Las naranjas podridas del cesto

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Por Karina Castelao

Esta es la semana grande de las Fiestas del Orgullo.

El miércoles se dio el pistoletazo de salida con el pregón en la plaza de Pedro Zerolo (ese gayaliado que no dudó en traicionar al feminismo, al que decía que tanto le debía, cuando propició la regularización de la compra de bebés mediante la instrucción del 2010), para continuar con actividades tan reivindicativas como la Carrera de Tacones o la gran cabalgata del sábado que va a retransmitir RTVE como hace con la de Reyes.

No sé dónde queda la reivindicación de derechos más allá de portar alguna que otra pancarta pidiendo asesinar a feministas o que se regularice la explotación sexual de las mujeres. Y es que el Desfile del Orgullo (que no manifestación) ya no se diferencia en nada del de Carnaval más allá de la necesidad de abrigarse en Madrid en febrero, preocupación que en julio no se tiene y que debe de ser la razón de ir todos los varones del colectivo casi en pelotas.

El caso es que la Fiesta del Orgullo también acapara los medios. Aparte de la retransmisión de la cabalgata del sábado (algo que jamás se hizo con una manifestación del 8M aun juntándose en la capital en el 2018 a casi un millón de personas), la celebración transarcoiris también abre telediarios e inunda las redes sociales hasta el punto de que ha opacado por completo el asesinato machista de una mujer en el Rincón de la Victoria del que seguro, salvo las feministas, no habíais tenido noticia alguna, ¿verdad?

Porque es tan «alarmante» la violencia y discriminación que sufre el colectivo en España en comparación con la que sufrimos las mujeres (u otros grupos poblacionales), motivo de su hiperrepresentación, que por eso nuestro país se ha aupado al primer lugar en respeto de los derechos LGTBIQ+ en Europa, mientras en el último lustro ha descendido 20 puestos respecto a la seguridad y bienestar de las mujeres.

Y de todas las discriminaciones y violencias que sufre el colectivo, la más grave es la sufrida por las personas trans y queer, en concreto, por los varones autodeterminados «mujer trans», a los que se les pretende prohibir hacer deporte y se les niega ir al baño en una suerte de maniobra cruel y despiadada que les va a condenar a la obesidad y a la cistitis.

Hace unos días recogí un post que venía a decir que el mal llamado lenguaje inclusivo lo único que hacía era excluir a las mujeres: «La ironía del lenguaje «inclusivo» es que literalmente deshace décadas de trabajo que las feministas hicieron para incluir a las mujeres y la palabra mujer en el campo de la ciencia. Ahora volvemos a ser llamadas «personas con úteros» y «personas gestantes» como si fuéramos una versión defectuosa de los hombres». Horas más tarde llegó una horda de transaliados a decirme que estaba ejerciendo violencia transfóbica e interfóbica al asociar útero y gestación con mujer.

Yo personalmente estoy harta de los transaliados en redes sociales. Son como la naranja podrida que acaba pudriendo al resto. Y con transalidos me refiero a los hombres y alguna mujer alienada que hacen una defensa numantina de los deseos, que no derechos, de las personas trans anteponiéndolos a los de las mujeres, a las que luego tienen la poca vergüenza de llamar privilegiadas.

Excluyo de ello a los transactivistas, que serían personas transmasculinas o transfemeninas que hacen activismo pidiendo por lo suyo igual que, un suponer, hacen los toreros pidiendo por matar toros para ganar pasta.

Aquí me refiero a esos hombres, heterosexuales la mayoría, que en su puñetera vida se han acordado de lo discriminadas que estaban las mujeres hasta que aparecieron las «lesbianas con pene». O a la mujeres que no pueden deconstruir su socialización femenina y se ven impelidas a sacrificarse y relegar sus demandas por las de cualquier persona que haya nacido varón y que diga sufrir más.

Es subir un post sobre cualquier tema feminista donde se defiendan los derechos de las mujeres basados en sexo y sin haber mencionado tan siquiera la palabra «trans» que ya vienen como un hongo a infectarlo todo con su discurso victimista y manipulador. 

Que si «el auténtico borrado de las mujeres es el que sufren las mujeres trans asesinadas».

Pues no sé, manolo, pero, al menos en España, de entre las más de 1.350 víctimas de violencia de género contabilizadas desde que hay registros (más 70 menores), solo UNA ha sido una «mujer trans» (que no debería estar incluida en la estadística), y 8 más han sido asesinadas en los últimos 20 años en reyertas callejeras en entornos de prostitución incluso por otras «mujeres trans», con lo que las cuentas de borrado no me cuadran. No digamos ya en países como México donde se producen 10 feminicidios diarios mínimo y hay zonas enteras en las cuales se extermina sistemáticamente a las mujeres, y de donde ni me atrevo a hacer una comparativa.

Que si «el negarles la identidad provoca suicidios».

Pues no sé, manolo, pero la principal causa de suicidio entre adolescentes es el bullyng y la presión social en redes y entorno, y, como en adultos, la depresión. Y no se da precisamente entre chavales que se autodeterminen de otro «género», sino que el acoso se produce con gran diferencia en otros grupos discriminados por criterios tan aleatorios como la raza, la personalidad, la envergadura corporal o incluso la orientación sexual. Es más, la mayoría de los intentos de suicidio entre personas autodeterminadas trans se llevan a cabo después de la «transición», no antes.

Que si «son solo un 1% de la población y ese porcentaje no afecta a nadie».

Pues no sé, manolo, pero si te toca a ti ser la exmujer de Candy (antes Cándido) y no puedes entrar en el sistema VIOGEN porque tu expareja se ha cambiado registralmente de sexo a pesar de haber sido maltratada durante muchos años por él (ahora ella), y te encuentras sin derecho a medidas de protección, o si eres la chavala de instituto en Escocia, que acaba con infecciones de orina o deja de ir a clase cuando tiene la regla por negarse a compartir lavabo con chavales de su edad que se siente chica, pues igual ese 1% no te parece tan insignificante.

Que si «se está criminalizando a las ‘mujeres trans’ y las mujeres ‘cis’ tampoco son seres de luz».

Pues no sé, manolo, pero desconozco porqué extraña razón, en España han aumentado hasta un 700% el número de mujeres violadoras con penetración en los últimos 4 años, a no ser que tengan pene para violar, algo posible desde la aprobación de las leyes trans autonómicas que, desde antes del 2022, ya permitían el cambio de sexo registral solo con decirlo previo a insignificante trámite judicial. Salvo, como explican en Píkara, que a las lesbianas, así de repente en estos últimos tiempos, se les haya dado por ponerse violentas e introducir palos por los orificios del cuerpo a sus parejas sexuales. O porqué en Reino Unido los datos oficiales del ministerio de justicia recogen que la mayoría de las «mujeres trans» presas (60%) lo están por agresión sexual frente a solo el 17% de los presos hombres y el poco más del 2% de presas mujeres.

Así que, manolo, si vas a venir a redes a verter tu discursito contramujeres, demostrando una vez más lo que es la fratría o, dicho en bruto, que entre bomberos no os pisais la manguera, ahórratelo porque yo, al menos, te lo voy a impedir. Mi activismo es feminista, no de propaganda machista y misógina.

Y tú, maricarmen, quiérete un poco. Que ni putera gracia te va a hacer si a ti, o a alguna mujer cercana, la mandan a pastar en el curro enel momento de renovarle el contrato o solicitar un ascenso ante una «mujer trans» que no tiene posibilidades de embarazarse ni coger baja por menstruación. No vaya a ser que, como en Australia, haya quien pretenda aprobar una ley que impida la discriminación por embarazo en las empresas e incluya a las «mujeres trans» en ella.  

1 COMENTARIO

  1. Y yo, desde mi atalaya de bollera, es que no le quito ni una coma a lo escrito. Si acaso añadiría algo, pero seguro que me meto en un lio judicial por sugerir soluciones… digamos polémicas.

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