El 30 de julio de 2026, cerca de 50.000 personas cruzaron la frontera entre Marruecos y Ceuta en menos de 24 horas. Una ciudad de 80.000 habitantes se vio de repente con una marea humana entrando por tierra, por mar, por donde pudiera. El Gobierno español, según parece, no vio venir la cosa. Los servicios de inteligencia no dijeron nada. Nadie dio la alarma. Y ante semejante operación de magnitud militar, la respuesta fue la pasividad. Cero contundencia. Cero disuasión. Nada.
Ahora bien: planteo esto como hipótesis, porque en este país es peligroso decir ciertas cosas sin matizarlas lo suficiente como para que no te censuren, pero creo que hay elementos suficientes para sostenerla. Lo que pasó en Ceuta está más que claro que no fue una emergencia humanitaria migratoria. Fue una operación diseñada para provocar una respuesta violenta de España, filmarla, viralizarla y construirla como narrativa de Estado colonial represivo ante los organismos internacionales. Una trampa. Y la pregunta es si España no cayó en ella por inteligencia estratégica o por pura y simple ineptitud. Mi apuesta es la segunda, pero eso no cambia el hecho de que, por acción u omisión, no cayeron.
Vamos por partes, que las cosas hay que hilarlas.

El contexto: Sánchez y la cuenta pendiente con el imperio
Pedro Sánchez se ha pasado los últimos meses haciendo algo que a ciertos actores internacionales no les hace ninguna gracia. Primero fue el reconocimiento del Estado de Palestina. Luego, ciertos movimientos respecto a Irán que, aunque puramente performativos —porque lo de Sánchez no es convicción, es marketing electoral—, de cara a algunos interlocutores son bien recibidos y reconocidos. Y finalmente, la reunión de alto nivel con Argelia el 20 de julio, donde se habló de energía, de cooperación y de frentes comunes. Argelia, que es amiga de Rusia y por tanto, en la lógica simplista de Trump y su entorno, enemiga del imperio. Pero no solo eso, además Argelia es enemiga histórica de Marruecos.
Todos estos movimientos ya habían sido tomados nota por Washington y por los socios sionistas. La operación estaba en marcha. Solo faltaba el trigger.
El trigger: La “cumplecoronación” del rey satrapa
Ese trigger fue el discurso del Día del Trono de Mohamed VI, el 29 de julio de 2026, en Tetuán. Veintisiete años de reinado del monarca que el pueblo marroquí no eligió pero que los occidentales tratan como un aliado estratégico. Al día siguiente, 30 de julio, se abrieron las compuertas. Marruecos, que funciona como proxy de EEUU en el norte de África, repitió la maniobra que ya había probado años atrás, pero esta vez con una magnitud brutalmente superior. No hablamos de miles: hablamos de 48.300 personas documentadas, prácticamente el 60% de la población de Ceuta, cruzando una frontera supuestamente vigilada.
La trampa: lo que querían conseguir
Mi hipótesis es la siguiente: la única forma de que esta operación se convirtiera en un éxito rotundo era que España respondiera con violencia desproporcionada. Que el mundo viera imágenes de guardias civiles golpeando a personas desarmadas, de militares disparando, de fronteras manchadas de sangre. Esos vídeos habrían dado la vuelta al planeta en cuestión de horas.
Sin embargo, eso no ha ocurrido con otros conflictos y que siguen ocurriendo. Los vídeos de la violencia israelí contra el pueblo palestino, los de las requisas forzosas de reclutas en Ucrania o los del sufrimiento de la población rusófona del Donbás antes de la intervención rusa no han tenido, ni de lejos, la misma repercusión mediática que hubiera tenido una respuesta por parte de España de ese calibre.
Con esas imágenes, la narrativa habría sido inmediata: España es un Estado colonialista que reprime con brutalidad a personas que huyen de la pobreza. Ceuta y Melilla son territorios ocupados que deben ser devueltos a su “legítimo dueño”. Primero compartir la soberanía. Después cederla. Y así, el Estrecho de Gibraltar pasa a control indirecto de quien de verdad lo quiere: Estados Unidos, a través de su aliado marroquí.
España no respondió así. Ya sea por estrategia —cosa que dudo, viendo el nivel del gobierno que tenemos— o por ineptitud crónica, lo cierto es que la respuesta fue la de un Estado ausente. Y en ese aspecto concreto, hay que reconocer que fue la menos mala de las opciones posibles. Porque si hubieran caído en la provocación, el relato colonial ya estaría cocinado y sirviéndose en las Naciones Unidas.
La talasocracia y el Estrecho: el interés real de EEUU
Aquí es donde hay que conectar los puntos, porque si no entiendes esto no entiendes nada de lo que pasó. Estados Unidos es una talasocracia. Su poder se basa en controlar las rutas marítimas del planeta, en que sus barcos puedan pasar por donde quieran cuando quieran. Y últimamente las cosas no les están saliendo bien en ese frente. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa una parte brutal del petróleo mundial, se les ha puesto cuesta arriba con Irán. Trump ordenó el bloqueo total en abril de 2026 y la cosa no ha funcionado como esperaban. Necesitan alternativas. Necesitan el Estrecho de Gibraltar.
Y aquí entra Marruecos. En abril de 2026, EEUU y Marruecos firmaron una hoja de ruta estratégica de defensa de diez años. El puerto de Tanger Med, desarrollado con capital internacional, es ya uno de los más importantes del Mediterráneo. La colaboración militar entre Rabat y Washington se ha intensificado de forma exponencial. Y la rivalidad con Argelia —proveedor principal de gas natural de España— sirve como excusa perfecta para justificar todo el despliegue.
El Estrecho de Gibraltar no es solo un paso comercial. Es la puerta entre el Atlántico y el Mediterráneo, entre Europa y África, entre la OTAN y el flanco sur. Quien lo controla, controla una de las rutas más estratégicas del planeta. Y España, teóricamente, lo controla a través de Ceuta y Melilla. Pero España no es un Estado soberano de verdad. España es un estado fallido que ha vendido la poca soberanía que le quedaba.
La cipayada española festejando al sátrapa
Y la prueba de que esto es así está a la vista. El mismo día que 50.000 personas entraban en Ceuta, Felipe González, Nacho Abad y Luís Planas estaban en una fiesta en honor al rey Mohamed VI. Así, tal cual, sin disimular. El ex presidente del gobierno, un ministro del gobierno y el presentador estrella de la patriotada vende patrias, de juerga con el monarca del país que acaba de ejecutar una operación de ataque contra la soberanía española. Si esto no es un estado fallido, que alguien me explique qué cojones es.
Porque lo que pasó con los servicios de inteligencia tampoco tiene explicación racional. En cualquier país mínimamente serio, hasta el más bananero se entera de que tiene 50.000 personas concentrándose en su frontera. Todos los fines de semana se mueven 50.000 personas en las grandes ciudades españolas por partidos de fútbol y eventos, y las tienen controladas. Conocen hastas los ultras de un equipo belga de tercera división ¿Me van a decir que esto no lo sabían? A mí me huele a traición, pero como nadie pregunta, nadie va a dar ninguna explicación.
El papel de la izquierda y la derecha: todos igual de patéticos
Y luego está el coro de siempre. La supuesta izquierda institucional, la del activismo humanitario pagado con dinero de los demás, se limitó a soltar las mamarrachadas de siempre: “emergencia migratoria”, “hay que acoger”, solo falto decir“abrid las casas”. ¿Ellos las abren primero? No, ellos abren las casas de los demás. Ya decía yo.
La derecha y la extrema derecha, que prácticamente son lo mismo, se dedicaron a lamer las botas del imperio para que les apretara más fuerte en la garganta, agitando el racismo y la xenofobia que ellos no tienen ningún remilgo en tragarse en cuanto alcanzan el poder y continúan vendiendo el país al mejor postor, exactamente igual que hace Sánchez.
Porque lo que queda claro es que aquí nadie habla de soberanía. Te hablan de himnos, de banderas, de racismo, de identidades, de crisis migratoria. Pero nadie dice que España no tiene que estar lamiendo las botas de EEUU ni de Israel, ni yendo de pseudorevolucionario como Pedro Sánchez ni yendo de ultrapatriota de tienda de todo a cien para luego rendirse a lo que diga Trump o el genocida de Netanyahu. Sánchez es alguien que está vendiendo su país a intereses extranjeros, y lo hace mientras hace videos de TikTok con recomendaciones musicales. Pero los que vienen detrás salivan esperando el trono para continuar haciendo lo mismo mientras se dejan pisar, aun más fuerte el estómago, por la bota de la coalición Epstein. Así de grave es esto.
Cuando vengan a vendernos la cosoberanía de Ceuta y Melilla con Marruecos, no se preocupen: dará igual si gobierna el PSOE, el PP o Vox. El relato ya está escrito. España es un estado fallido. Han vendido la poca soberanía que les quedaba. Unos dirán que fue culpa de Sánchez, otros dirán otra cosa, pero la culpa de fondo será la misma: estar gobernados por títeres colocados para servir a intereses extranjeros. Y mientras tanto, todos te distraerán con otras historias.
La co-soberanía: el final del camino
Esta operación no es un evento aislado. Es un paso más en un plan que lleva años ejecutándose. El objetivo final es la cesión de la soberanía de Ceuta y Melilla a Marruecos, primero compartida y luego total. Y el peaje que España pagará por formar parte de la OTAN y de la UE será precisamente ese, perder sus últimos territorios estratégicos en el norte de África mientras financia, a través de los presupuestos comunitarios, las guerras que EEUU decide librar.
No se trata de alabar a Sánchez. No actuar es lo más criticable de todo. Pero no haber caído en la trampa de la respuesta violenta —suponiendo que fuera consciente, que es mucho suponer— fue un acierto. Más por suerte que por juicio, pero un acierto al fin y al cabo. Lo cual dice muy poco de este país y muchísimo de lo bajo que está el listón.
Al final, sobre la mesa quedan preguntas que, por supuesto, nunca tendrán respuesta. ¿Sabían los servicios de inteligencia lo que se cocinaba en la frontera y decidieron mirar hacia otro lado? ¿Quién dio la orden de dejar la puerta abierta? ¿Fue pura y simple ineptitud o una traición calculada para justificar después la entrega de Ceuta y Melilla?
Pero la realidad es que a nadie en el establishment le interesa responder a esto. La verdad de lo que ocurrió en las sombras, los movimientos de fichas en el tablero geopolítico y las cloacas del poder no importan. El relato de los medios ya tiene guion asignado para una parte y para la otra: la supuesta “izquierda” llorará por la emergencia humanitaria y la “derecha” gritará contra la invasión. Ambos harán su papel, ambos se indignarán ante las cámaras y ambos, llegado el momento, bajarán la cabeza.
Saber la verdad y lo que hay detrás de todo este teatro no importa. Lo único que importa es vender un relato, mantener a la población distraída con la batalla cultural de turno mientras nos desvalijan por la espalda. De eso, y de mantener el circo en marcha para que nadie mire al verdadero dueño de la carpa. De eso se ha tratado todo el tiempo.








