Por Pilar Aguilar Carrasco
Antes, las hordas patriarcales intentaban acallarnos llamándonos machorras, locas, feas … Comprobaron que así no conseguían minar nuestra determinación. Se asesoraron con lo más expertos Spins doctors y cambiaron de táctica: Ahora nos atacan usurpando nuestro nombre, sustituyendo la agenda feminista por un refrito con “todos los males de la tierra”.
O sea, el 8M ya no es el día de lucha por los derechos de las mujeres sino el día de lucha contra el racismo, la xenofobia, el cambio climático, los animales y, si se tercia, las restricciones del transporte público… y, sobre todo, muy sobre todo, la defensa de los derechos (o sea, de los privilegios) trans.
¿Actúan de forma recíproca el 20 noviembre, el 28 de junio, el 31 de marzo? (tres días dedicados a glorificar el transactivismo). Por supuesto que no. En ninguno de esos días se acuerdan de las mujeres y, ni mucho menos, se les ocurre clamar contra nuestros asesinatos y violaciones. No exigen que se ponga coto a la pornografía, que se eduque en igualdad, que se castigue a los puteros, que se persiga la compra-venta de bebés y el uso comercial del cuerpo de las mujeres en todas sus modalidades, que se atiendan los problemas específicos de salud, de pobreza, de explotación que padecemos.
Es más, en ninguno de esos tres días se acuerdan del cambio climático ni de la xenofobia, ni de la ley de extranjería, ni del racismo, ni de las personas discapacitadas, ni del paro, ni de los animales, ni de nada: solo de ellos, ellos, ellos y elles.
Y, manejan dinero a espuertas, por supuesto. Llenan las ciudades de banderolas y carteles, cuentan con los más poderosos altavoces mediáticos…
¡Menudos “supermarginados”! Menuda ganga pertenecer a esa “pobrecita y desgraciada comunidad” ¿a que sí?
Donde se pongan Elisabeth, Valeria, Karla y Carla, Mar, Jedet, Samantha, Amor,Elsa, Daniela, Lara, Marina, Abril, Ángela (uy, qué vulgaridad de nombre tiene este) y “todes les demés” que se quite Encarna, por ejemplo, con su anodina forma de vestir y de peinarse, con su marido abusador, su hijo adepto a la pornografía, su hija sometida a los deseos del noviete, su trabajo precario y mal pagado, su doble jornada, sus dolores de espalda, sus angustias… Encarna no tiene glamour ninguno. Sus derechos no merecen ni un día al año.
Y, a todo esto, el gobierno dedica un ministerio -llamado de Igualdad para mayor escarnio- a promover tales tropelías.
La desvergüenza es asombrosa: el 26 de febrero presumían de haber renovado el Pacto de Estado contra la violencia machista y ahora -solo unos días más tarde- publicitan promueven y apoyan con dinero y medios una manifestación cuyo mensaje es opuesto: que no condena la prostitución, ni los vientres de alquiler, que solo mienta la violencia contra las mujeres en medio de un totum revolutum de violencias heterogéneas.
Tal repugnante forma de actuar no puede ser solo producto de incoherencia mental. Es producto de un plan -muy estudiado- cuyo fin es destruir el movimiento feminista, dinamitarlo. No exagero: basta con cotejar datos y actuaciones con los de hace diez años. El abismo es descomunal.
Dice la ministra compungida “que es difícil concitar acuerdos» sobre la prostitución, que ya le gustaría a ella, pobrecilla… Pero vemos que el gobierno sí pacta a diestro y siniestro todo lo que le conviene. Un cinismo asombroso.
Y dice la ministra que “»liberar a la sociedad española de la violencia machista es prioridad». Pero no promueven educación feminista en los centros escolares sino demenciales protocolos trans. No hacen poderosas y constantes campañas contra la violencia machista (que, por supuesto, incluye la prostitución y los vientres de alquiler), no prohíben la pornografía violenta ¿acaso dejarían circular libremente vídeos de islamistas torturando a quienes no lo son? En cambio, llevan seis años con poderosísimas, constantes y sofisticadísimas campañas para convencer a la ciudadanía de que el sexo se elige y de que basta con que un maromo diga que se siente mujer para serlo. Han predicado entre las adolescentes que el malestar que sienten ante las exigencias patriarcales de belleza y sumisión no se debe combatir sino “curar” pasándose al «otro bando».
En resumen: respecto a la compraventa y al alquiler del cuerpo de las mujeres, solo emiten deseos. Respecto a la violencia, solo declaraciones. Respecto a la salud, ni eso. Respecto a las condiciones laborales y a la pobreza nos recuerdan que han subido el salario mínimo … (“Gracias, señorito, es usted muy bondadoso”).
Tremendo. Si hace unos años nos hubieran dicho que esto iba a pasar, no nos lo habríamos creído.
En resumen: sí, hay dos manifestaciones, pero solo una es feminista. ¡Y allí estaremos!








