La resistencia antiimperialista como estrategia a largo plazo

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Venezuela tras el 3 de Enero de 2026

Han pasado más de cuarenta días desde que el presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, fue secuestrado en una operación militar ilegal perpetrada por Estados Unidos durante la madrugada del 3 de enero de 2026. No podemos permitir que este acto de violación flagrante del derecho internacional caiga en el olvido, del mismo modo que no podemos olvidar a las víctimas del genocidio palestino que continúa ahora en su modalidad silenciosa, sin cobertura mediática que visibilice el horror. La agresión contra Venezuela representa un punto de inflexión en la historia latinoamericana y mundial, evidenciando la actualización de la Doctrina Monroe bajo la administración Trump, que ha reintroducido el uso de la fuerza militar como herramienta de política exterior en el hemisferio.

El presente análisis recoge las reflexiones presentadas en el encuentro de solidaridad con Venezuela ante la agresión estadounidense, organizado por la Coordinadora Internacional de Escuelas Marxistas-Leninistas el pasado 11 de febrero de 2026 por videoconferencia. Recomiendo encarecidamente el visionado completo de este evento, que representa la defensa de la democracia, la libertad y la soberanía de los pueblos oprimidos por la presión imperialista. Ahora, el imperialismo estadounidense también está poniendo su foco en otros países soberanos de América Latina como Cuba, que enfrenta una presión máxima sin precedentes con el objetivo explícito de lograr un cambio de régimen.

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La captura de Maduro y su esposa Cilia Flores no fue un acto aislado, sino una operación militar a gran escala que incluyó bombardeos sobre infraestructura civil y militar en Caracas, resultando en más de 100 fallecidos. Estados Unidos justificó esta intervención militar con acusaciones de narcotráfico y terrorismo, un pretexto que ha sido empleado históricamente para legitimar agresiones imperialistas. El hecho de que Washington ejecutara un ataque militar directo contra un Estado soberano, capturando a su presidente constitucional y trasladándolo ilegalmente a territorio estadounidense, marca un precedente peligroso que destruye los fundamentos del orden internacional basado en el respeto a la soberanía nacional.

La operación “Determinación Absoluta” reveló la desesperación de un imperio en crisis que, ante su incapacidad para derrocar gobiernos mediante mecanismos tradicionales de injerencia, recurre a la acción militar directa. Esta brutalidad expone la descomposición del proyecto hegemónico yanqui, que pierde influencia global frente al ascenso de potencias como China y necesita consolidar su control sobre lo que considera su “patio trasero” latinoamericano.

La violencia del ataque responde a un patrón histórico: cada vez que Estados Unidos siente amenazada su hegemonía, recurre a la fuerza militar, la presión económica y la desestabilización política. Pero este comportamiento revela más debilidad que fortaleza. Incapaz de competir con China en cooperación, comercio e inversión, Washington se aferra a sanciones, amenazas y violencia. Es el comportamiento típico de un imperio consciente de que su tiempo histórico se agota.​

Venezuela como frente de contención contra China

La agresión contra Venezuela debe comprenderse en el contexto más amplio de la confrontación geopolítica entre Estados Unidos y China. Washington no puede tolerar que la República Bolivariana mantenga relaciones estratégicas con Beijing y represente un modelo alternativo de desarrollo que desafía la hegemonía neoliberal. El control sobre los recursos energéticos venezolanos, especialmente sus enormes reservas petroleras, se vuelve crucial en una estrategia de contención contra el gigante asiático.​

China es ya el principal socio comercial de gran parte de América del Sur y despliega iniciativas de infraestructura basadas en cooperación, no en sometimiento. Para Pekín, el petróleo venezolano se ha convertido en una pieza estratégica dentro de su política de construcción de reservas energéticas. En septiembre de 2025, el 84% de las exportaciones venezolanas —1,09 millones de barriles diarios, su máximo desde 2020— se dirigieron directa o indirectamente a China, en su mayoría a través de intermediarios que sortearon las sanciones estadounidenses.

Esta relación energética cumple una doble función para Beijing: asegurar suministro estable a bajo costo. Además, la integración de crudos venezolanos en las reservas estratégicas chinas diluye el riesgo de dependencia de Medio Oriente y refuerza la cooperación energética con socios fuera del sistema occidental. La asociación estratégica entre Venezuela y China, elevada a “Asociación Estratégica a Toda Prueba y a Todo Tiempo” durante la visita de Maduro a Beijing en septiembre de 2023, representa exactamente lo que Washington teme: una alianza Sur-Sur que prescinde del dólar y de las instituciones financieras occidentales.

La presión máxima sobre Venezuela busca no solo derrocar al gobierno bolivariano, sino también enviar un mensaje intimidatorio a toda América Latina sobre las consecuencias de mantener relaciones económicas y políticas con potencias que desafíen a Washington. Por eso el imperialismo estadounidense intenta frenar la multipolaridad emergente mediante la reconquista brutal de su zona de influencia histórica, aplicando la Doctrina Monroe actualizada con fuerza militar directa.

Tras la agresión contra Venezuela, Cuba se ha convertido en el siguiente objetivo prioritario de la administración Trump. El secretario de Estado Marco Rubio, gusanoanoamericano de línea dura, está decidido a presionar por un cambio de régimen en la isla. América Latina por su parte ha dejado prácticamente sola a Cuba, con pocos gobiernos dispuestos a enfrentarse a Trump en un contexto regional marcado por el pragmatismo y el temor.​

Washington ha implementado una estrategia de presión máxima que incluye amenazas arancelarias contra países que suministren petróleo a Cuba, retiro de licencias comerciales a empresas que comercian con la isla, y un refuerzo del aparato sancionador dirigido específicamente contra el conglomerado militar GAESA. El endurecimiento drástico de la política estadounidense coincide con apagones masivos, escasez de combustible y una crisis humanitaria agravada intencionalmente mediante el bloqueo económico.​

La estrategia imperial contra Cuba busca provocar una explosión social que justifique una “intervención humanitaria” al estilo venezolano. Sin embargo, la isla ha resistido más de seis décadas de agresión estadounidense, desarrollando capacidades de resiliencia y dignidad nacional que hacen impredecible el desenlace de esta ofensiva renovada. La solidaridad internacional con Cuba se vuelve más urgente que nunca ante esta escalada de agresión.

La resistencia bolivariana: aguantar para vencer

A pesar de la brutalidad del ataque y del secuestro de su líder, el chavismo venezolano ha demostrado una capacidad de resistencia extraordinaria. Ya en febrero se sucedieron las marchas chavistas mientras el gobierno mantuvo el control interno: economía tranquila, impulso legislativo, y movilización popular sostenida. Miles de chavistas salieron a las calles de Caracas para exigir la liberación de Maduro y su esposa, portando pancartas con mensajes como “Free Maduro” y reafirmando su defensa de la soberanía nacional.

Las movilizaciones incluyeron a movimientos sociales, la juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), colectivos de pescadores y agricultores, así como funcionarios de ministerios y organizaciones políticas como Tupamaros y Patria Para Todos (PPT). La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, desplegó una estrategia en varios frentes: recorridos por el país mostrándose con su hermano Jorge Rodríguez y el ministro de Interior Diosdado Cabello, envío a la Asamblea Nacional de leyes clave como la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos aprobada por unanimidad, y acciones políticas audaces como la liberación de presos por violencia política, convirtiendo una bandera de la oposición en impulso propio.

Esta cintura política que se le reconoce al chavismo, especialmente a los hermanos Rodríguez, demuestra que el proceso bolivariano no depende de una sola persona, sino de un proyecto colectivo con profundas raíces populares. La capacidad del gobierno venezolano para mantener la estabilidad económica, continuar gobernando y movilizar a su base social en las circunstancias más adversas imaginables representa una lección histórica sobre la importancia de la construcción hegemónica de largo plazo.​

La importancia estratégica de resistir: derrotas tácticas y victoria estratégica

La captura de Maduro representa una derrota táctica innegable para el proceso bolivariano, pero no determina el desenlace estratégico de la confrontación. La historia de las luchas antiimperialistas demuestra que la resistencia sostenida, incluso ante reveses temporales, puede conducir a la victoria final cuando el imperio en descomposición agota su capacidad de mantener la ocupación y el control.

La clave está en comprender que aguantar es una estrategia revolucionaria válida cuando se enfrenta un adversario superior en términos militares pero en crisis estructural. El imperialismo estadounidense enfrenta contradicciones internas insuperables: una economía financiarizada y desindustrializada, una sociedad profundamente fragmentada, y una pérdida de legitimidad internacional acelerada por acciones como la invasión de Venezuela. Cada acto de brutalidad imperial erosiona su hegemonía global y fortalece el bloque antiimperialista emergente.​

Estados Unidos enfrenta un declive estructural e irreversible de su hegemonía. Rusia, India, Turquía, Irán y otros actores emergentes consolidan un orden internacional donde Washington ya no puede imponer unilateralmente sus reglas. La operación contra Venezuela no es solo un ataque contra la República Bolivariana, sino un mensaje hacia Beijing: Estados Unidos está dispuesto a utilizar su poder militar para preservar los espacios que considera vitales, incluso violando de manera flagrante el derecho internacional.​

Esta lógica de dominación violenta tiene un límite histórico. La integración latinoamericana, la cooperación Sur-Sur, y el ascenso del mundo multipolar crean condiciones objetivas para que la resistencia venezolana y cubana no quede aislada, sino que forme parte de una reconfiguración global del poder. La defensa de la soberanía latinoamericana se ha convertido en una causa global, no solo de frenar la agresión militar y económica estadounidense, sino de construir relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la cooperación y el derecho internacional.​

La solidaridad internacional como arma estratégica

El encuentro organizado por la Coordinadora Internacional de Escuelas Marxistas-Leninistas el 11 de febrero representa la respuesta necesaria ante la operación psicológica del imperialismo. La solidaridad activa con Venezuela y Cuba no es solo un gesto moral, sino una necesidad estratégica para todos los pueblos que enfrentan la dominación imperial.​

Frente a la agresión estadounidense, América Latina debe consolidar un polo autónomo y soberano que avance hacia la integración energética, financiera, tecnológica, alimentaria y militar. Solo la unidad continental, la cooperación solidaria y la determinación inquebrantable de construir una América Latina fuerte, libre y sin tutelas garantizará que los pueblos latinoamericanos se coloquen del lado correcto de la historia, del lado de la emancipación.​

La República Bolivariana vencerá, pero requiere que activemos toda nuestra solidaridad mediante la denuncia internacional, la movilización popular, y la construcción de redes de apoyo material y político. La batalla por Venezuela es la batalla por la soberanía de todos los pueblos de América Latina y del mundo que aspiran a construir proyectos nacionales independientes.

Resistir es vencer

Más de cuarenta días después del secuestro de Maduro, la resistencia venezolana continúa con una fortaleza que desafía todos los pronósticos imperiales. No podemos olvidar que el presidente legítimo permanece prisionero en Nueva York, víctima de un acto criminal de agresión internacional. Tampoco podemos ignorar que Cuba enfrenta ahora la ofensiva más brutal en décadas, con el imperialismo preparando su “movida final” contra la Revolución cubana.

La confrontación entre el imperialismo en descomposición y los pueblos que luchan por su soberanía será larga y compleja. Habrá derrotas tácticas, retrocesos temporales, momentos de desesperanza. Pero la estrategia de resistencia sostenida, combinada con la solidaridad internacional y la comprensión de las contradicciones estructurales del imperio, garantiza que la victoria final pertenecerá a los pueblos.

En este contexto histórico, aguantar es ya una forma de vencer. La capacidad del chavismo para mantener el gobierno, la economía y la movilización popular después de un ataque militar de esta magnitud demuestra que el proyecto bolivariano tiene raíces más profundas que las que el imperialismo puede comprender. La construcción hegemónica de dos décadas, la transformación de las estructuras sociales, y la conciencia antiimperialista arraigada en millones de venezolanos constituyen una fortaleza que ningún bombardeo puede destruir.

La historia juzgará estos días como el momento en que el imperialismo estadounidense reveló su verdadera naturaleza decadente, recurriendo a la violencia desesperada ante su incapacidad para competir en el terreno de las ideas, el desarrollo y la cooperación. Y también recordará que los pueblos de Venezuela, Cuba y América Latina respondieron con dignidad, resistencia y la certeza inquebrantable de que el futuro pertenece a los pueblos libres, no a los imperios moribundos. ¡Venceremos!

Enlace al acto de solidaridad emitido por YouTube: https://www.youtube.com/live/61A7T47HxVs

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