Como cada año, como cada 25 de noviembre pero también como cada día, las feministas repasamos el listado interminable de las violencias contra las mujeres. Violencias que, lejos de disminuir, van aumentando su número con las nuevas formas que inventa el patriarcado de explotarnos, mientras siguen sin erradicarse las de siempre.
Ayer mismo otra mujer asesinada por su pareja, mientras nuestras jóvenes creen que la prostitución a través de una pantalla es empoderante o que si no se sienten “femeninas” deberían amputarse los pechos. Mientras las mujeres se han convertido en fantasmas dolientes en Afganistán o son masacradas junto a sus hijos en Gaza. Mientras nos vemos obligadas a celebrar que el matrimonio infantil haya dejado de ser legal en Colombia antes de 2025, mientras se inundan las redes de hombres que nos gritan “tu cuerpo, mi decisión”.
Apenas un puñado de los hombres que violan o asesinan mujeres pueden considerarse “monstruos”. La inmensa mayoría no lo son, están perfectamente integrados en la sociedad, son capaces de estudiar y de tener amigos, de trabajar y formar familias. ¿Y por qué es así? Porque es la sociedad la que está enferma, podrida desde la raíz, con cada cultura, religión, institución, infectadas por el patriarcado. Por la idea de que las mujeres somos apenas humanas, o de una categoría muy inferior que existimos únicamente para satisfacer cualquier deseo de los hombres.
Y cuando algo está tan imbricado en la sociedad a mucha gente le cuesta verlo, se percibe como algo inevitable, como un fenómeno natural, como la gravedad o la muerte. Los hombres no quieren verlo porque significaría renunciar a sus privilegios de dioses, y hay tantas mujeres que no quieren verlo porque es insoportablemente doloroso: pensar que has tirado tu vida por la borda por hombres que te consideran apenas mejor que un felpudo, que has parido a hombres que te desprecian, que los que te rodean como acaba de cantar ese “gran poeta” que es Quevedo, te ven como un agujero donde meterla.
Es tan horrible la realidad de ser mujer que resulta más fácil negarlo y sobrevivir como se pueda.
Son estas dos razones, la universalidad y lo traumático de la toma de conciencia, lo que explican la resistencia a las innumerables evidencias que el feminismo lleva siglos divulgando.
¿Cómo si no podríamos explicar la sorpresa por el caso Pelicot? Especialmente en un país (Francia) en el que ya tuvieron un violador en serie suelto durante 30 años porque nadie fue capaz de imaginar que era un campechano obrero y padre de familia, entrenador de fútbol infantil y amigo de policías. Pareciera que con cada caso similar que sale a la luz partiéramos, con el contador a cero, de una amnesia colectiva y muy conveniente que hace que tanta gente se lleve las manos a la cabeza, impactada porque los agresores no eran asesinos a sueldo o salvajes asilvestrados incapaces de vivir en sociedad.
Porque eran obreros, padres de familia, amigos de sus amigos, como lo son los que hacen “turismo sexual” para violar menores por todo el mundo; como lo son los que buscan “violar a tu madre” en la web para excitarse; como lo son los que llenan felices los prostíbulos porque para ellos violarnos es una fiesta; como lo son los muchos que confiesan (ojo, los que lo confiesan) que violarían a mujeres si supieran que no iba a tener consecuencias; como lo son los 50 acusados a los que les pareció estupendo que un señor pusiera a su disposición a su mujer drogada.
Gisèle es una mujer extraordinaria, y sin embargo no habría podido hacer lo que ha hecho sin todas las mujeres que antes que ella levantaron la voz y la inteligencia contra el machismo, al igual que, desde 2024, todas las mujeres del mundo nos apoyaremos en ella también, en su gigante dignidad y valentía, para seguir avanzando.
La historia de las mujeres y del feminismo siempre ha sido una historia colectiva, ninguna se salva sola y no podemos dejar a ninguna atrás. Por eso celebramos unos cinco minutos cada logro conseguido en cada lugar del mundo, para inmediatamente después volver a fijar la vista en las que siguen sometidas. Hoy es un día más y a la vez especial para seguir recordando todas las barbaridades que sufrimos por ser mujeres y para seguir exigiendo que se erradiquen. ¿Los interpelados? #AllMen








