Partido Feminista de España
Somos el único partido feminista y marxista que ha resistido desde el 8 de marzo de 1981 hasta el día de hoy. Hemos sido testigos de cómo han surgido multitud de partidos de izquierdas que han ido desapareciendo en menos de dos legislaturas. Somos conscientes de que este sistema democrático solo permite pequeñas reformas en mejora de los pobres: no está diseñado para transformar nada, sino para gestionar la miseria y enriquecer a unos pocos. También hemos sido testigos de la creación de partidos feministas que solo tenían como objetivo los derechos de las mujeres en su programa y que tampoco resistieron la lucha encarnizada en cuanto otros temas y asuntos de Estado e internacionales querían ser tratados. El Partido Feminista de España sigue aquí porque su visión y su programa engloban tanto la lucha de la clase trabajadora como la lucha por la emancipación de la mujer. Por eso no queremos mejorar este sistema: queremos uno nuevo.
La doble explotación de la mujer
La mujer sufre dos opresiones: la explotación del capital y la opresión del patriarcado. Se entrelazan y se refuerzan: es explotada en la fábrica y en casa, produce valor y reproduce gratis la fuerza de trabajo. Por eso su explotación es más profunda que la del hombre trabajador.
La emancipación de la mujer no puede ser un apéndice de ninguna otra lucha. No basta con derribar el capitalismo si el patriarcado permanece; no basta con reformas de igualdad si el capitalismo sigue intacto. Hace falta una organización propia, con la mujer como sujeto político, que luche en los dos frentes.
Esa organización es la que necesitamos construir.
Hoy se cierran las candidaturas. La nuestra no está. Y no es una derrota: es una constatación.
No nos presentamos porque todavía no tenemos la fuerza organizada que hace falta para disputar el poder de verdad: millones de afiliadas, base teórica sólida de la militancia y disposición revolucionaria. Presentarnos sin esas condiciones sería legitimar un sistema que no es el nuestro.
El fracaso de la izquierda institucional
Durante ocho años, un gobierno que se decía «de izquierdas» ha gestionado el capitalismo sin transformarlo: políticas sociales limitadas, continuidad en lo fundamental y desmovilización de las masas. La socialdemocracia no es una alternativa al capitalismo: es una forma de gestionarlo. Y lo ha hecho además abrazando la «ideología woke» en su versión más funcional al sistema: la que convierte las demandas de igualdad en nichos de mercado, en políticas de gestos y en fragmentación de la clase trabajadora. Porque al capital no le interesa una clase unida: le interesa una clase dividida en falsas identidades que compiten entre sí. La socialdemocracia y sus partidos satélites ha gestionado esa división en lugar de combatirla.
Lo que nos enseñan Luxemburgo y Lenin
Luxemburgo nos enseñó que el parlamento puede ser una tribuna de agitación y educación, no un espacio para reformas graduales. Lenin nos advirtió contra el «izquierdismo infantil» de rechazar por principio toda participación institucional: hay que combinar todas las formas de lucha y usar cada coyuntura para educar a las masas.
La lección conjunta: no se trata de votar o no votar por principio, sino de usar cada coyuntura para avanzar en conciencia y organización.
¿Debemos votar?
No defendemos ni la abstención pasiva ni el «no votéis» sin más. Tampoco ceder un milímetro a la derecha ni al capital. Dejar el terreno libre a los reaccionarios traerá más dolor y más miseria, y las mujeres serán las primeras en sufrirlo: mutuas gestionando bajas, recortes en pensiones mínimas, privatizaciones aceleradas.
Esta campaña es una tribuna de agitación y educación. Ningún partido con representación parlamentaria defiende de verdad a la clase trabajadora.
Nuestra tarea
No hay atajo institucional. La tarea urgente no es elegir entre las opciones que nos imponen, sino seguir construyendo la nuestra: un partido comunista y feminista, revolucionario, fuertemente organizado y centralizado, capaz de derrocar políticamente a la derecha y a los reformistas y de abrir una transformación real: servicios públicos garantizados, fin del expolio de lo común, poder para la clase trabajadora y para las mujeres.
Lo tenemos que construir nosotras, desde abajo, con paciencia, disciplina y formación política.
¿A quién votar este 29N?
El sistema electoral está diseñado para que nada cambie. Pero esta vez los reaccionarios van a por todas: quieren privatizar todo lo poco que nos queda. Cada cual debe votar con libertad, pero nuestro voto no puede ir a quienes gestionan el capitalismo ni a quienes quieren profundizarlo. Debe ir a la candidatura que más coincida con la ideología del PFE: la que defienda de verdad los derechos de las mujeres, los servicios públicos, la soberanía popular y los intereses de la clase trabajadora.
No votamos por siglas. Votamos por coherencia.
Pero nuestro horizonte no es este 29N, sino el día después. Por eso, más allá de dónde deposites tu voto, te pedimos que te comprometas con la construcción del partido que hará innecesarias estas elecciones: únete al PFE.
Los puntos esenciales de nuestro programa
- Igualdad real entre mujeres y hombres: fin de la brecha salarial, socialización de los cuidados, lucha contra la violencia machista.
- Abolición de la explotación sexual y reproductiva: prostitución, pornografía, vientres de alquiler.
- Servicios públicos y bienes comunes: sanidad, educación, cuidados, vivienda, salud mental.
- Justicia social y económica: socialización de sectores estratégicos, banca pública, reforma fiscal, reducción de jornada.
- Democracia y justicia popular: transparencia, revocatorio, auditoría de la deuda.
- Republicanismo: abolición de la monarquía, República Socialista, control popular de los medios.
- Soberanía e internacionalismo: salida de la UE y la OTAN, desmantelamiento de bases, internacionalismo proletario.
- Antimilitarismo y paz: no a la guerra, desinversión en armamento, desarme nuclear.
- Unidad de la clase trabajadora: solidaridad internacionalista, lucha contra toda opresión, un solo enemigo: la burguesía.
- Educación pública, cultura, soberanía alimentaria y protección de la infancia y de la integridad de las personas.
Hagamos posible lo que hoy no existe: la unión de la clase trabajadora y de las mujeres.
La derecha y los reformistas no van a detenerse. La única forma de derrotarlos es construir la alternativa que ellos temen: una organización fuerte, con base teórica, con miles de mujeres y hombres dispuestos a luchar por la emancipación de la clase trabajadora y de la mujer.
Esa organización es el Partido Feminista de España. Un partido que reconoce que la mujer está doblemente explotada y que, por eso, no puede ser un partido comunista más: tiene que ser comunista y feminista, capaz de luchar en todos los frentes.
Pedimos compromiso. Únete. Milita.
Por un Partido Feminista de España fuerte, organizado y revolucionario.
Por la emancipación de la clase trabajadora y de la mujer.








