¿Qué es y qué no es el BSW alemán? (II)

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Marcos Escamilla Sánchez

Parte 2 de 3: programa y posición en el tablero político alemán

En la primera parte de este artículo se ha presentado a la fundadora de la “Alianza Sahra Wagenkencht” así como el tipo de organización que es el BSW. A continuación, se hará un recorrido por los principales puntos de su discurso, para después contextualizar el papel del BSW en la política de la República Federal.

  1. ¿Qué defiende el BSW?

El BSW se percibe principalmente por su posición respecto a la guerra en Ucrania y a Rusia. Desde febrero de 2022, Wagenknecht ha sido la principal voz en la política alemana contra el envío de armas a Ucrania y a favor de una solución negociada. Desde octubre de 2023 defiende las mismas posiciones en relación a Israel.

También se opone a las sanciones económicas a Rusia por ser contrarias a los intereses económicos alemanes. El pilar de su propuesta económica es la vuelta a la importación de gas ruso a bajo precio de la era Merkel como motor de la industria nacional. Lejos de ser una excepción, la cercanía a Rusia es una posición muy extendida en el Este de Alemania, donde aún perviven muchos vínculos tanto culturales como económicos con países de la extinta URSS.

Aparte de «partido anti-guerra», el BSW es visto como partido «anti-inmigración» por su crítica a las fronteras abiertas. Wagenknecht señala con frecuencia la «inmigración masiva» como uno de los grandes problemas de Alemania. Desde 2015, la llegada de un gran número de refugiados de Oriente Medio, especialmente Siria, y desde 2022 también de Ucrania, ha llevado al límite a parte de la administración y gran cantidad de ayuntamientos, faltos de medios después de décadas de recortes y «déficit cero». Desde el principio de la llamada crisis migratoria, Wagenknecht ha defendido limitar la llegada de refugiados y frenar la inmigración irregular. La justificación es por un lado descargar a los ayuntamientos y facilitar la integración de quienes reciben asilo, ayudar a los países de origen frenando la fuga de cerebros, pero también la crítica los problemas que ella asocia a la «inmigración masiva»: problemas de convivencia, formación de guetos y sociedades paralelas, islamismo, «criminalidad», competencia por vivienda y servicios sociales… Wagenknecht aboga por la deportación de aquellos a quienes les sea denegado el derecho a asilo y de aquellos que, habiéndolo recibido, cometan delitos. Un punto central es la demanda de que las peticiones de asilo tengan que hacerse en países fuera de la UE, de forma que solo puedan cruzar la frontera comunitaria aquellos a quienes se les haya concedido este derecho.

La crítica a la migración y a los inmigrantes es muy controvertida en la izquierda, y hasta hace poco solo estaba presente en el discurso de la derecha. Sin embargo, la realidad institucional la ha relegado al «mainstream». Si bien el BSW es discursivamente más duro en materia migratoria que el SPD y los Verdes, sus propuestas coinciden con la práctica del gobierno federal que estos lideran y con el consenso de la mayoría de gobiernos de la UE, así como con la línea de la presidenta de la Comisión Europea Úrsula von der Leyen.

En política social, el BSW mantiene una posición socialdemócrata clásica: vuelta al Estado social fuerte de los años 70 y parte de los 80, mayor redistribución de la riqueza con subidas de impuestos a los «súper-ricos» y «milmillonarios», subida de las pensiones y del salario mínimo, mayor inversión en educación, pero también sanciones a aquellos que, pudiendo trabajar, reciban ayudas sociales sin buscar activamente empleo, hasta la fecha una de las reivindicaciones estrella de la CDU. Son favorables a una flexibilización (que no abolición) del «freno a la deuda» (Schuldenbremse) para financiar inversiones en infraestructura y servicios sociales.

Esta postura social se combina por el lado económico con un apoyo a la pequeñas y medianas empresas nacionales y mayor regulación e impuestos a grandes multinacionales, especialmente tecnológicas estadounidenses. En general, se podría caracterizar su línea económica como nacionalismo industrial, que aspira a restaurar el papel de la industria alemana del siglo XX. Principalmente se trata de sectores energéticamente intensivos, como el acero, la industria química y sobretodo la automovilística. En esta línea, el BSW apuesta por no quitar protagonismo al motor de combustión frente a la movilidad eléctrica para recuperar el liderazgo del sector automovilístico germano.

En el aspecto energético, su programa combina la crítica a la política climática “errática y burocratizada” de los Verdes y la Unión Europea con la crítica a las sanciones a Rusia como responsables del incremento del precio de la energía. Su principales apuestas son la «energía barata” (gas y petróleo  rusos) y la “apertura tecnológica» para encontrar una solución favorable a Alemania. Al igual que la crítica a la inmigración, la “apertura tecnológica” era hasta la fecha uno le los lugares comunes del discurso de la derecha. El concepto se refiere a que la política debería estar «abierta al desarrollo de nuevas tecnologías» que resolverán en pocos años la baja eficiencia y el nivel de emisiones de los motores de combustión. Dado que estas soluciones (combustibles alternativos, combustión de hidrógeno) están por inventar o bien mucho más lejos de la madurez que los motores eléctricos, la «apertura tecnológica» es en realidad un eufemismo para mantener la focalización en el diesel, tecnología en la que Alemania es líder, en detrimento de la electrificación del transporte. Además de su importancia económica, la discusión en torno al coche y su tecnología es en Alemania una importante lucha cultural.

Otro de los temas principales del BSW es la denuncia de las medidas aplicadas durante la pandemia (cierre de los colegios, incentivos a la vacunación y presión a los no-vacunados, confinamientos). Al contrario que en España, las muertes no juegan ningún papel en las discusiones alemanas sobre el covid. Por contra, el foco está en la crítica a las medidas anti-covid como excesos autoritarios y como limitación injustificada de libertades. El partido busca el reconocimiento de estos y de la responsabilidad de los principales actores políticos. Se trata, de nuevo, de posiciones que antes del BSW eran defendidas en exclusiva por la derecha y que gozan de bastante popularidad en el Este.

Por último, el BSW es abiertamente «anti-woke»: contrario a la política identitaria, el lenguaje inclusivo, etc. Denuncia la «cultura de la cancelación» y el protagonismo que parte de la izquierda concede a minorías «cada vez más rebuscadas» (en palabras de Wagenknecht).

  1. El BSW en el tablero político alemán

Tras cuatro elecciones en 2024 (europea y tres regionales en el Este), el BSW ha sido un éxito electoral. A grandes rasgos, consigue resultados similares a los de Die Linke en su mejor época en los feudos clásicos de la izquierda (Alemania del Este, incluida Berlín, y las ciudades-Estado de Hamburgo y Bremen). En el Este, ha logrado establecerse como tercera fuerza política detrás de CDU y AfD, con en torno al 15% de los votos tanto en la europeas como en las regionales. A nivel nacional queda en 5° lugar en las Europeas, con el 6.5% de los votos (en Alemania, la barrera para entrar en los parlamentos está en el 5%). A mediados de octubre, las encuestas le otorgan en torno al 8% en las generales.

La marca a batir son los resultados de Die Linke: su pico electoral fue 2009, con un 7.5% en las elecciones europeas y un 11.9% en las generales. En los Estados del Este, el BSW aún está lejos de ese pico. En Thüringen es del 28,2% en 2014 (BSW: 16%), en Brandenburgo, del 27% en 2009 (BSW:14%), y del 20% en Sajonia, también 2009 (BSW:12%). 

Sus resultados electorales hacen al BSW imprescindible para la formación de gobiernos regionales, bajo la condición de un pacto con CDU y SPD, abriendo la puerta a nuevas mayorías hasta ahora impensables. La CDU mantiene un autoimpuesto veto a Die Linke por su pasado comunista, lo que imposibilita una coalición entre la izquierda y la democracia cristiana. En el Este de Alemania, donde Die Linke mantiene representación en parlamentos regionales, este veto habría puesto a la CDU entra la espada y la pared: gobierno en minoría (extremadamente raro en Alemania) o ruptura del cordón sanitario a AfD. El partido de Wagenknecht supone un balón de óxigeno para las conservadores al permitir, al menos en teoría, formar mayorías sin aliarse con AfD pero manteniendo su veto a la izquierda “postcomunista”.

De materializarse, estas coaliciones podrían alterar el tablero político alemán pero sobretodo mostrarán hasta dónde es capaz de llegar en BSW tanto en su cohesión interna como en su capacidad de imponer sus demandas al bipartidismo. Wagenknecht ha dejado claro que el punto clave para formar esos gobiernos será incluir una mención a la solución diplomática de la guerra de Ucrania en el preámbulo a los acuerdos de gobierno. Este debe incluir también el rechazo al despliegue de misiles estadounidenses de largo alcance. Las negociaciones están en marcha. Los líderes regionales de CDU (Sajonia, Turingia) y SPD (Brandenburgo) que se postulan a presidir los gobiernos de coalición publicaron a primeros de octubre un artículo conjunto en el diario conservador FAZ pidiendo más esfuerzos por llegar a una paz negociada en Ucrania. En  Brandenburgo y Turingia han sido publicados los borradores de los susodichos preámbulos. En Turingia, cuya líder regional Katja Wolf se postula como principal contrapeso de Wagenknecht en el partido, el texto negociado con CDU y SPD está generando tensiones dentro del BSW por “alejarse demasiado de sus demandas originales”, según pesos pesados de la formación. Mientras tanto, en Sajonia, el apoyo parlamentario de diputados del BSW a una comisión de investigación sobre la politica anti-covid promovida por la ultraderecha,en paralelo a las negociaciones con SPD y CDU, llevó al SPD a una pausa en las negociaciones a finales de octubre. El 6 de noviembre, el BSW declaraba las negociaciones por fracasadas, culpando a SPD y CDU de no ceder en temas como la paz en Ucrania, la inmigración y las finanzas.

En el universo paralelo de la política federal, la precampaña electoral para las generales de septiembre de 2025 ya está en marcha. Wagenknecht , cuyo verdadero objetivo son esas elecciones, ha generado titulares regularmente exigiendo a la CDU en Sajonia (hasta la ruptura de negociaciones)  y Turingia que se distancie del curso atlántico de su dirección federal si quieren el apoyo de su organización. También la CDU juega a dos bandas: mientras la supervivencia política de sus líderes regionales depende del BSW, los líderes  conservadores Friedrich Merz (presidente del partido y candidato a canciller) y Markus Söder (presidente de Baviera) marcan distancia, denunciando a Wagenknecht como «socialismo en Chanel» (o en Prada, según la ocasión), incompatible para un gobierno. Algunos piden incluso un veto contra el BSW similar al que existe contra Die Linke, pese a que complicaría enormemente las opciones del partido en el Este. Irónicamente, se escuchan tonos similares de la CDU hacia otro partido del que con más probabilidad pueden depender para formar gobierno tras las generales: los Verdes.

Más allá de CDU y SPD, Sahra Wagenknecht se posiciona en clara oposición a los Verdes, a los que identifica como el partido «más hipócrita, incompetente y peligroso» del parlamento. Ellos son la única formación con la que el BSW mantiene una oposición verdaderamente frontal. Los Verdes personifican todo aquello que el BSW crítica: pro-UE, pro-OTAN, anti-Rusia, pro-Israel, «woke», pro-coche eléctrico… Irónicamente mientras las bases de los verdes se han caracterizado históricamente por apoyar la política de fronteras abiertas, la práctica de su política migratoria actual es más cercana a las posturas del BSW, lo cual ha resultado en numerosas tensiones internas. Por su parte los Verdes tachan al BSW como un partido “marioneta de Putin” y autoritario.

Una línea similar siguen los medios de comunicación respecto a Wagenknecht. Los mismos que durante años le han ofrecido un altavoz más que a cualquier otra persona de Die Linke, la denuncian ahora como «marioneta rusa”. La televisión pública y la mayoría de medios han cerrado filas frente a la tesis de que Wagenknecht está, conscientemente o no, al servicio de las posiciones del Kremlin y del «campo autoritario». En los medios es presentada casi exclusivamente respecto a su posición en el eje «OTAN-Rusia» y no tanto por sus propuestas en política económica o social. Por su parte, ella ha sido tradicionalmente crítica del estamento periodístico, entre otras cosas por su afinidad a los Verdes, a la vez que parte activa de la política mediática.

En paralelo a su postura anti-verde, el BSW critica que el cordón sanitario a AfD no ha dado resultado y propone una nueva estrategia para relacionarse con la extrema derecha. En lugar de un rechazo fundamental a cualquier posición que venga de AfD, declaran que se conocetrará en «el contenido» tanto para el ataque como para la cooperación. Si AfD plantea posiciones que el BSW comparta (por ejemplo, fin de exportación de armas a Ucrania o la ya mencionada investigación sobre la pandemia), no serán rechazadas solo por venir de la extrema derecha. A la vista de que tras 10 años de cordón sanitario el apoyo a AfD no para de crecer, el BSW se propone entrar en la confrontación abierta con sus argumentos.

Un elemento central en las tesis de Wagenknecht es que no existe una «ola reaccionaria» per sé, sino que la izquierda ha ido abandonando la protesta y dejando las posiciones «sensatas» a la extrema derecha. Wagenknecht ve AfD de forma diferenciada: por un lado denuncia el fascismo de Björn («Bernd») Höcke, del ala más próxima al nazismo, por otro tiene cierta sintonía con la líder de AfD, Alice Weidel, del ala neoliberal. Esta sintonía no impidió a Wagenknecht arrinconar a Weidel en un debate televisado a mediados de octubre, denunciando las posiciones más extremas presentes en su partido.

Cómo será en el futuro la relación con Alternativa por Alemania es una de las grandes incógnitas. Esta incógnita ha costado por ejemplo las dimisiones de dos altos cargos provenientes de Die Linke en la organización regional del Sarre. La causa: que la dirección del BSW en su Estado no negara categóricamente una potencial cooperación con AfD. Esta ambigüedad tiene además una importancia estratégica ya que el BSW espera debilitar a AfD recuperando a parte del electorado tradicional de la izquierda que actualmente vota a la extrema derecha.

Una vez vistas sus principales posiciones, especialmente en relación con los demás actores del escenario político alemán, la tercera y última parte de este análisis muestra quiénes son, hasta la fecha, los votantes del BSW y sus motivaciones.

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