Desear sufrir un daño

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Ocurrió la semana pasada mientras acudía en metro a mi trabajo. Una vez más oí a dos usuarios del metro de esos que ahora se sienten liberados soltar la retahíla que ustedes se saben de que si moros violadores, de que en el colegio todos los niños son extranjeros, etc. Una apreciación muy usual en este tipo de «pensadores» apareción en su conversación: «Yo, te lo digo en serio, si a mi niña la tocara un pelobrócoli ni policía ni nada. Iría yo a por él y que me lo dejaran y luego a todos el resto de esa gentuza».

No era la primera vez que veía a uno de estos sujetos de los que hablo aspirar a vivir en carne propia la peripecia de Paul Kersey, el protagonista de la saga de películas de El justiciero que protagonizó Charles Bronson entre los 70 y los 90. Entonces llegué a una conclusión tan sorprendente como inquietante: muchos simpatizantes de la derecha española y sospecho que del mundo entero están en el fondo deseando que alguien, preferiblemente de los grupos de población que les caen mal, atraque, lesione o viole a alguien de su familia o a ellos mismos con tal de poder justificar de algún modo el resentimiento que les corroe por dentro. —El villano aclara a los lectores «creativos» de siempre que no ha dicho que esté bien atracar, lesionar ni violar a nadie por más que a algunos parece que les gustaría—.

Una vez que esta conclusión se hace presente uno no puede dejar de pensar que, además, preferirían que la agresión sufrida en su familia fuera lo más aparatosa y grave posible para que pudiera justificar la mayor cantidad posible de actos violentos y racistas por su parte. Es decir, no les bastaría un empujón de un niño racializado a sus hijos en el colegio, les gustaría que fuera torturado, humillado y vejado de la forma más horrible, porque entonces les daría pie para dejar chica la limpieza étnica de Netanyahu en Palestina.

En principio uno pensaría que este hilo de pensamiento es propio de descerebrados a pie de calle pero mientras daba vueltas a esto recordé una frase que pronunció un representante político de cierto nivel durante los acontecimientos que siguieron al asesinato de Charlie Kirk, el racista y agitador de extrema derecha norteamericano al que los sectores más reaccionarios de todo el mundo quieren convertir en una especie de mártir de no se sabe qué. Una vez que el sospechoso de su asesinato fue detenido, y según todos los indicios apuntaba a ser un tarado de otro sector de la nueva extrema derecha tarada norteamericana, el gobernador del estado de Utah declaró que había rezado para que fuera alguien de otro país, pero rompió en llanto al tener que reconocer que «fue uno de los nuestros». El gobernador reconoció delante de todo el mundo que puede que hubiera dado por bueno el asesinato de su modelo de conducta con tal de poder desatar la furia xenófoba del movimiento trumpista con algo parecido a un motivo justificado para ello. Pero resultó que a quienes según su lógica debían estigmatizar y perseguir el gobernador y el resto de cabezas pensantes que guían esta corriente opinión era literalmente uno de ellos, es decir, deberían tomarse la justicia por su mano contra ellos mismos.

Puesto que pasados ya varios días nadie se ha tomado la molestia de alertar y perseguir ni mandar a campos de concentración rodeados de aligatores a los groypers, grupúsculo al que supuestamente pertenecía el asesino, es evidente que el razonamiento de la extrema derecha mundial no es el mismo con todo el mundo. Que los aspirantes a Charles Bronson no pueden llevar a cabo con la misma alegría sus delirios vengativos si el agresor de ellos o de alguien cercano resulta ser un blanco integrado en el sistema y practicante de su ideología, si así puede llamarse al odio irracional y preventivo contra negros, inmigrantes y demás.

Bueno, seguramente gente como la del párrafo que abría este artículo imaginará que ahora estoy contento de poder pasarles por la cara que un asesino blanco me ha dado la razón. Pero no es así. Sin dejar de reconocer una suerte de justicia poética en el hecho de que aun líder de opinión extremoderechista lo asesine otro descerebrado de su cuerda, la gente normal no desea que se sigan extendiendo los crímenes de la extrema derecha. Os aseguro, queridos tarados que me leáis, que no tengo la menor gana de que un blanquito con chaqueta Bomber y pulserita de la bandera de España viole, mate ni agreda a nadie cercano a mi. Ni a los negros y musulmanes que conozco, que en principio son los más susceptibles de sufrir ese ataque, ni a mi familia, que también podría padecerlo una vez que se desate la furia homicida de esos desequilibrados. Ni siquiera vosotros, que serías los que más lo mereceríais, y ya os ha demostrado Charlie Kirk que tampoco estáis a salvo de vosotros mismos. Aunque no sé cómo reaccionaría en la situación de sufrir este lance, sé seguro que por muchos nazis y skinetos que me cargara, eso no repararía el daño. Y es por esta razón por la que a mí me repugnáis vosotros a causa de vuestra estupidez y no nadie por causa de raza, nacionalidad, o cualquier otra circunstancia que ni ha decidido él ni le hace responsable de ningún mal. Y por la que deberíais repugnaros a vosotros mismos, aunque sospecho que, si os matáis entre vosotros, igual es que eso ya ocurre.

Fotos policiales de Tyler Robinson, supuesto asesino de Charlie Kirk. No era lo que algunos esperaban.

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