considerablemente más lenta en la aplicación de los diferentes grados de confinamiento, especialmente en el caso del confinamiento total.

España decretó el confinamiento parcial con 4.209 casos y 118 muertos, mientras que Italia lo hizo con 2.502 contagios y 79 fallecidos y Portugal con 112 contagios y ninguna víctima. El confinamiento parcial se decretó en España doce días después que en Italia –4 de marzo– y tres después que en Portugal –13 de marzo–.

En cuanto al confinamiento total, España lo decretó con 85.195 contagiados y 7.340 fallecidos; Italia con 10.149 contagiados y 631 fallecidos, aunque el total no llegó hasta el el 22 de marzo, con 53.578 contagios y 4.825 fallecidos; y Portugal con 642 casos y 2 fallecidos. Por tanto, cuando España confinó el país salvo para actividades esenciales, Italia llevaba casi veinte días confinada –desde el 11 de marzo– u ocho, si contáramos desde el 22 de marzo; y Portugal, casi dos semanas –desde el 18 de marzo–.

Quizás una fecha clave que ha pasado desapercibida es el día 3 de marzo, día en el que se confirmaba la muerte del primer español por Covid-19, la cual se había producido el 13 de febrero (se supo por la autopsia). Ello resulta determinante porque demostraba que el virus estaba circulando de forma descontrolada, un matiz esencial a la hora de tomar decisiones. Había en España 153 contagiados y 1 fallecido.

Por otra parte, el cierre escolar de Madrid el día 11 de marzo sin ninguna otra medida complementaria como habría sido cierre de bares o restaurantes y limitaciones de áreas de ocio, junto a los eventos del fin de semana anterior (7 y 8 de marzo, incluido el Día de la Mujer o el mitin de la ultraderechista Vox), aun desconociendo con exactitud la trascendencia en los resultados finales, no se pueden descartar como factores importantes de contagio. Había más de 2.128 casos y 47 fallecidos, de ellos casi la mitad de los casos (1.024) y dos tercios de los fallecidos (31) en Madrid.

En democracia, asumir responsabilidades y dimitir debe ser por completo normal. De hecho, lo es en otros países, como en Escocia, donde por mucho menos, por saltarse el confinamiento en dos ocasiones, la consejera de Sanidad ha dimitido.

Quizás, con todo, lo peor de negar las evidencias no solo repercute en la calidad democrática de un país, basada en la rendición de cuentas de los gobernantes en forma de dimisiones, investigaciones y procesos, según proceda, sino en el alimento que genera para esa derecha ultra y golpista que parece que jamás abandonará el intento de derrocar cuanto gobierno no sea el suyo.

No solo eso, sino que, además, ayuda a generar un bucle interminable de reproches que, por lo general, suele terminar generando impunidad y deslegitima tanto a la izquierda como legitima a la derecha y a los dos partidos neoliberales, PP y PSOE, responsables en gran medida de los recortes, las privatizaciones y las corruptelas de todo lo público, incluida la sanidad, tan necesaria a día de hoy.

No parece que nadie vaya a asumir responsabilidades y todo apunta, una vez más, a la técnica del avestruz. Antes o después, empezará la liga. Para entonces la izquierda española será un poco menos creíble y la derecha contará con más combustible del imaginado.

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