Por Pilar Aguilar Carrasco
Imaginad que el Comité Federal del PSOE declarara que robar y estafar es absolutamente incompatible con la militancia en el PSOE y que, cuando pillen a alguno haciendo esas fechorías, lo expulsarán del partido. Daría risa ¿no? Máxime si, después de gobernar 21 años (siete de ellos con mayoría absoluta) no hubieran legislado contra el robo ni el desfalco.
Bueno, pues es lo que han hecho con la prostitución. ¿Qué objetivo persiguen con esta pomposa, vacua – y yo diría que cínica- declaración? Pues contentar a las feministas. Así, en la reunión del viernes de Sanchez con responsables de igualdad y dirigentes feministas del partido, les dijo: “Mirad si lo estoy pasando mal que he perdido varios kilos. En un golpe muy duro para mí saber que yo elegí a esas personas que tienen ese tipo de conversaciones vergonzosas sobre las mujeres”.
Observad con qué astuto truco de magia consigue convertir el sentimiento de indignación que pudieran tener algunas, en sentimiento de pena hacia él. Sanchez pasa, en un abrir y cerrar de ojos, de ser responsable a ser víctima ¡qué maestría en la manipulación emocional!
Y fijaos también en la otra hábil (y repugnante) maniobra: Sánchez, como Mónica García, obvia mentar que los puteros soban, penetran, babean, humillan, usan y abusan de las mujeres. Reducen y circunscriben el horror de la prostitución a “conversaciones vergonzosas” sobre ellas.
Cabría esperar que, ante tal cinismo, las feministas se hubieran levantado en bloque y le hubiera dicho: ahí te quedas. Pero no, qué va, todo lo contrario. Según cuentan las crónicas, ellas “lo vieron muy abatido y muy delgado” (el pobrecillo) y “al final las dirigentes le trasladaron su apoyo y él lo agradeció”.
Sánchez terminó diciendo: “Necesitaba un acto como este para afrontar el Comité Federal de mañana”. Porque, en efecto, ese era su objetivo: llegar al Comité Federal con la voz de las «feministas» apagada y domesticada.
A ver, repasemos: el PSOE hizo la ley contra la Violencia hacia las mujeres hace 21 años y la ley de Igualdad, hace 18. Desde entonces para acá ¿qué? Ni siquiera han revisado esas leyes con el objetivo de perfeccionarlas en base a la experiencia acumulada.
Pero siguen viviendo de aquello y autoproclamándose feministas. Y sigue teniendo en sus filas mujeres que tragan y aguantan. Patriarcado de sumisión y de consentimiento se llama.
Y esos líderes manejan estupendamente la palabrería para embaucar y desactivar malestares femeninos: “Mujer, ya me gustaría darte lo que me pides. pero no es posible. Debes comprender que tengo una visión más global, responsabilidades más amplias, y muchos otros compromisos que atender. Pero, alégrate: cuando un militante diga que es putero, el Comité Federal lo expulsará”.
¡Ah! ¡Y Ana Redondo va a presentar una ley abolicionista!
Ana empieza su intervención con el consabido mantra de alabanzas a “la unidad”. Para ella unidad significa que las feministas nos aguantemos con lo que hay y dejemos de dar la lata y disentir. Nosotras decimos que, si abolieran la ley trans, desmontaran los protocolos trans en la enseñanza, implantaran la coeducación, invirtieran en campañas de concienciación ciudadana contra la violencia machista, atendieran las necesidades de las mujeres en sanidad, servicios sociales, trabajos feminizados, etc. estaríamos totalmente de acuerdo en la unidad, por supuesto.
Después de la llamada a la unidad (es decir, la llamada a que abandonemos nuestra agenda) Ana Redondo declara: “Voy a intentar llevar nuevamente al Congreso la abolición de la prostitución para que la gente se retrate”. Para “que la gente se retrate”, no para acabar con la prostitución … Le traiciona el inconsciente y, así, resulta que los retratados son ella y su partido. Lo tienen claro: su objetivo es que el PSOE aparezca como el bueno de la película, no que se apruebe esa ley. Si quisieran esto último, estarían manos a la obra haciendo campañas poderosas y constantes a fin de concienciar a la ciudadanía sobre lo que implica la prostitución para las mujeres prostituidas y para todas las demás. Estarían organizando debates en todas sus agrupaciones y en las asociaciones de mujeres que controlan (o sea, cientos), publicarían testimonios de supervivientes, conversaciones entre puteros, difundirían datos sobre prostitución en artículos de prensa, en declaraciones… Y si hicieran todo eso, en unos pocos meses, conseguirían que un alto porcentaje de la población -y no solo de sus votantes- apoyaran el abolicionismo, lo que obligaría a los demás partidos (salvo los muy cerriles) a pactar.
Y, si para pactar les tienen que dar algo a cambio, pues que se lo den porque pocas cosas hay tan importantes como conseguir abolir la prostitución.
Pero vemos que no hacen nada de esto. Solo buscan el “retrato”, o sea, que, en las próximas elecciones, volvamos a votarlos.
Y pensar que algunas siguen echándole las culpas a Irene Montero…








