Pareidolia

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Hace años, descubrí a través de un compañero de pensión en una habitación de estudiantes, que aquello que nos han inculcado como principios morales inalterables (no robar, no matar, etc.) acaba sucumbiendo a la liviandad en una ecuación directamente proporcional al número de quebrantos del principio del que se trate y de la constancia en traspasarlo. Me comentaba este compañero que la primera vez que robó un radiocasete de  un coche, estuvo dos días durmiendo mal, pesaroso de lo que había hecho. La segunda, el miedo a ser pillado y al castigo se relajó, llegando a ser solo en momentos de soledad cuando le atacaba la culpa. La tercera ya ni siquiera le quitó el sueño y a partir de la quinta era algo tan normal como comer o ir al baño.

Supongo que este tipo de actuaciones que rebajan la conciencia de culpabilidad está estudiado y tendrá un nombre. Y tiene que tenerlo, porque nada de lo que se hace en esta coyuntura de hijoputismo despiadado no ha sido estudiado con anterioridad y se saben las consecuencias.

De un tiempo a esta parte, nos han estado acostumbrando a llamar a los conceptos por un nombre que nada tienen que ver con las actuaciones. Si el pueblo se rebela contra el estado opresor es violencia terrorista. Si un estado ejerce la represión indiscriminada y la masacre de un pueblo, en lugar de llamarlo terrorismo lo llaman autodefensa. Si una Comunidad Autónoma realiza un referéndum, lo llaman golpe de estado y que los militares, a base de pistola, violencia generalizada  y muertes indiscriminadas destituyan a un Presidente elegido democráticamente lo llaman “invitación a irse del país”. Y lo más gordo, lo que durante siglos conocimos como Democracia “Gobierno del pueblo” que decían los antiguos griegos, ha sido tan desvirtuado, que el fascismo de toda la vida es ahora considerado como democracia ejemplar. Dependiendo del interés económico de ese 1% que maneja el cotarro terrícola, las democracias puras pueden ser consideradas como estados totalitarios y los estados en los que los dirigentes se autoproclaman en nombre de dios, son considerados democracias legítimas si, estos, los sátrapas autoproclamados, practican ese hijoputismo que han venido a llamar liberalismo económico y que no es nada más que el fascismo de toda la vida al que se le añade la especulación.

Antes, a los golpes de Estado se les llamaba por su nombre, como sucedió en el Chile de 1973 con Salvador Allende, donde un sátrapa asesino llamado Pinochet, con ayuda de la CIA que buscaba no quedarse sin los vastos yacimientos de cobre, que hasta entonces controlaban precisamente multinacionales de USA, se autoproclamó Presidente de la República haciendo desaparecer y haciendo asesinar a miles de opositores. Lo mismo pasó en la Argentina de Videla y sus secuaces que acabaron tirando a la gente al mar desde aviones en vuelo. Poco a poco a base de manipular información y de contar medias verdades han convencido al mundo de que Venezuela es un régimen totalitario. Sin embargo Colombia, dónde los procesos electorales han sido mucho más dudosos que en Venezuela es considerada una democracia ejemplar.

Desde hace tiempo, de lo que se trata es de minimizar los golpes de estado, ya sean producidos por actuaciones poco lícitas de la judicatura como en Brasil o Ecuador o directamente como lo sucedido en Bolivia hace una semana a través de la sublevación militar.

A partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, se instituyeron organizaciones internacionales cuyo fin era el de evitar justamente que el relato se impusiera a la realidad. La ONU o la OEA son ejemplos de esas instituciones. Se trataba de que velaran por el cumplimiento de los tratados internacionales, como los de la Convención de Ginebra de 1949. Desde la llegada al poder de mastuerzos como Isaac Shamir, Trump o Bolsonaro, ni siquiera lo que antes era sagrado como los Derechos Humanos, los hospitales en tiempos de guerra o la protección a la infancia se han librado de ser vulnerados. Se bombardean hospitales o escuelas alegando que albergan terroristas, se asesinan impunemente , sin juicio, juez o jurado, a ciudadanos con la excusa de ser potencialmente peligrosos para uno o varios estados o se encarcelan a presidentes de Gobierno acusados falsamente de corrupción. Los organismos creados como garantía de cumplimiento de la legalidad internacional, son sometidos al poder de los poderosos que prostituyen las instituciones y acaban actuando en lugar de con justicia e independencia, a favor de una de las partes.

Eso, básicamente es lo que está pasando en Bolivia. La OEA, una entidad que debería estar velando por la garantía democrática de ese país, confabula y es cómplice del golpe de estado asegurando que Evo Morales no había llegado al 10% de superioridad en el voto cuando estaba en el 7% pero faltaba por contar todo el voto rural en el que Evo ha vencido siempre, en el peor de los casos, por una mayoría aplastante del 80%. Para ello, se basa en el análisis de una serie de actas, que no son representativas porque no están “cogidas” aleatoriamente, y a petición y señaladas por quiénes han dado el golpe supremacista en Bolivia. Hay varios estudios que demuestran que la OEA miente, pero uno de ellos es especialmente significativo porque está realizado por la Universidad de Michigan. 

Hoy como en el Chile de 1973, aparte de la imposición de un sistema fascista que quieren hacer pasar por democracia occidental, el golpe tiene un interés económico claro para los Estados Unidos de América. Bolivia tiene el 70% de TODAS las reservas de litio de la tierra. Y en esta carrera en la que el petróleo pasará de ser un combustible fósil a un combustible muerto, el litio es sumamente importante en el desarrollo de la tecnología de baterías eléctricas. Que un gobierno, no te impida hacer negocio es el lema de las multinacionales americanas. Si no puedes convencerlos, véncelos. Y en esa guerra, todo vale.

En este instructivo artículo de Alvaro García LLerena publicado en el digital argentino Página12Odio al Indio”, se cuenta con detalle como ha ocurrido todo en Bolivia y porqué este golpe de estado supremacista (fascista por tanto). Léanlo con atención porque tiene muchas similitudes con lo que nos puede pasar aquí de seguir aupando a los de la COZ.

Vivimos en una coyuntura en la que las leyes, los límites, los procedimientos éticos son tornadizos e impuestos por aquellos que ejercen el poder. Es una especie de anarquía totalitarista, o más bien una vuelta al medievo como desgraciadamente he venido advirtiendo desde hace ya unos cuantos años. Si no hay ley, no puede haber justicia y sin justicia el ser humano no solo no avanza sino que retrocede. Al igual que el la Edad Media el pueblo estaba atado y era víctima por su necesidad de comer todos los días, hoy estamos atados por la necesidad de consumir, y sobre todo de tener bienes con el fin de restregárselo a los demás.

Ya no hay vuelta atrás. Desarrollar de nuevo el mundo que teníamos en los primeros años 70 costará décadas. Y hasta es posible que la tierra acabe antes con nosotros.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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