El enfoque europeo de la IA y la soberanía digital, Francesca Bria y la ilusión del EuroStack

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Juan López Páez

Bajo la retórica de la «autonomía estratégica» de la UE y el humanismo tecnológico, subyace un límite de clase geográfico. Las propuestas de la economista italiana Francisca Bria de proteger los derechos del ciudadano-consumidor occidental ignora deliberadamente que la infraestructura digital de la UE se sostiene sobre el extractivismo material y la superexplotación de las periferias del Sur Global.

Desde una perspectiva marxista alejada del eurocentrismo y el sesgo liberal occidental, el análisis de las columnas en el periódico La Vanguardia de la economista italiana Francesca Bria, directora del EuroStack [1] en el CEPS (Centre for European Policy Studies), think tanks con sede en Bruselas, representa una radiografía ideológicamente atrapada en las contradicciones de la socialdemocracia: creer que el algoritmo puede subordinarse al procomún digital [2] sin expropiar los medios de producción digital a la burguesía tecno-financiera.

Hay que tener en cuenta que desde la perspectiva marxista, el procomún digital es la expresión contemporánea del General Intellect (el intelecto general o conocimiento social acumulado por el trabajo colectivo) [Marx, Grundrisse], el cual es producido socialmente pero cercado y expropiado privadamente por el capital. El materialismo histórico sostiene que, bajo el modo de producción capitalista, el procomún digital es una ilusión jurídica y una superestructura ideal si se desvincula de su base física. Si la infraestructura material (servidores, cables transoceánicos, fundiciones de chips) sigue bajo la propiedad de la burguesía tecno-financiera, el procomún no emancipa a la sociedad, sino que funciona como una cantera gratuita de externalidades positivas: una fuente de datos e innovación liberalizada que las corporaciones absorben, subsumen y cercan metabólicamente para la extracción asimétrica de plusvalía y la reproducción del capital monopolista de Estado

En sus artículos, Francesca Bria cartografía la consolidación de lo que denomina la «Pila Autoritaria» (The Authoritarian Stack), describe con precisión quirúrgica cómo firmas de la talla de Palantir, Anduril o SpaceX han dejado de ser meros proveedores comerciales para absorber las funciones soberanas del Estado burgués tradicional. Ya no asistimos simplemente a la extracción de plusvalía a través de la vigilancia de datos; asistimos a la captura corporativa de las infraestructuras críticas de defensa, telecomunicaciones y sanidad por parte de una renovada burguesía tecno-financiera atlantista.

El brillante diagnóstico de F. Bria encalla tan pronto como pasa de la radiografía a la propuesta política. Al amparo del estudio del soberanismo tecnológico yproyectos como EuroStack en la UE o el municipalismo de plataformas de código abierto [3], sus tesis resucitan la vieja quimera socialdemócrata: la ilusión de que el capitalismo monopolista de Estado puede ser domesticado mediante directivas regulatorias y humanismo tecnológico, es un retorno a la socialdemocracia de la IIª Internacional, un «Kautskismo Digital» para modificar la gestión sin tocar la propiedad. Para el materialismo histórico, el núcleo de la traición de Kautsky fue separar la gestión política del Estado de la dominación económica de clase. Kautsky creía que el aparato del Estado burgués era un instrumento neutral que la clase obrera podía «tomar» y reorientar.

Bria aplica este «fetiche de la neutralidad» a las plataformas. Propone crear un procomún de datos (Digital Commons) o un capitalismo de plataformas regulado, pretendiendo obligar a los monopolios financieros a democratizar sus algoritmos, al igual que Lenin criticó a Kautsky en El Estado y la revolución por no comprender que el Estado burgués debe ser destruido, Bria no comprende que la infraestructura digital monopolista de Silicon Valley no puede ser «humanizada» ni reformada por ley: está diseñada metabólicamente para la acumulación del capital y el sometimiento de clase.

Nick Dyer-Witheford, teórico de la comunicación y académico británico-canadiense cuya ideología se adscribe al enfoque especializado del ciber-marxismo, es uno de los pensadores fundamentales para comprender cómo la informática, las redes de datos, los videojuegos y la inteligencia artificial se insertan dentro de la lucha de clases contemporánea, contraponiéndose al reformismo de Francesca Bria.

En sus obras más recientes, como Cyber-Proletariat (2015) e Inhuman Power (2019), contextualiza y analiza las propuestas políticas de los nuevos “populismos de izquierdas” y el capitalismo de plataformas; critica un procomún digital (Digital Commons) gestionado de forma amable mediante regulaciones estatales dentro de la Unión Europea.

F. Bria comete exactamente ese error metodológico en el plano digital. En sus columnas de La Vanguardia, plantea que el avance de la infraestructura tecnológica (las fuerzas productivas) genera la necesidad objetiva de una soberanía digital. Su solución es la acumulación institucional: dictar regulaciones desde el Parlamento Europeo, dotar a los municipios de herramientas de participación y construir el proyecto EuroStack. Bria cree ilusoriamente que se puede legislar pacíficamente desde los despachos de Bruselas

Nick Dyer-Witheford contrapuesto a F. Bria analiza cómo la Inteligencia Artificial y la robótica están creando un proletariado global profundamente precarizado (desde los moderadores de contenido en el Sur Global hasta los repartidores de plataformas). Rechaza el optimismo tecnológico liberal y el institucional: afirma que la IA bajo el capitalismo funciona como capital constante automatizado diseñado para deprimir los salarios y desapoderar a la humanidad, convirtiendo al planeta en una máquina de acumulación asimétrica. Para el materialismo histórico, el código no flota en el vacío ideológico; brota de una base material de cables transoceánicos, servidores y chips cuya propiedad no se democratiza con leyes de Bruselas, sino que se expropia mediante la lucha de clases.

1. La nueva «acumulación por desposesión” y la infraestructura como propiedad privada

F. Bria sí acierta al describir el «Complejo Tecnológico Autoritario» y a magnates como Elon Musk, revela cómo la soberanía estatal ha sido capturada por la lógica corporativa. Pero en términos marxistas, lo que ella describe no es una anomalía política, sino la evolución natural de las fuerzas productivas bajo el capitalismo monopolista de Estado.

La infraestructura como propiedad privada: Cuando F. Bria [4] advierte que satélites (Starlink), nubes de datos e IA de defensa (Anduril, Palantir) controlan a los Estados, está describiendo cómo la burguesía tecno-financiera se ha apropiado de los nuevos medios de producción y distribución digitales.

-En los contextos occidentales, la gobernanza de datos (GD) suele sustentarse en un modelo de propiedad hegemónico, en el que los propietarios y proveedores de servicios e infraestructuras de recopilación de datos ejercen un control de facto sobre los datos generados, Como señala Bruno Carballa Smichowski [5], no existe una solución regulatoria universal para la gobernanza de datos si no se alteran las condiciones de financiación y la propiedad material. Separar la gestión política (superestructura) de la dominación económica (estructura) es una traición metodológica, demuestra económicamente que no existe una solución única (one-size-fits-all) para la gobernanza de datos. Explica que los modelos de «procomún de datos» (data commons) o la negociación colectiva de derechos digitales suelen fracasar bajo el capitalismo si no se alteran las condiciones de financiación y la propiedad material de la infraestructura técnica que procesa esos flujos de información, sirviendo principalmente a los intereses corporativos y afianzando patrones de desigualdad preexistentes.

2.  El sesgo occidental: El chovinismo del bienestar europeo, la ilusión de la «Tercera Vía»

El principal límite teórico de Bria, visto desde el marxismo es su eurocentrismo institucional o «chovinismo del bienestar» como acuñó Lenin al hablar de la aristocracia obrera. F. Bria dirige el  EuroStack en el CEPS de Bruselas, una iniciativa sobre la soberanía digital de Europa que busca una «autonomía estratégica» para Europa frente a EE. UU. y China. El marxismo no occidental desvela que esto es una fantasía de la aristocracia obrera europea, bajo la premisa de la «autonomía estratégica» y el proyecto EuroStack, subyace un límite ideológico insalvable: pretender salvaguardar los derechos digitales del ciudadano-consumidor occidental ignorando que la infraestructura de la UE sigue sostenida sobre el extractivismo y la superexplotación material de las periferias globales.

 El bienestar, los derechos digitales y la privacidad que Bria defiende para los ciudadanos de la Unión Europea dependen históricamente de la superexplotación del Sur Global (la extracción de litio en Sudamérica, cobalto en el Congo para las baterías de servidores, y la externalización del trabajo precario de moderación de contenidos en el sudeste asiático).

Su propuesta de «socialismo digital» municipalista confunde la superestructura regulatoria con las relaciones de producción. El capital monopolista de Estado no es una estructura maleable por la vía jurídica; la contradicción de clase inscrita en las fuerzas productivas digitales solo se resuelve rompiendo la lógica de la acumulación privada. El capital monopolista de Estado no se democratiza mediante marcos regulatorios sino expropiarlaspara ponerlas al servicio de la planificación social

 3.  El axioma burgués de la equidistancia: el fetiche de la neutralidad y el falso calco anti-chino 

Al equiparar el modelo de Silicon Valley con el «distópico modelo chino», Bria cae en el sesgo geopolítico occidental. Ignora que, desde una perspectiva materialista, el modelo de control de datos en China mantiene la subordinación del capital tecnológico del Estado, impidiendo que milmillonarios individuales capturen la soberanía nacional, a diferencia de la captura corporativa total que ocurre en Occidente. Oculta que, en el modelo asiático, las plataformas digitales no dictan las leyes del desarrollo, sino que se subordinan a la dirección centralizada del Estado, el cual disciplina al capital privado para alinearlo con las necesidades materiales de la sociedad y la soberanía del país. Con las infraestructuras  que sostienen el ecosistema digital  el modelo de economía de mercado socialista de China  no recurrió a la expropiación clásica o destrucción total de las empresas privadas como Alibaba o Tencent, sino a un mecanismo de subordinación del capital privado a la planificación centralizada.

Es en la delimitación geopolítica donde los artículos de Francesca Bria exhiben de forma más nítida sus deudas con el relato atlantista liberal. Al intentar trazar una «tercera vía» para el EuroStack europeo, Bria recurre al cómodo axioma burgués de la equidistancia: equipara de manera simétrica el «totalitarismo de Silicon Valley» con el «modelo de control de Pekín». Esta pirueta teórica no solo incurre en el viejo vicio del falso orientalismo occidental —que juzga los procesos asiáticos con el anteojo de la superioridad cultural eurocéntrica—, sino que comete un severo error de análisis materialista. Confunde la técnica con las relaciones de producción.

Bajo el capitalismo monopolista de Estado en Occidente, asistimos a una captura corporativa de la soberanía. Los milmillonarios tecnológicos y sus fondos de inversión subordinan los aparatos estatales, fagocitando la defensa, las telecomunicaciones y la inteligencia en beneficio de la acumulación privada. En la República Popular China, la ecuación material es la inversa. Desde que en 2020 Pekín declarara formalmente a los datos como un «factor esencial de producción» —elevándolos al mismo estatus estratégico que la tierra, el trabajo o el capital—, el control y la infraestructura digital nacional no se entregaron al libre albedrío del mercado, sino que se integraron en la planificación centralizada del Estado.

Cuando el PCCh disciplina a sus gigantes tecnológicos o despliega planes estatales como la estrategia Eastern Data Western Computing —orientada a equilibrar el desarrollo de la infraestructura de datos en las regiones rurales postergadas—, no está operando bajo la lógica del beneficio financiero de una junta de accionistas. Está ejerciendo la subordinación del capital en el bloque geopolítico asiático. Mientras que en los Estados Unidos los algoritmos privatizados fragmentan y desarticularizan el espacio público, la Infraestructura Nacional de Datos en China se diseña como una capa fundacional para el desarrollo de las fuerzas productivas sociales. Equiparar ambos modelos bajo la etiqueta abstracta del «autoritarismo digital» es un fetiche ideológico; una concesión táctica que oculta que, en el modelo asiático, el capital tecnológico permanece rígidamente supeditada al interés público del Estado, impidiendo precisamente que la soberanía nacional se convierta en un activo corporativo transnacional.

4.  La contradicción socialdemócrata: Regular el capital sin disolverlo

“El jurista imagina que opera con principios apriorísticos, mientras que estos no son más que reflejos económicos”.                           F.Engels. Carta a Conrad Schmidt 1890

El análisis de notas y libros de Bria bajo la lente del materialismo histórico desvela identificar características pero con una profunda limitación estructural. Bria propone democratizar los datos convirtiéndolos en «procomún de datos (Digital Commons) gestionados por el Estado o municipios. Para el marxismo, el procomún digital en el sistema de producción capitalista es una ilusión jurídica si no se tocan las relaciones de producción. Los marxistas señalan que el código y los datos compartidos (el General Intellect) siempre terminan siendo cercados, privatizados y subsumidos por el capital para extraer plusvalía, a menos que la clase trabajadora expropie la base física e industrial (servidores, redes y centros de datos) que sostiene ese procomún.

En sus publicaciones Francesca Bria opera como una brillante «reformadora de los bienes comunes«. Sus artículos y notas son herramientas para entender la peligrosidad del fascismo tecnológico contemporáneo. En el libro “Ripensare la smart city (2018) analiza de forma crítica el modelo corporativo de las Smart Cities y propone un marco para construir alternativas desde las bases ciudadanas, devolviendo el control de las infraestructuras urbanas a los municipios.

En el libro de 2022, “Server Manifesto: Data Center Architecture and the Future of Democracy” [6] explora la dimensión física del capitalismo digital: los centros de datos, éstos son para el mundo digital lo que antes eran los castillos: la sede del poder. Debate cómo la arquitectura y la propiedad material de estas «fábricas de la nube» condicionan de manera directa el futuro de los sistemas democráticos.

En su obra más reciente de 2026 “The EuroStack” [7] articula la necesidad industrial y civil de que la Unión Europea desarrolle de manera urgente un ecosistema tecnológico y soberano propio frente a la dependencia extranjera. Sin embargo, su propuesta carece de una perspectiva revolucionaria internacionalista: busca proteger los derechos del ciudadano-consumidor europeo dentro de las fronteras de la fortaleza de la UE, sin proponer el desmantelamiento global de la propiedad privada sobre las tecnologías que hoy esclavizan digitalmente a toda la humanidad.

No se puede legislar en la superestructura lo que no se posee en la base material. El control del futuro no es un problema de gestión. La tentativa de Bria es un intento de voluntarismo de reformar lo irreformable,  propone «regular» y «desacoplar» servicios, pero mientras la propiedad de las grandes fábricas de código, el hardware y la infraestructura básica sigan bajo la lógica de la acumulación capitalista global, el Estado burgués europeo terminará cediendo ante las leyes del mercado. Cambiar la gestión de los datos (la superestructura) sin expropiar la propiedad privada de las corporaciones tecnológicas (la estructura económica) es solo un paliativo cosmético que no altera las relaciones de producción. La contradicción de clase inscrita en la infraestructura digital contemporánea no se resolverá con voluntarismo municipalista ni directivas de Bruselas, solo se resolverá cuando la clase trabajadora global entienda que el control del futuro no es un problema de gestión o de superestructura jurídica, sino un acto de expropiación material mediante la lucha de clases.


[1]EuroStack: grupo de presión y codiseño de políticas públicas (blueprint). Cuenta con el respaldo político del Comité de Industria, Investigación y Energía (ITRE) del Parlamento Europeo y está respaldado por una coalición que agrupa a más de 250 empresas tecnológicas locales, académicos y estados miembros de la UE.

[2] Definido como un modelo de gestión de recursos compartidos (como datos, código o software) que no pertenecen ni al Estado (propiedad pública tradicional) ni a las empresas privadas (propiedad privada), sino que son producidos, protegidos y administrados de manera directa y colectiva por una comunidad bajo reglas democráticas y de beneficio mutuo

[3] Evgeny Morozov y Francesca Bria:(2018) “Repensar la ciudad inteligente Democratizar la tecnología urbana”

[4] Bria, Francesca (2018): “A New Deal for Data”. En Economics for the Many, editado por John McDonnell, Loc. 2694-2839. London: ed. Verso

[5] Carballa Smichowsk, Bruno (2019) “Alternative Data Governance Models: Moving Beyond One-Size-Fits-All Solutions”, Intereconomics, vol. 54, n.º 4, julio de 2019, págs. 222–227. https://dl.acm.org/doi/epdf/10.1145/3715335.3735456

[6] Maak, Niklas y Bria, Francesca (2022) “Server Manifesto: Data Center Architecture and the Future of Democracy”. Hatje Cantz Text Book 12

[7] Bria, Francesca (2026) “The EuroStack” Casa dei Tre Venecia

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