El XV Foro Mundial de Socialismo organizado por la Academia de Ciencias Sociales de China tuvo lugar en Pekín reuniendo a 90 académicos y expertos de 35 países, bajo el lema “La encrucijada de la historia mundial y las decisiones de los pueblos”, un espacio de diálogo entre países y culturas y una ventana para conocer la realidad de China. Se celebra cuando el país asiático se encuentra elaborando el XV Plan Quinquenal, después de que la IV Sesión plenaria del 20º Comité Central del Partido Comunista de China haya aprobado los pilares estructurales y los principales objetivos del desarrollo de China para los próximos cinco años.
Marcelo F. Rodríguez, Secretario de RRII del PCA y director del CEFMA (Centro de Estudios y Formación Marxistas) en la segunda jornada expuso la ponencia: “La construcción de los partidos del proletariado de América Latina en el nuevo panorama político internacional y la importancia e inspiración del PCCh”.
«Queremos aprovechar la oportunidad, para compartir con ustedes algunas reflexiones que estamos realizando desde el Partido Comunista de la Argentina un Partido fundado hace 107 años, el 6 de enero de 1918, respecto a la compleja coyuntura que atravesamos en el mundo y en la Argentina en particular, donde como saben, tenemos un gobierno de derecha alineado con las políticas de los EEUU e Israel, que está llevando adelante un fuerte ajuste en la economía, cercenando muchos derechos adquiridos a lo largo de décadas y que, a pesar de todo esto, ha logrado hace pocos días un importante triunfo electoral en las elecciones legislativas.
En las últimas décadas, los debates sobre el desarrollo del pensamiento socialista en América Latina y por supuesto, también en Argentina han estado signados en buena medida por el desarrollo de los procesos políticos más avanzados que se han dado en nuestra región sobre todo entre 1998 con el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela y el inicio del llamado Ciclo de gobiernos progresistas.
Este llamado “primer” ciclo de gobiernos progresistas y de izquierda, comenzó a debilitarse a partir del 2015 por la contraofensiva conservadora/neoliberal y los procesos de desestabilización de estos gobiernos impulsados desde los EEUU en un contexto en el cual cual asistimos a la disputa entre los intentos de los EEUU de sostener su mellada hegemonía frente a una multipolaridad que se está abriendo paso.
Esta coyuntura nos impone la necesidad del crecimiento y fortalecimiento de nuestros Partidos. Entendemos que debemos aprovechar esta coyuntura para continuar afirmándonos como un partido internacionalista, patriótico, antiimperialista, anticapitalista y cada vez más preparado para la lucha por el socialismo.
En ese contexto, tomaron fuerza discusiones que se referencian en los clásicos debates sobre la relación entre Reforma y Revolución, sobre los límites que podían encontrar proyectos de transformaciones profundas en el marco del sistema capitalista y de la institucionalidad burguesa vigente.
El debate sobre la relación entre Reforma y Revolución atraviesa las reflexiones sobre la propuesta socialista, podríamos decir, desde la publicación del Manifiesto del Partido Comunista en adelante y fue muy trabajado por Rosa Luxemburgo.
En este debate, planteamos lo revolucionario no solo como el programa, como conjunto de propuestas, sino como proyecto político de construir poder popular, entendiendo a este como el creciente protagonismo del pueblo en las decisiones y en la gestión de la política.
Para los comunistas, la relación entre Reforma y Revolución debiera ordenar la relación entre las tareas de la resistencia y la ofensiva que requieren constantemente de formas diversas de unidad de acción. La construcción de alternativa política no solo transcurre por diversos agrupamientos nacionales, sectoriales y hasta regionales, que deberíamos impulsar a que converjan y produzcan sucesivos acuerdos políticos que den nacimiento a una verdadera fuerza revolucionaria, sino también por el combate constante contra las burocracias y las políticas de conciliación de clases, corporativas, oportunistas, sin autonomía política, cultural y económica del Estado burgués.
Ganar posiciones para el proyecto revolucionario en un verdadero proceso de creación de Poder Popular entendido también como la capacidad de sostener la lucha por las causas justas del pueblo en las condiciones que se den, en los territorios que sean, en los escenarios que seguramente, en este contexto, elegirá el enemigo y no nosotros.
Es por esto por lo que, desde el Partido Comunista de la Argentina, entendemos que un desafío clave que debemos afrontar buscando sacar enseñanzas de las experiencias vividas, es la de aportar fuertemente en la construcción de poder popular como impulsor y sostén ineludible de estos procesos, sabiendo que para esto es imprescindible la formación de miles de cuadros revolucionarios.
Esto se torna mucho más urgente hoy, en momentos en que las fuerzas de la derecha en la región, siguiendo el mandato del imperialismo norteamericano, han redoblado sus esfuerzos por hacer retroceder o directamente impedir el desarrollo de estos procesos, logrando importantes resultados en varios de nuestros países.
Ante esto, nos corresponde fortalecer la convicción de que, en el análisis de la crisis del capitalismo actual, el marxismo sigue ocupando un lugar de primer orden como guía para el análisis y la acción y debe serlo en la discusión sobre la necesidad de un debate profundo y sin dogmatismos sobre la construcción de la sociedad socialista.
Por eso, nos mantenemos firmes en el marco ideológico del marxismo y en el leninismo tanto ideológica como organizativamente, tomamos nota de la realidad que vivimos, de los cambios experimentados en la estructura económico social del país y el mundo, para fortalecer un partido acorde a las demandas de una sociedad en la cual las formas de explotación se profundizan, la desigualdad crece cotidianamente y las políticas de dominación aparecen muchas veces naturalizadas en los discursos hegemónicos y en el sentido común.
La experiencia vivida a lo largo del siglo XX y en lo que va del siglo XXI no ha caído en saco roto y nos ha reafirmado, por ejemplo, que es un grave error dejarse seducir por la mágica idea del derrumbe espontáneo del capitalismo por acción de sus propias contradicciones, lo cual no le quita peso a la ponderación sobre el carácter de la crisis que el mismo atraviesa en estos momentos, una crisis de nuevo tipo y de alcances civilizatorios.
Tomar con la debida seriedad el tema del poder popular y la organización, nos pone frente a la necesidad de generar crecientes espacios de autonomía del pueblo respecto del poder capitalista y al mismo tiempo rompe con la idea reduccionista del asalto al Estado de una vez y para siempre para producir desde allí la transformación. Debemos retomar las enseñanzas de Lenin en El Estado y la revolución, donde planteaba que la toma del poder del Estado debe ser entendida como un proceso de destrucción del Estado burgués como tal para avanzar en la construcción de un nuevo tipo de organización social socialista, recordando que Marx, al analizar la Comuna de París había señalado que: “la Comuna ha demostrado que la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios intereses”.
El enfoque de poder popular, que considerado en términos gramscianos significa la ruptura con la hegemonía político-cultural en la que se asientan las verdaderas relaciones de poder del Estado burgués y la construcción de una contrahegemonía popular, es lo que nos permite no renunciar al salto revolucionario y al tema del aparato estatal, pero nos permite pensar en la deconstrucción de este aparato sin que la misma signifique una pérdida de poder.
La necesidad de partidos organizados con formación científica, política e ideológica, que puedan comprender los nuevos desafíos que imponen las profundas transformaciones que se están produciendo en el mundo resulta esencial.
Desde América Latina, debemos enlazar los enfoques antiimperialistas con los anticapitalistas y los de poder popular, confirmando que las ideas básicas del leninismo dan respuesta al tipo de partido revolucionario que debemos construir.
Un Partido partícipe, animador y protagonista en la lucha de clases y en los principales acontecimientos culturales, políticos y sociales que se dan en nuestros pueblos.
Lograr efectividad en la implementación de la línea política, en impulsar las transformaciones necesarias en nuestras sociedades, requiere de una capacidad organizativa superior.
El nuevo contexto histórico y la coyuntura que estamos atravesando en el país ha puesto al Partido Comunista de la Argentina ante la exigencia de reforzarse en la teoría marxista en su organización e impulsar en la práctica la herramienta estratégica del Frente de Liberación Nacional y Social (FLNyS).
Un frente estratégico para la liberación nacional y social en la Argentina, que al mismo tiempo reimpulse el Socialismo como motor para alcanzar la segunda y definitiva independencia y defienda la idea de un mundo multilateral, garante de la paz, también se debe forjar al calor de la lucha de clases impulsando la idea de la necesidad de llevar adelante una revolución que sea, dialécticamente, a la vez antiimperialista, anticolonial, anticapitalista, antipatriarcal, democrática y socialista.
Para esto, el Partido Comunista de la Argentina viene reflexionando sobre su actividad en los frentes de masas, particularmente en el seno de la clase obrera. El Partido lucha por aportar a la unidad de la izquierda y el campo popular, para la construcción de una alternativa política y de una cultura liberadora; para concretar la vanguardia unificada de la revolución, para contribuir a la creación de un Frente de Liberación Nacional y Social, basado en un poder popular de nuevo tipo que tenga como horizonte al socialismo.
En la realidad que hoy debemos afrontar, el fortalecimiento de nuestros Partidos es esencial para promover un amplio y potente movimiento por la paz y la solidaridad antimperialista.
Sera clave en esta tarea, encontrar muchos más espacios de cooperación y coordinación entre nuestros partidos.
Construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad tanto una inspiración como un objetivo
El concepto de comunidad de futuro compartido para la humanidad nos parece un concepto muy importante que arraiga en la mejor tradición del internacionalismo que sostenemos los comunistas.
En Argentina, este concepto nos parece fundamental sobre todo al tener en este momento un gobierno que se manifiesta abiertamente en contra de esta propuesta y reafirma su alineamiento con los EE. UU. e Israel, sumándose a la campaña anti-China que impulsa EEUU.
Esto queda claro en los discursos de altos funcionarios estadounidenses que han visitado nuestro país, que su principal objetivo es garantizar este alineamiento de Argentina con EE. UU. y buscar por todos los medios evitar o minimizar los acuerdos que se puedan alcanzar en diversos temas con la República Popular China.
Pero pensando más allá de esta coyuntura, y teniendo en cuenta los necesarios cambios que se deberán operar en la realidad política de nuestro país para recuperar una política soberana, el desafío de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad es un desafío tanto para la Argentina como para el conjunto de América Latina y el Caribe, ya que para avanzar en este sentido será fundamental asumirlo conjuntamente como región.
No solo está propuesta del presidente Xi Jinping y del Partido Comunista de China la entendemos como importante para nuestra acción, también la experiencia llevada adelante por el Partido Comunista de China la consideramos como inspiradora en muchos sentidos.
A lo largo de sus 104 años de historia, el PCCh ha protagonizado y dirigido este proceso llevando adelante una política flexible, guiado por las ideas del marxismo y la construcción de una sociedad socialista con particularidades chinas.
Esto se manifiesta en la forma en que en estos 100 años. El PCCh ha innovado en sus propuestas, en sus acciones, teniendo en cuenta cabalmente las peculiaridades de la sociedad china e impulsando la rectificación de sus acciones y sus políticas cuando lo consideró necesario, sin apartarse de su objetivo final, el desarrollo y la felicidad del pueblo chino.
Con esta política flexible, ha logrado metas impresionantes en materia de alimentación, en la lucha contra la pobreza extrema y su erradicación, en la alfabetización y educación, en la innovación científico/tecnológica, en el acceso a la salud y vivienda en un país extenso y diverso con una gran población.
Estos objetivos, debemos resaltar, son imposibles de ser planificados y mucho menos alcanzados bajo un régimen capitalista.
Este es un punto clave para tener en cuenta, ya que muchas veces se lo intenta soslayar cuando, desde occidente, se analiza el proceso que se desarrolla en China bajo la dirección del Partido Comunista y el liderazgo de Xi Jinping.
China es hoy una potencia a nivel mundial que asombra al mundo con sus avances gracias al liderazgo del PCCh. Un liderazgo que cuentan con el respaldo de un pueblo que ha visto mejorar considerablemente sus condiciones de vida.
Para esto, el PCCh sigue sosteniendo al marxismo como ideología llevando adelante un constante proceso de sinización del marxismo, aplicando sus políticas a partir del análisis concreto de la realidad concreta, como planteaba Lenin, y entendiendo al marxismo como una teoría viva, una guía para la acción que debe ser refractaria a toda interpretación dogmática.
No hay dudas de que el trabajo llevado adelante por el PCCh, centrado en mejorar la situación material de la población, sin descuidar el aspecto ideológico bajo la dirección del Partido ha sido y es fundamental.
Una clave que de este proceso es la reafirmación permanente de que el pueblo es el dueño del país, que la misión del PCCh es servir al pueblo, que es el dueño del país y trabajar al servicio del pueblo.
Tener siempre como guía el interés y el bienestar del pueblo, su protagonismo, es una de las características distintivas del socialismo con particularidades chinas y en el cual se explican los logros alcanzados y la forma de enfrentar las dificultades colectivamente.
Para esto, como decíamos, el PCCh sostiene al marxismo como la ideología rectora, se apoya en la dirección del Partido y junto al pueblo chino construyen cotidianamente el socialismo con características chinas, el sueño chino para la nueva era, como plantea su secretario general Xi Jinping.
Para esto, el PCCh tiene mucha claridad en tres puntos que se deben tener muy en cuenta:
-La pobreza no es socialismo. El desarrollo demasiado lento tampoco es socialismo.
-La naturaleza del socialismo es liberar y desarrollar las fuerzas productivas, eliminar la explotación y la polarización, y lograr la prosperidad común.
-Lograr la prosperidad común es el requisito esencial del socialismo.
En este sentido la experiencia del PCCh realiza enormes contribuciones al debate sobre la necesidad de construcción del socialismo, de una sociedad que logre ir superando el estado de pobreza, marginación y extrema desigualdad resultante de la expansión y profundización del sistema capitalista.
En un mundo cada vez más interrelacionado, la propuesta de construir una comunidad de futuro compartido, con relaciones internacionales armoniosas, basadas en el ganar-ganar, en el respeto mutuo y la no injerencia, tiene una enorme importancia para el mundo y para América Latina en particular, sometida desde el enunciado de la Doctrina Monroe en 1823, a la injerencia y políticas intervencionistas de los EEUU.
Un ejemplo reciente de cómo impulsar una política internacional de nuevo tipo, una comunidad mundial de futuro compartido lo hemos visto ante la pandemia de COVID-19.
Mientras los EEUU y otros países acapararon las vacunas y fomentaban el negocio de los grandes laboratorios, se incrementó en América Latina la presencia y solidaridad de China con la provisión de insumos y de vacunas como las Sinopharm, Sinovac y Cansino.
La China es una experiencia que, con sus “peculiaridades”, con los aciertos, errores y contradicciones propias de todo proceso histórico, ha logrado arrancar de la pobreza a millones de personas y mejorar la calidad de vida de su pueblo planteando que el socialismo no es el reparto igualitario de la pobreza y las privaciones, sino el camino para superar definitivamente estas condiciones.
Una experiencia que no pretende exportar su “modelo”, sino que plantea que cada pueblo debe encontrar su camino al socialismo de acuerdo con sus realidades concretas, reafirmando la idea de que la revolución es internacional por sus contenidos y nacional por sus formas.
Partiendo de entendimiento de que no es posible ni aconsejable intentar transpolar o copiar una experiencia de este tipo, el pensamiento de Xi Jinping encuentra ciertos lazos comunicantes con lo planteado en América Latina por el pensador comunista peruano José Carlos Mariátegui, cuando decía que el socialismo americano no podía ser ni calco ni copia, sino creación heroica de nuestros pueblos.
De esto, el PCCh ha dado y sigue dando muestras contundentes. Ésta es una tarea y un desafío no solo apasionantes, sino ineludible para quienes trabajamos en la construcción de una alternativa superadora del sistema capitalista»








