La anatomía del capitalismo: De la denuncia histórica de Sven Beckert al realismo capitalista de Mark Fisher

0

Juan López Páez

Sven Beckert, historiador de la Univ. de Harvard reconocido globalmente por sus investigaciones sobre la historia del capitalismo, se ha especializado desde la academia anglosajona en el siglo XIX estadounidense, el comercio global y las estructuras laborales. Su trabajo desafía las visiones abstractas tradicionales de la economía ortodoxa al sostener que el capitalismo no es un orden natural del ser humano.

En “The Monied Metropolis” (2001)[1] lleva a cabo un análisis profundo sobre la burguesía de Nueva York y su consolidación social, la formación de la élite económica en la segunda mitad del siglo XIX. Examina cómo un grupo diverso de comerciantes, banqueros e industriales superaron sus antiguas diferencias previas a la Guerra de Secesión para fusionarse en una clase social unificada: la burguesía moderna estadounidense. La obra detalla cómo esta clase consolidó un inmenso poder político, social y cultural, construyendo un entramado a medida que subordinó las instituciones del Estado y el marco legal para blindar el libre mercado y contener el avance de los movimientos de trabajadores.

 En su obra “El imperio del algodón: Una historia global” (2015) [2] acuña el término Capitalismo de guerra, examina un elenco de procesos históricos de relevancia. Todos ellos tienen en común el papel protagónico desempeñado por el algodón: el gran comercio ultramarino de la época preindustrial, las plantaciones del sur de EEUU y la esclavitud de los afroamericanos, la difusión de la revolución industrial fuera de Inglaterra, la Guerra de Sucesión estadounidense, el surgimiento del movimiento obrero y el colonialismo, la cruda historia del comercio mundial de este bien, entrelazando la esclavitud en las Américas con la industrialización europea, El algodón conectó los campos de esclavos de EEUU con las fábricas de Mánchester y los mercados de todo el mundo.

En  “Capitalismo. Una historia global” [3]  rastrea los últimos mil años del sistema económico. Sitúa sus orígenes tempranos («islas de protocapitalismo») en comunidades mercantiles de larga distancia en Asia, África y el mundo árabe mucho antes de la Revolución Industrial, desmontando el mito de que el capitalismo fue una invención estrictamente europea. Argumenta que la acumulación ciega de capital es un fenómeno histórico reciente (gestado hace unos 500 años) y esencialmente extraño para la naturaleza humana. Las sociedades previas se organizaban bajo lógicas totalmente distintas.

-El mercado no es libre: El libro rastrea cómo las grandes fortunas mercantiles nunca operaron solas; siempre necesitaron la protección de alianzas militares y estatales para conquistar territorios, asegurar rutas marítimas y someter la mano de obra.

-La crisis del orden neoliberal: En su análisis del capitalismo contemporáneo, apunta que el modelo neoliberal está agotándose debido a la insostenible desigualdad, las crisis ambientales por la exigencia de crecimiento infinito y la consecuente respuesta de autoritarismo y proteccionismo en todo el globo.

-El capitalismo no nació de un orden natural o de mercados perfectamente libres y pacíficos, sino que ha sido un ordenamiento histórico e inherentemente global, moldeado desde sus inicios por alianzas estatales, la expansión imperialista y dinámicas violentas de coerción.

Análisis marxista

Beckert valida empíricamente con datos históricos la premisa de Marx de que el capitalismo vino al mundo «chorreando sangre y lodo por todos los poros». Pero en su metodología prioriza un sesgo moralista sobre un desglose estrictamente materialista de las leyes de acumulación, desplaza el análisis de las contradicciones objetivas del modo de producción hacia una mera descripción ética del sufrimiento y el despojo colonial.

  1. La Acumulación originaria vs. el ADN del capitalismo

Beckert provee una base que demuestra que el capitalismo no nació de la laboriosidad y el ahorro de unos pocos (el mito liberal), sino de la violencia estatal, el imperialismo y la esclavitud masiva, lo que denomina «capitalismo de guerra». Hasta aquí encaja perfectamente con el capítulo de Marx sobre la acumulación originaria, pero Marx incide en que la violencia y el despojo colonial son el impulso inicial que crea las condiciones para el capitalismo (separar al trabajador de sus medios de producción).

Sin embargo, una vez que el capitalismo se establece, la explotación se vuelve sistémica, económica y «silenciosa» a través del trabajo asalariado. Una vez que el sistema se consolida, el capital ya no necesita de la violencia física directa o del Estado colonial para obligar al trabajador a producir plusvalía. El desposeído se ve forzado a vender su capacidad de trabajo en el mercado por el simple y brutal mecanismo de la necesidad de supervivencia, aceptando de forma «voluntaria» las condiciones impuestas por el empresario mediante contratos «libres» en el mercado laboral.

Al obviar esta transición, Beckert diluye la especificidad histórica del capitalismo maduro: su capacidad de explotar y acumular de manera pacífica, legal y normalizada a través de la ley del valor y el contrato salarial.

  • Relaciones de producción vs. Redes de circulación

El marxismo define el capitalismo por sus relaciones sociales de producción (la propiedad de los medios de producción frente a la venta de la fuerza de trabajo). Beckert, al enfocarse en la historia global de las mercancías, prioriza las redes de circulación y el comercio. Al hacer esto, iguala metodológicamente el trabajo esclavo, el trabajo forzado y el trabajo asalariado como variantes de coerción bajo un mismo ecosistema. Para la crítica marxista, esto confunde los modos de producción: la esclavitud y el capitalismo maduro operan bajo leyes económicas distintas, y disolver la especificidad del trabajo asalariado impide comprender la dinámica de la plusvalía contemporánea.

  1. De la denuncia ética a la contradicción objetiva

Al sustituir las leyes abstractas del capital (como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia o la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción) por la narrativa del despojo, el texto de Beckert adquiere un tono predominantemente moral. Para el marxismo, el límite de la denuncia ética es político: si el problema del sistema es su «crueldad», la solución implícita propio de la socialdemocracia es un capitalismo más regulado, humano o ético. El materialismo histórico, en cambio, no busca demostrar que el capitalismo es «malo», sino que es históricamente limitado. Su superación no vendrá por una toma de conciencia moral de la burguesía, sino porque sus propias contradicciones internas objetivas e insubsanables (como las crisis de sobreproducción y la pauperización) hacen que el sistema sea estructuralmente insostenible.

  • Del límite de la denuncia a la parálisis del «Realismo Capitalista», el puente hacia Mark Fisher

La desconexión metodológica que el marxismo señala en Beckert encuentra su eco y su explicación psicológica más brillante en la obra de Mark Fisher [4]. Si Beckert se limita a documentar minuciosamente el horror histórico del despojo colonial y la violencia del «capitalismo de guerra», Fisher analiza el síntoma de nuestra era actual: el Realismo Capitalista, es decir, la atmósfera generalizada en la que se asume que el capitalismo es el único sistema político y económico viable, al punto de que hoy nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

Al conectar ambos análisis, se revelan tres puntos de encuentro críticos:

 La normalización de la «coacción silenciosa»

El análisis de Marx muestra cómo el capitalismo maduro ya no necesita la violencia física de Beckert porque la «necesidad de supervivencia» obliga al trabajador a aceptar el contrato salarial de forma voluntaria. Fisher retoma exactamente este punto para describir el presente: el capitalismo ha penetrado tan profundamente en nuestras vidas que sus dinámicas ya no se perciben como una imposición externa o violenta, sino como una segunda naturaleza. La coacción económica de la que hablaba Marx se ha convertido, en términos de Fisher, en una estructura invisible que moldea no sólo nuestro trabajo, sino nuestros deseos, nuestra salud mental y nuestra cultura.

La trampa de la denuncia moral y la «interpasividad”

La crítica marxista advierte que el enfoque ético de Beckert corre el riesgo de sugerir que el problema es la «crueldad» del sistema, abriendo la puerta a la ilusión de un capitalismo regulado o más humano. Fisher desenmascara esta misma dinámica en la cultura contemporánea mediante el concepto de interpasividad. Fisher argumenta que el capitalismo actual es experto en consumir y digerir su propia crítica: películas de Hollywood, libros académicos y campañas de marketing denuncian constantemente los excesos y crímenes del capital. Sin embargo, esta denuncia moral —al igual que la narrativa del sufrimiento en Beckert— funciona como un catalizador que nos permite seguir participando pacíficamente en el sistema. Consumir la crítica sustituye la necesidad de la acción política real.

De la crisis del orden neoliberal a la pérdida de futuro

En la última parte de su obra, Beckert señala correctamente que el modelo neoliberal está agotándose debido a la desigualdad insostenible y la crisis ambiental, derivando en autoritarismo.  No obstante, al carecer de un desglose de las contradicciones objetivas que impulsen una alternativa, su diagnóstico queda suspendido en la incertidumbre. Es aquí donde Fisher aporta la pieza faltante: la crisis del neoliberalismo no produce automáticamente una revolución porque el Realismo Capitalista ha cancelado el futuro. Al no teorizar el colapso del sistema desde sus contradicciones materiales (como exige el marxismo), la crisis contemporánea que Beckert describe se experimenta bajo la óptica de Fisher: no como el preludio de un mundo nuevo, sino como una lenta, ansiosa y autoritaria descomposición.

Conclusión

Desnaturalizar el capitalismo exige comprenderlo no como un orden abstracto que se agota por sí mismo, sino como un campo de batalla histórico sostenido por la violencia de los opresores y la resistencia de los oprimidos. Al conectar el violento origen colonial expuesto por Beckert con la parálisis cultural descrita por Fisher, queda en evidencia que el «realismo capitalista» no es un destino inevitable, sino una estrategia de dominación ideológica diseñada para desarmar a la clase trabajadora. Por lo tanto, las fisuras del sistema no son simples fallas estructurales; son los espacios donde la lucha de clases debe reactivarse, transformando el malestar contemporáneo en una fuerza colectiva capaz de sepultar un orden económico que solo ofrece explotación y colapso.


[1]  Beckert, Sven (2001): “The Monied Metropolis: New York City and the Consolidation of the American Bourgeoisie, 1850–1896” Cambridge University Press N.Y.

[2] Beckert, Sven (2016): “El imperio del algodón: Una historia global” Ed. Crítica

[3] Beckert, Sven (2026): “Capitalismo. Una historia global” Ed. Crítica

[4] Mark Fisher, Mark (2016) “Realismo capitalista ¿No hay alternativa?” Ed. Caja Negra

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.