Violencia obstétrica I: El Parto

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Por Candela Aguilar

La violencia obstétrica se puede definir como “las prácticas y conductas realizadas por profesionales de la salud a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, que por acción u omisión son violentas o pueden ser percibidas como violentas. Incluye actos no apropiados o no consensuados, como episiotomías sin consentimiento, intervenciones dolorosas sin anestésicos, obligar a parir en una determinada posición o proveer una medicalización excesiva, innecesaria o iatrogénica que podría generar complicaciones graves. Esta violencia también puede ser psicológica, como por ejemplo dar a la usuaria un trato infantil, paternalista, autoritario, despectivo, humillante, con insultos verbales, despersonalizado o con vejaciones.” A pesar de que al leer la definición la mayoría de mujeres que hemos atravesado esta etapa nos sentimos identificadas con alguna de las situaciones que se explican, desde el estamento médico aún no se ha reconocido este tipo de violencia, negando no tan solo su existencia sino también negando la propia vivencia de las mujeres.

Como se ha definido anteriormente, la violencia obstétrica se da en diferentes etapas: embarazo, parto y crianza, aunque yo incluiría también el IVE o la interrupción voluntaria del embarazo, ya que forma parte de la salud sexual y reproductiva de las mujeres, es un momento muy delicado y ha supuesto una lucha muy grande para conseguir que se reconozca como un derecho. Por ello la idea es escribir tres artículos sobre violencia obstétrica. En cada artículo me voy a centrar en una de estas etapas y lo voy a hacer a partir de las experiencias y las vivencias de las mujeres, ya que en infinidad de ocasiones estas vivencias se minimizan, ignoran o incluso se ridiculizan. Cuando una mujer cuenta su dolor ante cualquier experiencia es muy posible que sea tachada de exagerada y más aún cuando nos referimos a lo relativo a la maternidad, un tema controvertido.

Para comenzar, hay que remarcar que este tipo de violencia se da en un momento de máxima vulnerabilidad y sin información clara al respecto, por lo que cuesta, por un lado identificarla y por otro ser capaz de denunciar. Creo que esta idea es fundamental; se da en momentos en los que no tienes la suficiente energía para denunciar, de manera puntual y una vez que ha pasado no quieres volver a pensar en ello, quieres pasar página, olvidarte. Y más aún cuando no tienes claro si lo que has vivido se puede considerar violencia. Cuando estás de parto atraviesas un momento de mucha fragilidad en el que tanto tu cuerpo como tu mente se centran en una sola cosa, que todo salga bien y que acabe rápido. Estas trayendo a un ser humano a este mundo a costa de tu cuerpo y de tu salud por lo que aunque te sientas maltratada o violentada eso no es lo importante en ese momento, es más, como ya he dicho a veces no eres capaz de identificarlo hasta que no ha pasado un tiempo y ves las cosas desde la distancia.

Mi experiencia en los dos partos que he tenido ha sido traumática y eso que no he tenido partos con complicaciones o que acabasen en cesárea, por ejemplo, donde las prácticas violentas están más extendidas. Pero es que cuando he hablado con otras mujeres creo que la mayoría refieren experiencias en las que no se han sentido escuchadas, infantilizadas o violentadas. En uno de los momentos de la vida en los que las mujeres sienten más miedo y necesitan más apoyo no solo no tienen a veces un acompañamiento profesional que les de confianza y fuerza sino que se sienten juzgadas y maltratadas. Y en todo momento me estoy refiriendo a partos sin mayores complicaciones, cuando hay dificultades o las cosas se complican la violencia también se incrementa, así como la indefensión y vulnerabilidad.

Cuántas mujeres sufren episotomías que no saben y no sabrán nunca hasta qué punto fueron necesarias con todo el dolor que conlleva luego. Y lo que es peor, que mujer no ha escuchado en el momento de coserla “y un punto más, el del marido”, es decir, te dan un punto extra para que la vagina se vuelva a cerrar y los hombres no pierdan ni un poco de su merecido placer. A costa de nuestro cuerpo, de nuestra salud. A veces las espisotomías son tan grandes que para volver a mantener relaciones sexuales te recomiendan hacerte masajes perineales para que vuelva a tener elasticidad. Hace tiempo que está el debate abierto de si es mejor desgarro natural o corte quirúrgico pero a nosotras ni nos preguntan qué queremos.

El parto es un momento aterrador y a la vez increíble para un mujer, porque estás trayendo a un ser vivo a este mundo, con todo lo que eso supone. Piensas en las mil cosas que pueden ir mal, te sientes perdida, crees que no vas a ser capaz de hacerlo, tienes miedo. Además, a esto le tienes que sumar el dolor que supone dar a luz. Es una situación delicada en la que somos, como ya he dicho, muy vulnerables y vulneradas. No podemos seguir permitiendo que se nos trate como a niñas, que no se nos escuche o que nos sintamos juzgadas. Aguantar comentarios despectivos o que minimicen lo que sentimos. Que se realicen prácticas en nuestro cuerpo sin nuestro consentimiento o por comodidad de las personas que nos están atendiendo en ese momento. Hay muchas mujeres, más de las que creemos, que después de la atención recibida en el parto sufren secuelas psicológicas, porque si cuando algo sale mal y tienes pánico ante lo que pueda venir sufres violencia, y una violencia tan brutal y silenciada como es la violencia obstétrica, el sufrimiento está servido.

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