Hay Partido (2)

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Plataforma de opinión Hay Partido, propuesta de tesis para el próximo congreso (anterior aquí)

El documento político, titulado «Hay Partido«, constituye una propuesta estratégica para el XXII Congreso del PCE que aboga por recuperar la independencia ideológica frente a la deriva institucional.

El texto realiza un diagnóstico crítico de la última década, señalando que la subordinación a proyectos electorales y la participación en el gobierno han debilitado la identidad revolucionaria y la organización interna. Se analiza la estructura de clases en España, la crisis de la vivienda y las tensiones imperialistas globales para argumentar que el capitalismo actual agrava la explotación de la clase trabajadora. Ante este escenario, la propuesta exige un retorno al marxismo-leninismo y al centralismo democrático, priorizando la presencia del partido en los centros de trabajo y barrios.

La paradoja que define nuestra década: abres el periódico y los titulares celebran cifras macroeconómicas de «récord», pero cierras el diario, miras tu cuenta bancaria y la realidad te golpea con una frialdad matemática. Existe una desconexión profunda, casi esquizofrénica, entre el crecimiento del PIB y la asfixia cotidiana en los barrios. La vida se ha convertido en una carrera de obstáculos donde llegar a fin de mes no es una meta, sino un ejercicio de equilibrismo frente a una precariedad que ya no es coyuntural, sino el paisaje invisible de la nueva normalidad.

El documento no debe leerse como una mera recopilación de tesis internas, sino como un laboratorio de ideas crítico. Es una brújula para entender por qué, mientras la economía «funciona», la clase trabajadora siente que el suelo se hunde bajo sus pies. No es mala suerte; es un diseño preciso de extracción de valor que el análisis comunista desbroza para devolvernos una capacidad de síntesis que la urgencia del día a día nos suele robar.

5 puntos sobre el nuevo mapa del poder: lo que el futuro nos depara se ponen sobre la mesa

  1. ¿Adónde va la riqueza que generamos?

Esa sensación persistente de «no llegar a fin de mes» a pesar de trabajar las mismas o más horas no es una percepción subjetiva ni un bache pasajero. Es la realidad de un sistema operando sobre un terreno material de degradación para la mayoría. Mientras los telediarios celebran datos macroeconómicos de crecimiento, la cesta de la compra y el alquiler actúan como un mecanismo de succión de las rentas del trabajo. No estamos ante una crisis de gestión, sino ante una modernización tecnológica que actúa como cortina de humo para el truco más viejo del capitalismo: la extracción intensiva de plusvalía.

Para entender la trampa en la que estamos sumergidos.

1. La brecha de la desigualdad: Producimos más, pero el capital se queda con el pastel

España atraviesa un proceso de digitalización que ha disparado el Valor Añadido Bruto (VAB) por trabajador, pero esa riqueza se desacopla sistemáticamente de los salarios reales. Si observamos el «cruce de la muerte» en los márgenes empresariales vemos una inversión cruel: durante el periodo 2021-2022, los beneficios empresariales adelantaron por la derecha a los salarios, situándose hoy los márgenes en un 52,2% del VAB frente al 47,8% de las remuneraciones.

Los puntos clave sobre el saqueo de la riqueza social son:

–Extracción de plusvalía: El capital ha compensado cualquier caída de rentabilidad aumentando la explotación. Trabajamos más eficientemente, pero el retorno de ese esfuerzo se concentra en la cúspide.

–Concentración obscena: El 1% más rico de la población ya posee el 26% de la riqueza total, mientras que el 50% más pobre apenas se reparte un agónico 8,7%.

–Acumulación patrocinada por el Estado: El crecimiento macroeconómico actual no es «magia de mercado», es acumulación de capital patrocinada por el Estado. Se han ejecutado tres transferencias masivas de fondos públicos (fondos COVID, transición verde y defensa) que han ido a parar directamente a manos privadas sin generar control público ni soberanía estratégica.

– La vivienda: del derecho constitucional al «tributo de clase» y desposesión.

El fenómeno que vivimos no es solo una «subida de precios», es una re-proletarización masiva. El documento arroja un dato devastador para demostrarlo: más de la mitad de las compraventas de viviendas hoy se realizan sin hipoteca. Esto significa que las familias trabajadoras no están comprando casas; son los fondos de inversión y rentistas con liquidez quienes adquieren el suelo, compitiendo con nosotros en una carrera que ya está ganada de antemano por el capital.

La brecha es insostenible: en la última década, mientras los salarios subían un tímido 21%, el precio de compra escalaba un 47% y el del alquiler un asfixiante 85%.

“A través de la renta de alquiler, de la hipoteca, la especulación inmobiliaria y el turismo, la vivienda deja de ser el derecho a tener un techo bajo el que vivir a ser un tributo de clase que se paga cada mes.»

La vivienda se ha convertido en el principal mecanismo de transferencia de rentas desde la clase trabajadora hacia los rentistas, obligando al 20% de las familias con menos ingresos a dedicar más del 70% de su sueldo solo a mantener un techo.

  1. El control de la economía real

Para entender por qué el precio de tu cesta de la compra sube mientras el salario se estanca, hay que mirar a los fondos ETF. No son números abstractos; son el instrumento que permite que algoritmos en Nueva York o Londres parasiten la economía real española. Estos fondos gestionan ya 13,3 billones de dólares —una cifra que iguala la producción anual de toda la Eurozona— y su volumen de activos se ha triplicado en apenas seis años.

Este «capital ficticio» domina el IBEX-35. En gigantes como Inditex, cerca del 8% ya pertenece a Vanguard y BlackRock. No son «inversores», son dueños invisibles que exigen rentabilidad inmediata a costa de nuestra estabilidad laboral.

  1. El espejismo del Gobierno de Coalición: Crecimiento sin reparto

 Se ha gestionado la crisis, pero no se ha transformado la estructura. Vivimos una paradoja cruel: durante el mandato de un gobierno progresista, se ha producido un incremento de la plusvalía extraída a los trabajadores. Mientras los márgenes empresariales vuelan, el peso relativo de los salarios en la riqueza nacional ha caído.

España no es solo una periferia dependiente; el capital español está viviendo su propia «modernización» agresiva. Ha pasado de ser un subordinado del capital centroeuropeo a ser un participante activo en el reparto del pastel global, expandiéndose especialmente en Latinoamérica. Se ha consolidando un ciclo de acumulación que la gestión socialdemócrata no ha querido o no ha podido frenar.

  1. La farsa del capitalismo verde: Austeridad para el obrero, negocio para la élite

El documento es tajante: el «capitalismo verde» es una entelequia. El sistema choca contra los límites físicos de un planeta finito donde ya se han rebasado 7 de los 9 límites planetarios. El petróleo no es un insumo más; es el eje indisociable del modo de producción capitalista. Ante el declive de su extracción barata, el capital no busca salvar el planeta, sino pilotar una «reestructuración forzosa a través de la violencia».

Esta transición institucional impone una austeridad energética dirigida exclusivamente contra la clase trabajadora:

–Exclusión urbana: Zonas de bajas emisiones y normativas punitivas que expulsan al trabajador de los centros.

–Consumo de élite: Se fomenta un vehículo eléctrico inalcanzable para un salario medio mientras se degrada el transporte público. Esta gestión que presenta la supervivencia climática como un bien de lujo, es precisamente lo que empuja a sectores de la clase obrera hacia opciones reaccionarias. Ante la falta de una alternativa de clase, la frustración es capitalizada por la extrema derecha.

  1. El fin de la burbuja atlantista y la subordinación energética

En el plano internacional, asistimos a la decadencia del bloque atlantista (EE.UU. y la UE). Europa ha renunciado a su soberanía, aceptando una subordinación energética y militar total respecto a Washington. El documento señala episodios de guerra híbrida, como la destrucción del gasoducto Nord Stream, como ejemplos de cómo se vulnera la soberanía de los pueblos para beneficiar a las transnacionales estadounidenses. Es momento de romper con el militarismo que hoy financia con dinero público el rearme bajo el mandato de Úrsula von der Leyen en la UE

Sobre el ascenso de los BRICS, el análisis huye de idealismos: no son una alianza antiimperialista romántica, sino una competencia entre estados capitalistas. Sin embargo, esta pugna multipolar fractura la hegemonía neoliberal de los últimos 35 años y abre brechas tácticas que el movimiento obrero debe aprovechar.

“La contradicción capital-vida alcanza en este momento histórico una relevancia absoluta: o el capital devasta las condiciones de posibilidad de la vida humana, o la clase trabajadora toma el control de los recursos estratégicos.”

Conclusión: superar el «monocultivo institucional»

Nos enfrentamos al «monocultivo institucional» y ser el apéndice de la última «plataforma electoral de moda«, el ilusionismo electoral ha agotado su recorrido. Mientras la política se convierte en un espectáculo de confrontación verbal vacía en el Congreso, la realidad material de los barrios sigue degradándose bajo el peso de la financiarización y el despojo inmobiliario. Reconstruir el horizonte pasa por volver a los centros de trabajo, allí donde el capital realmente extrae el valor. La gestión en el gobierno de coalición ha demostrado que las reformas parciales son insuficientes si no se toca la estructura de poder ni se frena la acumulación por desposesión.

La estrategia debe volver a las raíces: enraizarse en los barrios y centros de trabajo para construir una fuerza propia. Los límites físicos del planeta y la agresividad del capital financiero nos sitúan ante una disyuntiva histórica. ¿Es posible reformar un sistema que necesita empobrecernos para sobrevivir, o el horizonte exige una ruptura revolucionaria que recupere la soberanía sobre nuestros recursos estratégicos? La respuesta no está en los despachos, sino en la capacidad de la clase trabajadora para volver a ser el sujeto de su propio destino.

Es hora de recuperar una estrategia propia de clase profundamente anclada en nuestras necesidades materiales. El objetivo final es superar el mero reformismo para construir un proceso constituyente que conduzca hacia una república socialista, alejándose de la estabilización del régimen actual.

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