Pues cuando te atraquen los MENAS que tanto quieres a ver a quién llamas, rebuzna vía Twitter ese troll. Con esta aguda observación pretende convencernos de que el empujón a traición y por la espalda por parte de un antidisturbios a una maestra jubilada en la huelga de maestros de Valencia es algo no sólo lógico sino encomiable.
Bueno, no voy a entrar en el racismo y la servilidad grotesca de este mensaje. Prefiero centrarme en el concepto de valor y seguridad que defiende este sujeto. Porque, sinceramente, caso de verme asediado por un comando salafista armado, no creo que el prototipo del héroe salvador sea alguien que por la espalda le rompe la nariz contra el asfalto a una jubilada. Me reafirma en ello el hecho de que los antidisturbios y los prebostes que los mandaban han caído en una casi surrealista espiral de terror y estupor al ver que los maestros no eran obreros del metal a los que pueden machacar a porrazos sin la menor capacidad de respuesta. Cuando los maestros, que, a pesar de todos los problemas que sufren, siguen siendo un cuerpo organizado, con conocimientos y capacidad de reaccion y cierta estabilidad laboral garantizada, han movido la imagen y se han coordinado, la reacción de casi todo el mundo fue de solidaridad y apoyo a la docente agredida. Y eso ha hecho que un montón de representantes de los «sindicatos» policiales, si es que puede llamarse sindicatos a estas organizaciones, hayan desfilado por redes sociales y programas de televisión explicando auténticas majaderías para intentar convencernos de que una jubilada con una camiseta verde andando a velocidad normal y sin hacer gestos violentos de ningún tipo era una terrible amenaza para la seguridad ciudadana.
La querencia natural de los antidisturbios parece ser a majar a palos a cualquier manifestante, salvo que sea de extrema derecha o mandado por el poder político y, sobre todo, económico. Personalmente, creo que buena parte del trato cordial que estos agentes dan a alborotadores fascistas y similares, aparte de a la ideología, se debe al temor que sienten ante los oligarcas y terratenientes que los mandan. Asi que imagínenlos ante un jeque integrista molesto o en una situación de peligro normal.
Si resulto atracado o acorralado por un MENA, que puede ocurrir, o por cualquier otra persona, me sentiría mucho mas tranquilo si quien tuviera que defenderme tuviera el más minimo respeto por la labor que realicen los docentes y que no fuera capaz acciones de matonismo barato contra un ciudadano que exige sus derechos, porque con esto ya demostraría más valor que encarcelando o mandando al reformatorio a diez menores. Estaría seguro de que no le temblaría la mano ni se echaría atrás en cuanto descubriera que el atracador tiene algun pariente ilustre o poderoso. Tendría la convicción de que no me va a propinar un golpe antes de preguntar nada. Estaría mucho más confiado de que sabría manejar una situación de tensión como esa.
Alguien que de primeras le rompe la nariz a una casi septuagenaria contra el asfalto para después entrar en pánico y balbucear por los medios incongruencias y desatinos sobre el particular no parece alguien en quien se pueda confiar para manejar una situación de peligro y tensión
De hecho deberíamos empezar a examinar también el valor de los maestros, porque con no poca frecuencia son la primera línea de defensa ante casi todos los males de la sociedad. No sólo por el tiempo que dedican a educar a los menores, sino también porque, como cuerpo preparado, con conocimientos, y con cierta capacidad de lucha, muchas veces son ellos los que plantan cara a los poderes más destructivos. En la guerra civil los profesores y la enseñanza pública fueron un objetivo principal del bando sublevado. En Gaza son perseguidos por las fuerzas israelíes. En Estados Unidos son uno de los colectivos que más cara han plantado a las estupideces que se les iban ocurriendo a uno y otro partido político.
Otros grupo maltratados por los poderes públicos valencianos han empezado a darse cuenta de ello y en los últimos días los bomberos, otro cuerpo público que tambien se enfrenta a situaciones de peligro a diario, y que también está algo más protegido que los trabajadores más precarios han transmitido su apoyo a los docentes. Y eso ha desencadenado manifestaciones en el mismo sentido de mucha gente.
Para majar a palos a un raterillo teniendo armas reglamentarias y toda la fuerza legal y económica de tu parte no hace falta valor. Para plantar cara a bandas mafiosas por el bien y la educación de los niños sí. Y si algún policía lee esto, y se siente ofendido, lo tiene muy fácil para hacerme cambiar de opinión: apliquen la ley a Esperanza Aguirre cuando corta calles sin permiso. O plántenle cara cuando se da a la fuga embistiendo a sus agentes. Investiguen la masacre en las residencias madrileñas. Etc, etc.









