Pilar Aguilar Carrasco
En mi entorno (familiar, amistoso o militante) no conozco a nadie que no esté indignado y horrorizado por los asesinatos masivos de palestinos cometidos cada día por Israel.
Pero, hace poco, en un grupo de composición internacional, algunas personas sí justificaban tales hechos.
Concretamente una alemana (movida quizá por la mala conciencia heredada) alegaba que ella comprendía que los aliados, para acabar con el nazismo, tuvieran que bombardear Dresde, destruyendo la mitad de la ciudad y causando entre 25.000 y 40.000 muertes de civiles y que ahora Israel tenga que hacer lo mismo en Gaza.
Me pasma tal argumento. En primer lugar ¿alguien puede seriamente equiparar la Alemania de Hitler con la Palestina actual?
En segundo lugar, dudo de que para ganar la Segunda Guerra fuera necesario cometer tamaña salvajada, máxime teniendo en cuenta que cuando se destruyó Dresde, la rendición de Alemania estaba ya cantada.
Y otro tanto pienso sobre los 250.000 civiles muertos en Hiroshima y Nagasaki (niños en la escuela o camino de ella, mujeres limpiando sus casas mientras, quizá, rogaban a sus dioses para que la guerra acabara y sus hijos volvieran vivos, ancianos pensando en cuánto le dolían los huesos esa mañana…).
Como sabemos, en muchos conflictos bélicos (y concretamente en las últimos, pues tenemos estadísticas aunque sean aproximativas), mueren muchos más civiles que militares. Así, se estima que, en la Segunda Guerra Mundial, hubo 40 millones de víctimas civiles y 20 de militares. En Vietnam, murieron alrededor de 58.000 soldados estadounidenses, un millón de soldados vietnamitas y dos millones de civiles. Aclaro que, por supuesto, tampoco justifico las muertes de soldados, la mayoría de los cuales, no se enrolan voluntariamente, pero, como decía un humorista francés: “Si seguimos así, para salvarse en una guerra, lo más seguro será alistarse en el ejército”.
Mis oponentes también me argumentaron que el conflicto seguía porque los palestinos se habían negado hasta en 8 ocasiones a firmar la paz. Es a todas luces simplista decir que los palestinos rechazan la paz sin preguntarse por qué la rechazan. Con la misma legitimidad podría afirmarse lo contrario: el conflicto sigue porque los israelíes se niegan a aceptar las condiciones de los palestinos. Ciertamente ignoro todos los entresijos de las negociaciones, pero algo sí tengo claro: en cualquier negociación siempre hay dos partes.
Y yo personalmente voy más lejos: los judíos no tenían legitimidad para fundar su estado en Palestina. Entiendo que, después del horror del Holocausto, quisieran tener su propio estado, pero ¿por qué no crearon un land judío en Alemania? O, si deseaban alejarse de ese país ¿por qué no en Minnesota o Arkansas? Dicen que Palestina es la tierra que les prometió Jehová, pero yo soy atea y ninguna palabra “divina” -ya sea de Jehová, Alá, Jesús, Quetzalcóatl, Visnú, Shiva, etc.- me sirve como legitimación de ningún acto. Y cierto, hace 20 siglos, allí vivían los judíos, pero ¿qué pensaríamos si los árabes reclamaran la refundación del reino de Granada puesto que también fue su tierra hasta hace -solo- cinco siglos?
En ese grupo internacional, otra persona también me tachó de antisemita. O sea: si no eres sionista, es porque odias a los judíos. Muy burdo, la verdad.
Su acusación me recuerda un episodio (éste frívolo) de mi juventud: un joven negro me pidió que mantuviera relaciones sexuales con él. Cuando me negué, me acusó de racista. También me recuerda esa acusación que se nos hace a las feministas abolicionistas de la prostitución de odiar a las prostitutas o la acusación a quienes nos oponemos al transactivismo de odiar a las personas que tienen un problema de disforia de género.
Y no, no soy antisemita. No juzgo a nadie por su religión, sus características físicas, su nacionalidad, su color de piel, sus creencias… No valoro a nadie -ni positiva ni negativamente- en función de su religión, su etnia, su origen geográfico… Mis criterios son otros: sus acciones y sus hechos. Para mí, un asesino es un asesino y una víctima es una víctima, ya sea árabe, judía, china, europea, católica, budista, negra o pelirroja.
En resumen, el Holocausto me horroriza, como a toda persona medio humana (y, por desgracia, “persona humana” no es un pleonasmo), pero el sufrimiento padecido por los judíos no justifica la carnicería de Gaza. Ni mucho menos.
Quienes quieren acabar con Hamas matando indiscriminadamente a todos los palestinos me recuerdan a Arnaud Amaury. Era el legado pontificio durante la cruzada contra los cátaros. En 1209, cuando se rindió Béziers, antes de entrar a saco en la ciudad, le preguntaron cómo distinguirían entre herejes y buenos cristianos y el santo arzobispo contestó: “Matadlos a todos, que ya dios reconocerá a los suyos”.
Como se ve, estas formas de asesinar en masa tienen tradición (en la propia Biblia, sin ir más lejos).









En estos momentos de gran indignación por el genocidio gazatí hay quienes lo justifican por acabar con Hamas. No la comparto. Tampoco si se trata de una venganza por el holocausto. La matanza es de tal magnitud -especialmente de niños y niñas, y mujeres, que es la forma de acabar con un pueblo- que no cabe mas que condenarla sin paliativos. Pilar, brava!! como siempre hila fino y muestra las contradicciones. De acuerdo