Por Candela Aguilar
Últimamente pienso que ser queer debe ser entretenidísimo ya que tienen una agenda muy completa de actividades y eventos que ya quisiéramos las feministas. Desde grupos de ayuda, de lectura, para coser (sí, para coser, visto con mis propios ojos), de bailes de los más diversos estilos, de defensa personal. También he visto carteles de recitales de poesía queer, exposiciones fotográficas, pases de documentales, fiestas, conciertos, festivales… Un amplio y diverso abanico de opciones culturales que si algo tienen en común son los maravillosos carteles llenos de colores y dibujos con personas con cabeza de animal y de hombres con tetas. Con frases tan elocuentes como “espacio para pensar otras formas de habitar el mundo” porque claro, la manera tradicional, la de la gente de común, es mediocre y aburrida. Pero, a ver, ¿soy a la única que le pasa que cuando veo escrita la palabra “trans*” busco a pie de página la nota de la autora?
Tú ves esos carteles y te imaginas lugares llenos de seres etéreos, que levitan en vez de caminar, y que están aquí para dar amor. Te los imaginas como seres divinos, como faunos, con cuerpo de personas y cabeza de animal (aunque eso a mí me sigue sonando raro) sin que eso importe. ¿Quién no querría estar allí? Yo alguna vez he pensado en ir a uno de estos eventos y decir que me siento a veces persona y a veces cocodrilo (por lo de la cabeza de animal) y formar parte de ese colectivo tan guay, que, aunque sea el más perseguido de la historia del mundo mundial (no vamos a negar que eso también tiene su puntillo) ocupa todos los focos de la atención mediática e institucional a un nivel casi nunca visto en la historia.
A raíz del 8M, hablaba con unas amigas de que el feminismo tiene que ser abolicionista porque si no, no es feminismo y una de ellas me dijo que antes de tomar partido le gustaría escuchar la otra parte. ¿Escuchar la otra parte? Pero si estamos intoxicadas con el dogma transgenerista, si está por todas partes. Los Javis con su película ganadora en Cannes, las series y contenido de las cadenas de televisión, los artículos de la prensa. Aquí las únicas silenciadas somos nosotras. Pero claro, ellos han jugado una baza muy buena, la mejor. La de los derechos humanos y apelando al “buenismo” (nadie quiere estar en contra de los derechos humanos, aunque los derechos humanos de las mujeres se pisoteen continuamente) han conseguido que opinar o tan siquiera pensar que todo esto puede ser un engaño te convierta automáticamente en el mismísimo demonio, y nadie quiere ser el malo de la película.
Lo más gracioso es que nadie se ha creído el cuento de que el sexo se asigna al nacer. Sería muy fuerte que nos hubiésemos tragado esa bola. O sea, no negamos el sexo, pero seguimos manteniendo que hay diversos géneros, entonces ¿por qué se empeñan en decir que se puede cambiar de sexo? ¿Por qué nos es más fácil asumir como sociedad que una niña se corte los pechos y que se diga chico que el hecho de que sea lesbiana o de que le guste llevar el pelo corto? ¿Cómo podemos aceptar que un señor que se llama Bob y que tiene pelos en sus genitales diga que ahora se llama Betty y que se siente una niña de 8 años y utilice los mismos espacios que nuestras hijas?
Pero además es que esos seres de luz, esos que buscan otras formas de habitar el mundo no predican precisamente amor y menos aún para con las feministas. Como muestra el ataque sufrido por Feministes de Catalunya a raíz de la muerte de un chico que se autoidentificaba como mujer a manos de su expareja. Feministes (asociación de la que orgullosamente formo parte) denunció el crimen aunque apuntando que no se trataba de un feminicidio. Pues el odio no se ha hecho esperar, las mismas personas que nunca convocan actos para rendir homenaje a las asesinadas o pedir cuentas al Estado por su pasividad, no han tardado en sacar la artillería pesada para atacar a esta asociación que lleva años luchando por una vida digna y libre de violencias para todas las mujeres. Si queréis tener más información podéis consultar el comunicado publicado en su blog.
Pero estamos acostumbradas a eso, a amenazas de muerte, cancelaciones, boicots… No van a conseguir callarnos. El feminismo es el movimiento social que más avances sociales ha conseguido, no solo para las mujeres sino para la sociedad en general y cada victoria ha sido lograda por la lucha incansable de mujeres. Mujeres que lo han dado todo por todas nosotras ya que como dijo Simone de Beauvoir «El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente».








