Creo que casi todos estaréis de acuerdo conmigo en tener un buen recuerdo de las colonias, campamentos de verano o udalekus, como los llamamos en Euskadi. Dos semanas en un entorno nuevo, conociendo nuevos amigos, soltándonos por primera vez de la mano de nuestros padres y viviendo aventuras de las que hablaríamos el resto del año. Y es por esa razón que animamos a nuestras hijas e hijos a ir, y les apuntamos con toda la ilusión.
Con toda la ilusión y una punzada de miedo en el estómago, los dejamos en manos de desconocidos durante muchos días, pero también recordamos que hay instituciones detrás, la experiencia de muchos años, y las nuestras propias que fueron buenas. Y normalmente sale bien y nuestros hijos disfrutan.
Pero este verano algo ha ido terriblemente mal en el udaleku de Bernedo (Álava) del 8 al 23 de agosto. Hace una semana se puso en contacto conmigo la madre de una niña que estuvo allí, a la que llamaré aquí Ane. Era el turno de los menores de 13 a 15 años, y lo que empezó a contarle su hija de 15 años según se bajó del autobús el 23 de agosto hizo que se pusiera inmediatamente en acción para denunciarlo, y nosotras estamos aquí para darle voz.
Unas 80 niñas y niños, divididos en dos habitaciones grupales y dos baños grandes con duchas abiertas. No solo las habitaciones eran mixtas, también lo eran los baños y por ende, las duchas. Les obligaban a ducharse en grupos mixtos y desnudos, palabras textuales “porque podía haber alguna persona trans que se sintiera categorizade”. No valieron de nada las protestas de muchas niñas y también algunos niños ni las peticiones de ducharse en bañador (antihigiénico). Les dijeron que “bastante tenían con que los váteres tuvieran puerta”. Tampoco les dejaban ducharse en los vestuarios de las piscinas del pueblo cuando iban allí, que según las niñas eran los únicos momentos en los que podían ir al baño tranquilas. Los espejos estaban inutilizados, habían pintado encima porque les tenía que dar igual el aspecto que tuvieran, y en uno de ellos había pintada una mujer abierta de piernas con el texto “On Egin”, “que aproveche”.
Pero eso no es todo. En ningún momento les dejaron contactar con sus padres. La hija de Ane tuvo unos mareos y ni los monitores contactaron con Ane ni la llevaron a una revisión médica. Como tampoco lo hicieron con otra niña que se hizo un esguince. Y para rematar, una niña sufrió acoso sexual por parte otro niño y nadie hizo absolutamente nada, salvo obligarla a ducharse desnuda con él.
Por supuesto, tanto Ane como otras madres y padres se han puesto en contacto con los responsables, y a continuación copio, con su permiso, extractos de las respuestas que han recibido:
“Para poder entender el funcionamiento del campamento es importante tener el conocimiento de cómo son las instalaciones: disponemos de dos habitaciones grandes y dos baños grandes con 6 duchas no individuales. Para facilitar el funcionamiento del campamento nos organizamos en los llamados grupos naturales. Estos grupos se mantienen durante todo el campamento para que les jóvenes tengan sus monitores de referencia para hacer cualquier tipo de actividad, entre ellas las duchas. En las habitaciones también duermen por grupos y sin separar por sexo o género como se hace en la gran mayoría de los campamentos.
No creemos en la división por géneros, ya que creemos en una educación feminista e igualitaria y esta división deja fuera a varios cuerpos e identidades. Es por ello que en las duchas y en las habitaciones aplicamos la misma filosofía. Entendemos que esta propuesta pueda generar incomodidad entre les jóvenes y es por eso que nunca les obligamos a desnudarse. Es verdad que se les propone quitarse los bañadores una vez entran a la ducha, como medida para garantizar una mayor higiene.”
Respecto al caso de acoso sexual, la respuesta ha sido la siguiente:
“Sentimos profundamente lo ocurrido en los udalekus y todo el dolor que esto ha causado. Estamos realmente preocupades y dispuestes a hablar en torno a lo sucedido y nuestras maneras de gestionar las diferentes situaciones. En todo caso, debemos recalcar que somos un grupo grande de gente voluntaria que funciona de manera asamblearia y, por lo tanto, necesitamos tiempo para poder tomar decisiones consensuadas y contrastadas.
Queremos hacerte saber que en el momento en el que recibimos tu mensaje activamos el protocolo del que disponemos contra las agresiones.”
Desde El Común hemos intentado contactar con los responsables de este campamento para informarles de que íbamos a publicar lo sucedido y que nos pudieran dar su versión. Nadie ha contestado a nuestras llamadas y nuestro correo electrónico tampoco ha recibido respuesta.
Una vez expuestos los hechos, permitidme que os diga que yo también estoy indignada. Y desde aquí interpelo a las tres diputaciones vascas, las responsables últimas de estos udalekus, a que asuman responsabilidades y tomen cartas en el asunto para que no vuelva a suceder. Es que ni haciéndolo a propósito se encuentra un grupo de monitores (qué bien que ahí tienen la letra “e” incorporada) tan irresponsables, inútiles y dañinos. Han obligado a 80 niñas y niños (no olvidemos, de una generación mediatizada ya a su edad por la pornografía), a ducharse juntos y desnudos en una etapa de cambios en el cuerpo, primeras menstruaciones, etc., todo en aras de supuestas incomodidades trans que ni estaban ni se les esperaba. No han visto un caso de acoso sexual delante de sus narices y dicen que activan el protocolo ¡dos semanas después!. Han dejado desatendidos problemas médicos y les han tenido aislados de sus padres.
Ignoro qué formación se les da a estes persones voluntaries, pero parece evidente que es totalmente insuficiente. Hablar con la “e” y creer que el feminismo y el progreso es obligar a niñas y niños a ducharse juntos y desnudos mientras les hablan de cuerpos equivocados no les capacita sino todo lo contrario.
Y por culpa de estes modernes inútiles, hay un montón de niños que han pasado unos días para olvidar, en lugar de haber disfrutado libremente, que era lo que les correspondía.









(Prèvia: Resposta escrita en català)
Algunes preguntes: ¿Ha prosperat la denúncia al jutjat, si ha estat el cas? Havien signat els pares algun document de consentiment i/o autorització de protocols i ús d’instal·lacions? Hi havia algun director del campament, darrer responsable civil subsidiari dels menors? Aquestes preguntes pertinents poden tenir respostes adequades als fets (greus i imputables: desatenció a lesions físiques i lleus: protocols i praxis que si estaven notificats, poca imputabilitat tenen, malgrat crear un gran malestar emocional a molts adolescents i que identifiquen aquest udaleku en qüestió com una entitat amb idees més aplicables entre adults responsables que no pas en menors, ja que si la bola es fa gran podrien acabar sent qualificats de víctimes de pràctiques sectàries i, òbviament, estigmatitzar l’entitat organitzadora i acabar per manca d’assistents, el seu projecte.
Respecto a tu texto no tengo nada que añadir ni objetar.
Pero hay algo que no me entra en la cabeza: ¿no había ningún tipo de información respecto al campamento? ¿Ninguna reunión previa con los padres? En las autorizaciones que siempre se firman: ¿se indicaba que los niños quedarían incomunicados o que no se avisaría a las familias?
Insisto, lo sucedido me parece una barbaridad. Pero con mi hija con 15 años para ir a las excursiones o así viaje de fin de ESO hemos tenido multitud de reuniones para que todos supiésemos en qué consistía cada actividad…
Solo una corrección:
La norma de mantener a los niños «aislados de sus padres» existe desde los inicios de los udaleku, y hay argumentos razonables a su favor:
1. Los niños deben, como dices, soltar la mano de sus padres. Si dejan de hablar con ellos, casi se olvidarán de su existencia.
2. Los padres tampoco deben condicionar la vida del udaleku.
3. Inmersión lingüística.
Claro, que esa norma exige una relación de confianza, que aquí claramente se ha roto.
Espero que reciban muchas denuncias y que lleguen a término. Esa ideología es lo más peligroso que existe en la actualidad para todos, pero sobre todo para las mujeres y las niñas.
En vez de legislar en su favor, deberían PROHIBIRLA. Es una maldita secta peligrosa.
No sé si entre todos los monitores suman una sola neurona o neurone. Querella por lo penal.
Soy vecino de Bernedo y en esta tanda una de las actividades era hacer una manifestación con pancartas, recuerdo que antes las actividades era hacer encierros en San Fermín, iban al monte y todos chavales íbamos allí y nos sentábamos en la muralla todas noches y hacíamos amistad con muchos de ellos que repetían año tras año. Ahora eso es impensable, una pena lo que ha ocurrido.