Os pongo en contexto que solo por el título vais a pensar que soy una especie de Cenicienta rural exigente buscando un príncipe con tierras o algo así, y si eso ya sería triste, os aseguro que la realidad lo es mucho más.
Os voy a hablar de EHGAM (acrónimo en euskera de Movimiento de liberación gay y lésbico de Euskal Herria). Fundada en el 77 para luchar contra la represión que sufría el colectivo, ha sido durante casi 50 años la asociación más importante y aglutinadora del movimiento abecedario por estas tierras. La fundó un hombre, por supuesto, y en todos estos años sus figuras más destacadas han sido todos peneportantes. Aunque en Euskadi, como en todas partes, las mujeres lesbianas y bisexuales han sido esenciales en la lucha, y las feministas (incluidas las heterosexuales) siempre han estado apoyando, siempre han sido hombres las figuras más visibles.
Desde hace años, entregan anualmente dos premios, o más bien un premio -el triángulo de oro- y un castigo -la alpargata de trapo-. Hay que ser pijo y elitista de narices para considerar un calzado con una historia de más de 4.000 años el epítome del reproche. Un calzado que ha acompañado siempre a gente humilde, trabajadora, rural, con el que se ha cultivado todo lo que comen en sus gastrobares ecofriendly. Y, sobre todo, un calzado hecho en su gran mayoría por mujeres, trabajando 16 horas diarias. De hecho, desde mediados del siglo XIX hasta los años 30 del siglo pasado hubo una significativa migración femenina desde los valles navarros y aragoneses a las fábricas francesas de alpargatas. Por supuesto, a estos gaypitalistas de salón no solo les importa un higo la historia de las mujeres y su sufrimiento, sino que les parece muy divertido utilizarla contra nosotras.
Con su flamante triángulo de oro han premiado entre otros a Pikara Magazine y a Chrysallis, en una bonita ceremonia a la que les invitan, por supuesto.
Pero jamás invitan ni avisan a los “premiados” con la alpargata. De hecho, este año, mis compañeras y yo hemos sido las agraciadas y, como si fuéramos famosas despistadas, nos hemos enterado por la prensa. Las asociaciones y mujeres que organizamos el Desembarco Feminista en Bilbao nos hemos quedado sin nuestra alpargata. Tan valientes que fueron para venir en manada a insultarnos al parque de Doña Casilda (una señora estupenda que tuvo que aguantarles toda la mañana al pie de su escultura), y entre tanta testosterona no han encontrado los huevecillos para decírnoslo a la cara en un acto con prensa en el que habrían tenido que escucharnos.
De hecho, entre las compañeras que lo organizamos, hay descendientes de alpargateras que lo habrían reivindicado con orgullo. Con orgullo del de verdad, no esa porquería de purpurina vendida al lobby farmacéutico y a la explotación de las mujeres.
Habéis querido ofendernos e insultarnos y, como siempre, os ha salido mal. Seguís subestimando a las mujeres, sí, también a las lesbianas que decís defender.
Por eso queremos nuestra alpargata mientras vosotros seguís reivindicando los tacones. Queremos nuestra alpargata hecha con el sudor de mujeres humildes, las mismas que no os criaron para que os convirtierais en esperpentos misóginos. Y espero que estéis dispuestos a trabajar de lo lindo en fabricarlas, porque no hemos hecho más que empezar, y en los próximos años vamos a ganarlas todas.
¿He dicho ya que queremos nuestra alpargata?









Yo quiero la mía también, por ser feminista y en honor a mi abuela , alpargatera de un pueblo de Burgos.
Bien dicho, yo también quiero mi alpargata
No van a dar a basto