La anhelada unidad de la izquierda

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 Lidia Falcón

Cuando se cumplen noventa años del Frente Popular, que unió a todos los partidos y sindicatos republicanos, y que ganó las elecciones del 16 de febrero de 1936 vuelve a oírse y a publicarse la reclamación de la unión de la izquierda. El oportunista de Gabriel Rufián inicia la campaña que todavía no se sabe si será aceptada por el conjunto de grupúsculos que se autocalifican de izquierdas y que hasta ahora han dado soporte al gobierno del PSOE. Lo que no se explicita es el objetivo de esa alianza. Como repetía nuestro recordado Julio Anguita “programa, programa, programa”. No se sabe cuáles son los de la alianza que propone Rufián, teniendo en cuenta que éste representa el independentismo más añejo de la burguesía catalana, alianza que le ha resultado muy rentable para quien llegó a Cataluña desde la España profunda y de ser un “charnego” ha pasado en convertirse en diputado aclamado.

En esta España troceada las izquierdas aceptan que se defina como tal a quien pretende desunir aún más a las clases  trabajadoras. Nadie quiere recordar que Marx definió el nacionalismo como “un invento de la burguesía para dividir al proletariado”. Nadie recuerda la consigna de “proletarios del mundo uníos” que difundió la Internacional. Hoy es aceptable para los “progresistas” que vascos, catalanes, gallegos y andaluces sean nacionalidades diferentes y distintos sus propósitos cuando se enfrentan al gobierno central, que en resumidas cuentas son los de las burguesías que pretenden recibir más apoyo económico que el resto de los españoles.

Mientras, resulta muy desconfiable el programa que proponga esta nueva unión de la izquierda si en esa alianza han de estar  las organizadoras de la perfomance de Sumar con su líder Yolanda, que aparte de tener micrófonos para soltar discursos triviales desorbitados en los que promete un futuro maravilloso, no ha tenido más objetivo en sus años de ministerio económico que subir unos cuantos euros el salario mínimo profesional, y el cantamañanas de Iglesias y su montaje populista ya fracasado. ¿Y qué podemos esperar de las dirigentes Irene Montero, Ione Belarra y su pasión por el delirio queer?

Estos grupos que se reclaman de izquierda no dicen una palabra de la República, con lo que toda coincidencia con el Frente Popular es imposible. Estos partiditos producto de la farsa de la Transición, que tienen la desfachatez de reclamarse de izquierda cuando nunca ha salido de su boca la exigencia de proclamar la II República que tan sangrientamente nos arrebataron, ni son capaces de condenar la monarquía y a su corrupto representante que sigue paseándose por España como el territorio que considera propiedad suya,  y de exigir que se le juzgue por corrupción y traición, como hizo la república con su abuelo, Alfonso XIII, declarado en el juicio  rey felón.

 ¿Qué objetivos se propone esa coalición de izquierda si pudiese llegar a gobernar? Estos farsantes que iban a conquistar el Cielo ni aún son capaces de exigir nuestra salida de la OTAN, aceptan el presupuesto de 28.000 millones de euros para compra de armamento a EEUU, y en parte a Israel, como explicaba tranquila y orgullosamente Margarita Robles hace unos días. Ni aún son capaces de romper las relaciones políticas y comerciales con Israel tras el genocidio de Gaza.

Gobernados por la CIA, como ahora lo está Venezuela, resulta un insulto a la inteligencia plantear una alianza de izquierdas a los mismos partidos que llevan más de una decena de años apoyando los presupuestos del PSOE donde nunca se encuentra el propósito de dedicar cantidades semejantes a las de armamento para la sanidad, la educación, la construcción de vivienda social, necesidad que España padece desde el fin de la Guerra Civil, y que se va haciendo cada vez más grave. Ni una palabra sobre las carencias de producción que nuestra entrada en la Unión Europea nos ha provocado, mientras el turismo es el único sector que se mantiene, a pesar del pequeño valor añadido que se obtiene con él, para recibir a los jubilados alemanes en nuestras playas y que la UE nos permite,  y somos únicamente compradores de la producción europea, estadounidense y china.

Se deberían seguir añadiendo necesidades y soluciones a ellas si realmente los que lo proponen pretenden presumir de ser representantes del pueblo trabajador. ¿Y qué decir del feminismo que representan cuando han sido capaces de aprobar la Ley Trans, que es el caballo de Troya del Movimiento Feminista y está ocasionando las más insólitas y permanentes tragedias en las víctimas de ella?

Imaginar que ese sea el programa de la alianza de izquierdas no sólo entristece sino que indigna. Es preciso que el Movimiento feminista participe del proyecto planteando sus reivindicaciones y exigencias, que se haga un análisis sincero sin falsedades de la verdadera situación económica de las clases trabajadoras, que se denuncie y se impida la acumulación sin freno del capital en las grandes corporaciones nacionales e internacionales, que a su vez eluden el pago de impuestos a tenor de sus beneficios. Que se dispongan las reformas legales imprescindibles para frenar la masacre de la violencia machista, y abolir la prostitución y los vientres de alquiler, entre las demandas más urgentes para la protección de las mujeres y los niños.

Si este fuera el proyecto de la alianza de izquierdas el Partido Feminista formaría parte de él, y aportaría su caudal de conocimiento, de afiliadas y afiliados, de experiencia y de posibilidad de difusión del objetivo. Pero tememos muy fundadamente que a los promotores del proyecto no les interesa precisamente nuestra aportación. Porque como se ha demostrado en estos tristes años de reconstrucción de la izquierda en la Transición, tanto a los nacionalistas como a los comunistas que han participado en el apoyo a los gobiernos del PSOE, lo único que les interesa es alcanzar alguna cartera ministerial.

Es una infamia que esa conducta de IU, el PCE, Podemos, Sumar, Más Madrid, etc. etc. sea considerada de izquierda, gracias a haberse arrimado a la protección del PSOE al que sostienen.

El Frente Popular de 1936 no merece semejante conmemoración, después de haber sostenido la resistencia al ejército fascista durante tres interminables años, y que todos sus dirigentes hayan tenido que exiliarse ante la derrota.

No habrá izquierda en España hasta que los puntos básicos de sus propósitos sean los que he señalado. Y esto es un aviso  a navegantes, ante la ingenua ilusión que puedan abrigar los deslumbrados por el llamamiento de Rufián. Son muchos los engaños que nos han arrebatado la capacidad de análisis y de reorganización de las fuerzas revolucionarias, como describo en mi último ensayo “La Filosofía del engaño” , y hora es llegada la de despertar tanto del miedo como de la ilusión.

 Ilusión que no llevará más que al cansancio que ya padecemos, después de medio siglo de fingir que se creaba la unidad de la izquierda, cuando los llamamientos a la unidad únicamente conduzcan a discursos gastados que acabarán en la desaparición del proyecto por falta de apoyos del pueblo traicionado como ha sucedido con Izquierda Unida, Podemos, Sumar, y todos los que un vez alcanzado el poder ministerial se han dedicado a alimentar proyectos vacuos adornados de discursos rimbombantes que no han podido convencer al electorado agotado.

         Madrid, 13 febrero 2026.    

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