Siempre lo he dicho…

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Ahora que todo se tambalea, que el mundo se resquebraja y las confesiones tobillean, los planteamientos, los sólidos discursos y las convicciones empiezan a cambiar de bando como las ratas que abandonan un barco que se hunde.

La OTAN tiene sus horas contadas. Estados Unidos, el hegemón que puso en pie esta organización terrorista, la más grande y asesina de toda la historia de la humanidad, va a invadir Groenlandia, territorio danés y por tanto de la OTAN.

A la OTAN le seguirá la Unión Europea, el cuarto Reich, el proyecto supremacista que le permitió a Alemania y a sus compadres centroeuropeos alcanzar los éxitos que no lograron con la Wehrmacht y la Luftwaffe. A la Unión Europea no se la puede entender sin la OTAN. La una no tiene sentido sin la otra. Derrotar y humillar a Rusia. Ese siempre fue el objetivo. Dividirla tal y como planteó Zbigniew Brzezinski en su Gran Tablero Mundial. Hacer de Rusia cuatro o cinco cachos. Asunto resuelto. Lo que se debió hacer y no se hizo con Alemania en 1945 hacerlo en Rusia. Después, el expolio absoluto.

Los planes han salido mal. Afortunadamente, la que va a destruir a la OTAN y a la Unión Europea es Rusia. Una vez más (¿cuántas van ya?) Rusia salva al mundo de los arcontes más oscuros. Le toca el turno a la izquierda institucional. La izquierda cómplice. La izquierda claudicante. La izquierda traidora, corporativa, transexual castradora de niños, de la alienación parental, otanista y europeísta. Después de décadas defendiendo el neoliberalismo del euro y de la Unión Europea, después de meternos en la OTAN, después de desindustrializarnos, después de abrir las fronteras a cualquiera que se deje explotar debajo de un plástico y después de convertir a España en el prostíbulo cocainómano de los arios del norte, la izquierda fucsia está empezando a recurrir a una frase muy cañí: no, si yo siempre lo he dicho…

Ahora esa izquierda empieza, todavía tímidamente pero con una frecuencia que va en aumento, a decir lo que algunos de ellos antes sólo decían bajito, en secreto y bajo los efectos del alcohol. No, si yo siempre he dicho que el euro fue un error…; no, si yo en el fondo siempre estuve de acuerdo con Anguita…; no, si yo en realidad siempre estuve en contra de la OTAN… Falta poco para volver a oír el OTAN no, bases fuera que escondieron en el armario donde se pudren los zapatos viejos.

Euro delendus est.

1 COMENTARIO

  1. OTAN NO! va a ser agónica esa espera. Y ya de paso, a ver si -como el sino de los tiempos presentes- la cosa se acelera y en unos meses estuviese desmantelada, lo de las bases de EEUU va a tardar porque van a guardar ciertas formas, no sea que se les cabreen en el otro lado del Atlántico y manden unos pepinazos que son muy dados.

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