Movimiento Feminista y Movimiento de las Diversidades

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Por Lola G. Luna (1)

Desde hace unos años se repite a menudo que el movimiento feminista está dividido. El 8M y el 25N suele haber en algunas de las grandes ciudades de España dos manifestaciones cuya convocatoria la hace alguna de las plataformas con la denominación de feminista. Y la prensa y la TV repiten ese mantra y hasta la Ministra de Igualdad se apunta en nombre del feminismo a las dos manifestaciones. Desde mi punto de vista que ya expresé hace unos años (2) se dio una deriva desde el feminismo liderada por la Ministra de Igualdad, Irene Montero, en el año 2023 hacia la ideología transgenerista que culminó con la aprobación en ese año de la Ley Orgánica Trans que ratificaba todas las anteriores de carácter autonómico. A partir de ahí se edificó un movimiento social “feminista” que usurpó el nombre, los recursos y la conciencia de muchas mujeres –entre ellas las jovenas- que crédulas ante el discurso que se les vendía de que “lo trans” era un tema de derechos humanos, lo adoptaron, porque además venía acompañado de un halo de modernidad, de “libertad” y de “sentimentalismo”. Ser mujer o ser hombre (ser hombre no se escucha apenas, aunque crezca de forma escandalosa la cifra de jóvenes, casi niñas, que quieren ser chicos y entran en las cirugías de mama y hormonación) se reduce a un sentimiento. En resumen, estamos hablando de deseos individuales, y valores neoliberales.

Entretanto al movimiento feminista formado por las mujeres de la segunda ola se dijo que había quedado “viejo” y empezó a ser llamado “feminismo cásico”. Pero no contaban con el relevo generacional de las madres (sus hijas) que entre los 40 a 60 años, despertaron y se lanzaron a las calles, recuperaron la agenda abolicionista de los orígenes feministas, se reunieron en plataformas, en coordinadoras, crearon nuevas colectivas y plantaron cara al transgenerismo desde una conciencia feminista radical. Al tiempo crecían las RadFem en las redes. Eran las feministas jovenas que acudían a las manifestaciones en masa con sus pancartas personalizadas y unidas en el canto “somos las nietas de las brujas que no llegasteis a quemar”. Entretanto la izquierda transcurría por la cultura woke, versión pija del trangenerismo, y el movimiento feminista parecía ser el único sector de izquierda que quedaba. Pero el transgenerismo necesitaba de unas bases que legitimaran y ocultaran los intereses de la BigFarma en hacer adeptos entre la infancia y adolescencia bajo el paraguas de la Ley Trans y a través del activismo más perverso desarrollado en los centros educativos. 

Al escapársele el movimiento feminista les vino de cajón la teoría de la interseccionalidad. Esta, es una rejilla que analiza diversas opresiones: racismo, colonialismo, ecocidio, heterosexismo y machismo también… y en un batiburrillo se mezcla con el trangenerismo. Este, ya convertido en la T mayúscula, había fagocitado las siglas LGB y añadido Q+. Como argumento (que no tiene argumento) empezaron a repartir el mantra de “tránsfobas” “Cis” “terfas” a las feministas que levantaban una voz crítica invocando la razón. A estas alturas ese movimiento social que se autodenominaba feminista se definió en algunos casos como movimiento de mujeres, lesbianas, trans y otras disidencias, o también LGTBIQA+ Antipatriarcal, antirracista anticolonialista, anticapitalista… (3). Actualmente estamos ante un movimiento de múltiples identidades que lucha contra una diversidad de opresiones, entre ellas el machismo sufrido por las mujeres, y que convoca en nombre del movimiento feminista a sabiendas dónde puede pescar. Para ser coherentes se ha de admitir que estamos ante un movimiento de las “diversidades”, representativo de múltiples sujetos que incluye el feminismo sí, pero como una opresión más, diluida su singularidad: tres siglos de historia y un sujeto único, las mujeres, la mitad de la humanidad.

El feminismo es más que un movimiento social, tiene un corpus teórico propio explicado en una amplia bibliografía derivada de investigaciones reconocidas por la academia; tiene corrientes que han debatido sobre principios filosóficos como la igualdad y la diferencia; y un objetivo claro, la liberación de las mujeres de un sistema, el patriarcal, que las subordina, oprime y explota. Del patriarcado nace el discurso del género, un campo primario y significativo en el que se construyen las relaciones de poder entre los sexos, según la historiadora feminista Joan W. Scott (4).

El feminismo que se ha periodizado en oleadas por las historiadoras, sufre después del avance en derechos en cada una, la reacción patriarcal correspondiente. A esta cuarta ola que vivimos ha seguido una reacción transpatriarcal y neoliberal. Muchos hombres por múltiples razones espurias invaden nuestros espacios y muchas criaturas son seducidas a cambiar su cuerpo en un viaje al infierno del que no hay regreso. Y así se balancea la acción colectiva entre el movimiento de las diversidades y el movimiento feminista.

1 lolagluna.com

@lolagluna

@LolaGLuna160195

2 Luna, Lola G. El feminismo intergeneracional de la cuarta ola y la deriva transgenerista, Cuaderno nº 16, Editorial digital Feminista Victoria Sau, 2023 www.leerconvictoriasau.com

3 Es el caso de Ca la Dona, Barcelona

4 Scott, Joan W. “El Género un concepto últil para el análisis histórico” (1986) 

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