Las puertas de la discordia

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Kaixo Guz

Calzamos una edad ya, en la que nuestras escapadas vacacionales de amigas se van centrando en la gastronomía. Aunque el germen sea algo cultural-musical-turístico, no puede faltar el comer. Ésta vez la excusa era ir a deleitarnos con el cordero asado a Lerma, y la sobremesa en su impresionante Parador. Y aquí el plan se amplió con pasar la mañana en Burgos y visitar la Catedral.

Después de pasar por ventanilla para poder contemplarla (el negocio religioso lo dejaremos para otro artículo), accedemos a su interior: Las capillas, el impresionante cimborrio, las esculturas, vidrieras, el Coro con su sillería, la Escalera Dorada, los retablos, sepulcros y tumbas como el del Cid y Doña Jimena, el trasaltar, el famoso Papamoscas….. Hasta que llegamos al Claustro.

Unos paneles explicativos nos dieron la bienvenida. Nos informaban y detallaban todo el proceso creativo (unos laboriosos 6 años) de las nuevas puertas para la Catedral de Burgos realizadas, por encargo del Arzobispado, por el escultor y pintor Antonio López García (Tomelloso 1936).

Hasta aquí nada fuera de lo normal, salvo que íbamos a ver “in situ”, la obra del gran Antonio López. Pero sabía ̶ la polémica en su día me llegó ̶  lo que todos los burgaleses que nos acompañaban en la visita comentaban entre ellos en voz alta, y de cuyas conversaciones nos hicimos partícipes.

Las puertas, situadas en una enorme sala habilitada para su exhibición, dentro del Museo Catedralicio, impresionan nada más verlas desde el final del recorrido previo de los paneles.

Impresionan todavía más cuando te acercas a contemplar los detalles.

La puerta central es magnífica: un rostro difuso, apenas perceptible, entre una nebulosa que nos deja apreciar su volumen. Un rostro de un hombre maduro, el rostro de Dios padre, ante Adán y Eva del s.XXI (La Creación).

La puerta lateral izquierda representa a la Virgen María de joven, casi adolescente, con una bandada de estorninos surcando el cielo, en representación del Espíritu Santo (La Anunciación).

La otra puerta lateral, las tres generaciones: Sta Ana, su hija la Virgen María y el niño Jesús, correteando por un jardín, con árboles frutales y animales domésticos, que parece que va salir fuera de la puerta cuando menos te lo esperes (La Encarnación).

Las tres puertas se unifican gracias al fondo de naturaleza que ha creado el artista, dibujando en él el sky-line de Burgos, incluida la Catedral. Y nos dan la bienvenida antes de entrar, con la frase a pie de puerta, “y vió Dios que todo era bueno”.

Aquí es donde entran en conflicto lo artístico ̶ y si me apuran lo religioso ̶ con lo legal.

La Catedral de Burgos es la única catedral española declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (desde el año 1984) y claro, eso implica una “protección” extra ante cualquier cambio-modificación-renovación.

El anterior Arzobispo de Burgos, Monseñor Fidel Herráez Vega, fué en que inició el proyecto de encargar unas puertas nuevas para la Catedral, para cambiar las puertas de madera de olmo que se colocaron en 1790 (sin especial valor patrimonial) para sustituir a las originales góticas. Un proyecto de 1,2 millones de euros de financiación privada (87% aportado por el Cabildo y el 13% por empresarios burgaleses), que contrató al artista Antonio López.

¿Son necesarias las nuevas puertas? ¿Las actuales están en mal estado? ¿Es necesario gastarse semejante presupuesto por unas puertas?

La verdad es que la Catedral ha rejuvenecido y está en todo su esplendor desde que la restauraron, respetando todos los elementos originales. Y si tengo que implicarme dando mi opinión personal, después de haberlas visto en vivo y en directo, me parece que quedarán impresionantes en su lugar de destino, dando la importancia que merece a la fachada principal.

Las novedades siempre son polémicas y más aún si hay un contraste entre lo de antes y lo de ahora.

Como dijo el propio Herráez: “ La Catedral no nació acabada. Cada época añadió un lenguaje artístico propio, sin borrar lo anterior, enriqueciéndolo.” “Éstas puertas son parte de este diálogo, no es ruptura, sino continuar una historia que comenzó hace 800 años”.

Pero aquí, en el fondo de toda esta polémica, no sé si está el “capricho” del poder saltándose todas las normas, como estamos habituados en estos últimos años, consiguiendo al final, salirse con la suya.

Así que las puertas de la discordia están “escondidas” en el interior de la catedral, por no tener permiso para ubicarlas donde deben. Como dijo el Arzobispo : “Es más fácil pedir perdón que pedir permiso”.

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