Jesús Carretero Ajo
Un puñetazo
dos
muchos
en un rostro vacío
como una pared abandonada
y por un rato nada más
-hasta que el aire
decida volver- e
el mundo del hombre
con los brazos atados
a la espalda
deja de respirar
hundido del corazón
en el abismo
acunado por el sueño
de la muerte.
Vuelve en sí cuando se disipan
las mariposas ciegas
o en blanco y negro
que son pena contra la vida
dibujándose en su rostro
semejante a un retrato de Bacon
una sonrisa sanguinolenta
y como no habla
ni canta
ni súplica -solo sonríe-
en las costillas
en el vientre
y en los testículos
del hombre
con los brazos atados
a la espalda
al que no quieren matar
pero están torturando
ahora mismo
una patada
dos
muchas








