Culpables de ser víctimas

0

Por: Bárbara Lee Rojas | Mujerencia

Una mujer que sobrevive a una violación carga con dos pesos. El primero es el de la agresión. El segundo llega cuando, todavía herida, tiene que encarar al Estado y demostrar lo que sufrió, que hubo un responsable y que ese responsable no merece atenuantes. Muchas veces ese segundo peso duele más que el primero. Algunas se agotan: pierden sus recursos, se aíslan y terminan señaladas como “exageradas” o como “locas”. Otras cruzan fronteras hasta que otros jueces, mirando la misma verdad, recuerdan a los primeros que aquellos derechos se pidieron de manera legítima.

En Mujerencia partimos de una idea que guía mi investigación doctoral: la violencia es un proceso que comunica. Empieza en las palabras y pasa al cuerpo. Cuatro mujeres, dos colombianas y dos españolas, muestran que tiene una segunda parte: la que protagonizan las instituciones cuando, en lugar de escuchar, vuelven a herir y las fuerzan a saltar el muro para buscar justicia y coherencia legal.

El juez que esperaba un grito

Brisa De Angulo Losada es colombiana, nacida en Estados Unidos y criada en Bolivia. Tenía 16 años cuando un primo de 26, que vivía en su casa en Cochabamba, comenzó a agredirla sexualmente. Según la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 18 de noviembre de 2022, en el primer juicio el tribunal cambió el delito de violación por el de estupro tras observar su «personalidad fuerte», y concluyó que «no es posible concebir que Brisa haya sido intimidada». Uno de los jueces ciudadanos cuestionó la violación porque ella no había gritado.

La Corte señaló que esos estereotipos refuerzan la idea de que una víctima tiene que ser «débil», mostrarse «indefensa», reaccionar o resistirse, y que el estupro «se basa en tradiciones y estereotipos de género» y «encubre relaciones de poder». Ordenó a Bolivia eliminarlo. La llamada Ley Brisa pasó por el Senado en abril de 2024 y, según la última información disponible, de agosto de este año, seguía sin votarse en Diputados. Y hay un capítulo que, como colombiana, me duele: el agresor, también colombiano, fue capturado en Colombia en 2022 y quedó libre ese mismo año por prescripción. Brisa no ha esperado: junto a su equipo ha dado asistencia legal gratuita a más de 2.300 niñas.

La joven que siguió viviendo

En los Sanfermines de 2016, cinco hombres agredieron sexualmente a una joven (judicialmente se protege su identidad) de 18 años en Pamplona. La defensa contrató a un detective para seguir su vida tras la agresión, y el tribunal admitió el informe, que después fue retirado: se le reprochaba poder «hacer vida normal». Como si la única víctima creíble fuera la que deja de vivir.

En 2018, la Audiencia Provincial de Navarra condenó a los cinco por abuso sexual, no por agresión, porque no consideró probadas la violencia ni la intimidación. Hicieron falta miles de mujeres gritando «yo sí te creo» y el Tribunal Supremo, en 2019, para llamarlo por su nombre: violación. En Bolivia la palabra era estupro; en España, abuso. En los dos países, la palabra rebajaba el delito y ponía bajo sospecha a la víctima.

La mujer que tuvo que repetirlo todo

Jineth Bedoya Lima es periodista. En el año 2000 fue secuestrada, torturada y violada mientras hacía su trabajo. Según la senadora Norma Hurtado, tuvo que contar su historia trece veces ante distintas instituciones, a veces frente a sus agresores. La Corte Interamericana condenó a Colombia en 2021, y de ese fallo nació la Ley 2605 de 2026, la «Ley Jineth Bedoya Lima», que obliga a formar en violencias contra las mujeres a quienes atienden a las víctimas. Uno de sus ejes es reconocer esa violencia como un asunto público. Mientras se considere privada, cada mujer tendrá que contarla sola, una y otra vez, ante una ventanilla distinta.

La madre a la que nadie escuchó

Ángela González Carreño presentó decenas de denuncias contra su expareja. Aun así, un juzgado concedió al padre visitas sin vigilancia con la hija de ambos, Andrea, y en abril de 2003, durante una de ellas, él mató a la niña. Los tribunales españoles le cerraron la puerta, y tuvo que acudir al Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de las Naciones Unidas, que en 2014 concluyó que España había vulnerado sus derechos, entre otras razones por una concepción estereotipada del derecho de visita. Solo en 2018 el Tribunal Supremo reconoció la responsabilidad del Estado. Quince años después de perder a su hija.

Exponerse para obtener lo que ya era suyo

A Brisa se le exigió hablar más fuerte. A la joven de Pamplona, dejar de vivir. A Jineth, hablar más veces. A Ángela, sencillamente, no se la escuchó. Cada una fue tratada como culpable de algo: de no gritar, de seguir viviendo, de tener que contarlo otra vez, de insistir. Culpables, en definitiva, de ser víctimas.

Y todas tuvieron que exponerse más, ante la prensa, la calle o tribunales de otros países, para conseguir lo que de entrada les correspondía: la protección del Estado, el restablecimiento de sus derechos y que el agresor respondiera exactamente por lo que hizo. Las respuestas oficiales suelen terminar en capacitar a quienes atienden a las víctimas. Es necesario, pero una capacitación no garantiza una mirada nueva. Lo que cambia la realidad es que quien recibe una denuncia entienda que está ante una persona y no ante un expediente.

Pienso en las que no caben en esta columna: las que no tuvieron recursos para cruzar fronteras, las que se cansaron, las que callaron porque nadie les creía. Con las mujeres de Cundinamarca aprendimos algo sencillo: las mujeres hablan cuando sienten que alguien escucha. No hace falta que griten ni que repitan. Hace falta que del otro lado haya alguien dispuesto a creer.

Porque, a juzgar por estas cuatro historias, la víctima ideal para algunos Estados es una que grite lo justo, lo cuente una sola vez, deje de vivir lo suficiente para parecer creíble y no vuelva a molestar con el tema. Lamentamos informarles que no pensamos cumplir el requisito. Seguiremos hablando. Eso sí: esperamos que esta vez nos escuchen a la primera.

¿Víctima de Abuso? Si la verdad no es suficiente, tal vez tu también debas saltar el muro

Mujerencia | Bárbara Lee Rojas
Valorando la esencia, herencia, gerencia e incidencia femenina en la sociedad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.