Lucía Muñoz
Finalizado el verano y ya entrados de lleno en el curso electoral, esta podría ser la estrategia del PSOE: dejar caer determinados espacios para conservar el Gobierno. Y la vivienda parece llamada a ser uno de esos escenarios. Veamos.
La UE y el Capital (si es que existiera diferencia) necesita que el PSOE de Sánchez siga al frente del Gobierno para continuar garantizando la paz social —ni una huelga general desde 2012— mientras avanza con sus políticas neoliberales. Estando dictados desde Bruselas y quienes la manejan la mayoría de los estrechos márgenes en los que se decide la política española —sus normas fiscales, techos de gasto, reglas de mercado o la condicionalidad de los fondos europeos de orientación neoliberal—, las acciones de este PSOE se han venido diferenciando de las de PP o Vox únicamente por la elección de las batallas culturales de tercer o cuarto nivel y por esa sedante retórica pseudoprogresista que ni ataca en realidad la estructura ni tan siquiera sus síntomas.
Pero a Sánchez no le salen los números. No puede aspirar a gobernar en solitario. Necesita de la izquierda caniche, que ha cumplido durante la última década una doble función: disputar al PSOE parte de su electorado, pero al mismo tiempo, y esto es clave, proporcionar los votos necesarios para que los de Sánchez puedan gobernar.
Como ya señalara Marx en su «18 Brumario de Luis Bonaparte», la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa, de modo que, igual que sucedió con los entonces aupados y ahora fusibles quemados de Iglesias y Díaz, la aritmética más básica vuelve a indicar al PSOE que solo podrá seguir gobernando con una muleta «a la izquierda de la izquierda [sic]».
Montero, Rufián, García, Delgado, Urtasun, Bustinduy: gracias por participar, pero marchad, la candidata que se adivina es Ada Colau. Su mochila es pesada, pero podría parecer menor que la de sus adversarios y su trayectoria política nació precisamente de uno de los conflictos sociales que hoy vuelven a ocupar el centro del debate y que el sanchismo podría estar dispuesto a ceder: la vivienda. El PSOE al servicio del Capital necesita resucitar a la izquierda trampantojo para poder gobernar y que nada cambie.
Así que durante los próximos meses los medios de comunicación —esto es, las grandes corporaciones— llevarán en sus portadas fingidos beefs entre la candidata y acólitos del PSOE —Sánchez no se manchará las manos—, intentando que los malmenoristas y huérfanos de verdadero socialismo conecten emocionalmente con ese sucedáneo de izquierda, un «nuevo» frente que en realidad blanqueará a este gobierno liberal para hacerlo parecer del lado de la clase trabajadora.
De ahí la desproporcionada repercusión de la tragedia de Maricarmen, un grave caso de violencia institucional que se repite en realidad a diario y a decenas por todo el Estado (más de 272.000 desahucios desde que gobierna este PSOE). Inaugurado el curso electoral, el drama de esta anciana ha sido instrumentalizado y aupado excepcionalmente a primera plana no ya para señalar a la derecha de Ayuso y Martínez-Almeida —como una inicial lectura podría hacernos pensar— sino para dejar hueco a la nueva líder de esa izquierda anestesiante y adocenadora que bien podría ser Colau.
Sea quien sea finalmente la candidata, no será este ya solo un matrimonio de conveniencia, será de contención y al dictado del Capital.
«Del tronco de esta derrota florecerá la victoria futura»
— Rosa Luxemburgo (1919)








