En cierto número de la Calle del Desvarío, situada en alguna ciudad de España, se había convocado reunión de vecinos. Aquella semana las altas instituciones de la Unión Europea habían comenzado a decir sin tapujos que esperaban que la población se preparase para la guerra. La amenaza rusa, según unos informes de la inteligencia alemana que nadie había visto ni leído, era inminente, a pesar de que solo unos meses antes otros informes igual de fiables y la opinión de los «expertos militares» auguraban un colapso total del ejército de Putin en 2025. Por tal motivo la Unión Europea había empezado a hacer declaraciones grandilocuentes de retórica belicista y avisar a la población que debían prepararse para saber usar refugios y tener provisiones para 72 horas. Incluso en el colmo de lo surrealista una comisaria Belga, aunque descendiente de argelinos, del ente Europeo había hecho un video, además en tono desenfado, para nada como si tratase algo serio, mostrando un supuesto kit de supervivencia que decía llevar en su bolso. Para hablar de acondicionar el bloque según estos postulados era para lo que se convocaba esta reunión.
—Buenas tardes a los presentes —comenzó diciendo Don Narciso De La Importancia, presidente de la comunidad—, aunque veo que cada vez somos menos en las reuniones.
—Es que casi todos los pisos del inmueble se los han quedado ya Airbnb y similares. De hecho he tenido que informar al alemán borracho que está en el segundo C de que esto no era una fiesta —respondió Dámaso Tedio, vecino del 3 A.
—A mí me preocupa más ese problema que la guerra —intervino Chema Cabal, habitante del 5 A.
—¡Ya salió el rojo este! Pues yo ya tengo preparada mi navaja suiza y diez kilos de sardinas de cuba para resistir si vienen los comunistas —terció Marcial Del Diestro, del 1 C.
—Vale, a ver si llegamos a un acuerdo —retomó la palabra Don Narciso—. La idea es aprobar una derrama para convertir el sótano de la casa en un refugio en caso de guerra. Creo que sacando de allí los cubos de basura, a los que habrá que hacer un sitio en otra parte, se podría poner un almacén de latas de alimentos y habría que hacer unos apaños en la instalación eléctrica para poner un generador de emergencia y lo mismo en las cañerías para tener un baño.
—Ustedes perdonen, pero yo no pienso gastar dinero en una obra para encerrarme tres días en el cuarto de la basura con otras tres personas —dijo Chema—. ¿Pero nos hemos vuelto todos locos? Si estamos en el otro extremo del continente respecto a Rusia. ¿Cuánto tiempo piensan resistir en el cuarto de la basura unas siete personas, incluyendo a algún guiri borracho al que no podremos dejar fuera?
—¡De eso ni hablar! ¡Los extranjeros fuera! ¿Y metemos MENAs también no? —terció don Marcial— Miren, lo mejor será que me dejen planificar esto a mí, que me he leído dos libros sobre la guerra civil escritos por Pío Moa y ya sé cómo caerá todo.
—¿Puedo hacerle una pregunta? —dijo Chema.
—Seguro que es algo de rojos de tocar los cojones, pero hazla.
—¿Usted cree que caso de que viniera aquí la Spestsnaz va a poder hacer algo con sardinas de cuba y una navaja suiza? ¿Y que si bombardearan y ocuparan la ciudad después de tres días ya íbamos a recibir ayuda o lo que fuera?
—En eso tiene razón—dijo Dámaso Tedio.
—¡Pues nunca le oí decir nada al rojo este cuando habla de prepararse para la guerra el gordo de Corea del Norte! Yo estoy a favor de la derrama. Pero deben dejarme planificarla a mí —contestó Don Marcial.
—En eso tiene razón —volvió a decir Dámaso Tedio.
—Pero vamos a ver. ¿Qué tendrá que ver Corea del Norte aquí? Además, Don Marcial, no le entiendo, si la mayoría de gente de su cuerda es la que en Europa se está oponiendo a esta idea. Para una vez que parecen ustedes los sensatos… —intentó razonar Chema.
—Es que la guerra la van a provocar antes o después lo woke o como se llamen aliándose con los islamistas radicales, que lo leí en el portal El Europeo Informado. Todo el rollo de Putin es sólo una tapadera y yo me estoy preparando —expuso Don Marcial.
—A ver, creo que nos hemos desviado del tema —moderó Don Narciso—. La cuestión es que hay que hacer una modificación del sótano donde guardamos la basura si queremos tener un refugio. ¿Quién está a favor y quién en contra? Y si puede ser den motivos, se lo ruego.
—Yo estoy muy a favor, pero luego no pienso dejar entra ni a rojos ni a moros ni nada por el estilo. Que me conozco a los buenistas estos —dijo Don Marcial.
—Tiene razón. Yo me sumo —intervino Dámaso Tedio.
—Yo me niego en redondo. Y si se hace la obra que la paguen los de los pisos turísticos, que son los que más dinero e intereses tienen aquí —expuso Chema.
—También tiene razón. Yo me voy con él —opinó Dámaso Tedio.
—Eso es de comunistas —gritó Don Marcial.
—Ah, pues si es de comunistas yo con Don Marcial —volvió a cambiar Dámaso Tedio.
—Vale, se aprueba la derrama —sentenció Don Narciso.
—¡No me lo puedo creer! ¿Vamos a pagar todos una obra innecesaria y que nos va a dificultar la gestión de las basuras por un individuo de esos que no se mojan pero al final siempre tiran a lo facha? —dijo Chema.
—¡¿Cómo que lo facha?! Es puro sentido común. Ahora te lo explico —dijo Don Marcial.
Cuando se disponía a empezar su explicación, un inglés en calzones con la cara roja de beber irrumpió en la reunión.
—Buenos targdes. ¿Marsiall Diestro, please?
—No voy a atender nada con un guiri borracho,
—No es parra mí. Vinou el hombre que me alquilou el pisou y quiere saber si su casa está en venta. Me voy a la fiesta ¡Uhhhhhhh!—gritó el inglés y salió de la puerta.
Chema Cabal observó cómo mientras se discutía de asuntos surrealistas, los grandes capitalistas seguían a su tarea de acaparamiento, especulación y precarización. Al menos, se consoló, si le quitaban el piso a Marcial era más probable que las cosas que se hicieran en la comunidad tuvieran pies y cabeza.








