El 2 de diciembre de 1823 el Presidente de EEUU, James Monroe, en su mensaje al Congreso anunció el principio de no intervención europea en América Latina, lo que conocemos hoy bajo el nombre Doctrina Monroe.
Aquel entonces, la Doctrina fue un principio de la política exterior estadounidense que no permitía la intervención de potencias europeas en los países en el hemisferio occidental y significaba el apoyo de Washington a la independencia latinoamericana con la postura «América para los americanos», rechazando el colonialismo y el modelo de las monarquías europeas, dicha indignante y patética frase refleja la realidad mundial actual, identifica la política global de Estado por parte de EEUU.
La Doctrina Monroe fue elaborada por John Quincy Adams (1767-1848), aunque popularmente es atribuida al presidente James Monroe (1758-1835) presentada por éste último al Congreso de la Nación en su sexto Discurso sobre el Estado de la Unión
Dicha doctrina viola cualquier orden jurídico internacional «occidental» que no esté supeditado a la guerra permanente y al estado de excepción, pretende ser legitimada por una retórica arcaica y fundamentalista, los antecedentes se remontan a 1630, en tiempos de las migraciones de colonos británicos al territorio americano, uno de los principales ministros de la puritana Nueva Inglaterra, el sacerdote John Cotton afirmó: “Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a librar, legalmente, una guerra con ellos y a someterlos”.
EEUU abrazó la Doctrina Monroe porque aún no poseía la fuerza militar para defenderse de la presencia de Estados europeos en países de la región. Temía que intentaran recuperar las colonias perdidas con el apoyo de la Santa Alianza (la alianza de monarquías europeas, creada después de las guerras napoleónicas para mantener el orden monárquico y reprimir los movimientos revolucionarios).
Al inicio, la Doctrina no tuvo mucha repercusión en Latinoamérica. Así, EEUU no actuaba frente a la ocupación británica de las islas Malvinas en 1833, o frente a la ocupación española de la República Dominicana entre 1861 y 1865, así como la intervención de Francia en México en 1838–1839.
Posteriormente, EEUU justificó la Doctrina Monroe con sus intervenciones en Latinoamérica y su expansión por el hemisferio. Las llamadas enmiendas de los diferentes gobiernos estadounidenses modificaron la Doctrina. Fue entonces cuando el Presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) estableció un nuevo corolario para la Doctrina Monroe: EEUU podía intervenir en los asuntos internos de una nación latinoamericana si esta cometía faltas flagrantes. El Presidente, Rutherford B. Hayes (1877-1881) también hizo su propia interpretación de la Doctrina Monroe, cuando declaró a Centroamérica y el Caribe como región de influencia exclusiva de EEUU Entonces ya era clave el control de Nicaragua y Panamá como pasos estratégicos para realizar el comercio entre el Pacífico y el Atlántico.
En otro momento importante de su política expansionista, en 1898, EEUU intervino a favor de las independencias de Cuba y Puerto Rico, colocando a las islas caribeñas bajo su tutela.
Durante la Guerra Fría, la Doctrina Monroe también se hizo presente en dictaduras y golpes de Estado. Para frenar el avance del comunismo, Washington intervino y apoyó golpes de Estado como en Guatemala, dictaduras de Chile y Argentina, dio su apoyo a los «Contras» tras la Revolución en Nicaragua de 1979. También promovió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de 1947 para actuación conjunta ante amenazas a la paz en el continente.
Como idea de la cooperación multilateral regional en el hemisferio occidental y el diálogo y la acción conjunta, en 1889 se creó la Unión Panamericana, que se convirtió en el antecedente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), bajo fuerte influencia de Washington. En 1962, Washington desempeñó un papel clave en la adopción de la OEA de la decisión de suspender a Cuba de la organización.
Tras la Guerra Fría, la Doctrina Monroe se mantuvo a través de las instituciones diplomáticas, organismos económicos y ayuda humanitaria. En 2013, el Secretario de Estado, John Kerry, declaró ante la OEA el fin de la Doctrina Monroe, pero Washington siguió influyendo en la región, uno de los ejemplos eminentes fue su injerencia flagrante en los asuntos internos de Venezuela.
Muchos expertos coinciden en que en el transcurso de estos 202 años la Doctrina Monroe nunca ha dejado de existir. Actualmente, el Presidente de EEUU, Donald Trump, retomó la Doctrina Monroe en su discurso. Con las amenazas abiertas al Gobierno soberano de Venezuela, el retorno de la «diplomacia de cañonero” al Mar Caribe y su postura hacia el Canal de Panamá. Asimismo, se ha convertido en una práctica habitual la imposición de Washington de sus preferencias en las campañas electorales de varios países de América Latina, inclusive previo a las elecciones celebradas en Argentina y Honduras.
El Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, sobre la aplicación de la Doctrina Monroe en la actualidad:
«Se está creando una impresión persistente de que los Estados Unidos y el «Occidente colectivo», completamente subordinado a ellos, han decidido proyectar globalmente la Doctrina Monroe. Son planes tan ilusorios como extremadamente peligrosos, pero esto no detiene a los ideólogos de la nueva edición de la «Pax Americana«»







