Vergüenza

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Qué esfuerzo fatal

Ha de moverme de mi aposento

Famélico plomo fundido dentro del ojo izquierdo

Plena rosa de la displicencia

Reconvertida en anuncio de algo feo

Nada ha de moverme de mi escritorio

Los niños mueren muriendo como un triste adorno

Mecen el aire de las ruinas como cuerpos que caen sin peso

Y a nadie le importa que sus cuerpos no dejen huella

En una tierra arrebatada

Por un dios extranjero

Qué esfuerzo fatal ha de arrinconarse a mis dedos

Qué ínfula de prejuicio y relieve donoso

Se hincha con esta sinrazón

Impotencia de íncubos ciegos

Ciudades arrasadas por los nuevos bárbaros

Sangre en lugar de calles

Sangre en lugar de ojos

Vísceras navegando como barcos de plomo

Tierra arrasada dentro de cada inhóspito ojo

Y yo aquí pavimentando mi tristeza

Sin mover un músculo 

Sin cargar por ellos un arma

Sin rendir pleitesía a su cuidado

Sin desprenderme de mi mismo

Ahora que la humanidad ha muerto

Me odio como ellos sufren

Me desprendo de mi arrogancia de vivir

De mi oculta irresponsabilidad de avestruz

Debería estar con ellos

Luchando con piedras ante los gigantes

Y la fosa sigue cavando el agujero

Hasta tan profundo 

Que en verdad escucho su pronto advenimiento

Saldrán sus restos orgánicos por nuestros intestinos

Se cubrirá la noche con sus pieles de ébano y escoria derretida

El sol lucirá como un ojo cerrado

La luna flameará derretida como una vela en las entrañas del mundo

Y todo se hará fluido y pastoso

Como un caldo de carnes vestidas con andrajos

Que habremos de comernos día y noche

Hasta saciar al viento azul y blanco

Hasta hacer de Goliat nuestro amo perverso

Y caer de rodillas ante un David armado con el nuclear descrédito

Qué esfuerzo fatal

Pero qué vergüenza de fútil esfuerzo.

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