Por Sonia Mauriz Pereira
Si algo no se creerían Anguita o La Pasionaria es que un día personas denominadas de izquierda defenderían el relativismo cultural y las religiones por encima de la libertad colectiva y los derechos humanos, a la subjetividad propia frente al interés general.
Hay deudas pendientes en España, desde la Transición, con la propia Constitución, algunas tan palpables como el derecho a la vivienda y al trabajo dignos y otros más innombrables como que siendo un estado aconfesional se sigue permitiendo simbología religiosa e incluso asignatura de Religión en los colegios.
Hasta hace muy poco era habitual que la Conferencia Episcopal fuera interlocutora en muchos asuntos muy fuera de su competencia. Y, por ello, la izquierda siempre le ha recordado al gobierno este punto, que no se estaba cumpliendo con la aconfesionalidad.
Pero hete aquí que, de pronto, sindicatos y partidos que se creen descendientes de la pata de Marx, defienden con uñas y dientes la libertad religiosa. Y debe existir, claro que sí. Pero en casa de cada cual y con las líneas muy claras de los derechos humanos y de la ley.
¿Pero qué libertad religiosa? ¿No estaremos defendiendo asuntos como el velo desde la estética política y no desde una reflexión real?
Porque si defiendo libertad religiosa en espacio público entonces ¿Cómo prohibo rezos católicos a las puertas de clínicas que practican abortos? ¿Cómo prohibo la ablación de clítoris? ¿El matrimonio impuesto? ¿Enseñar a menores castigos corporales de ciertas órdenes católicas? ¿Cómo prohibimos las terapias de conversión a gays y lesbianas de diversas religiones o sus castigos a su libre vivencia?
¿Dónde pongo la raya? ¿Y esta raya es temporal o solo exotismo cultural? ¿Lo que hacía mi abuelo no pero los abuelos de otras sí?
“Es que ellas lo hacen libremente y no somos nadie para imponer y no respetar su cultura”
La suya pero ¿y la nuestra?
La cultura peninsular es machista, el piropo y el acoso a gays y lesbianas son gracietas, la caza un deporte, el toreo un arte, los malos tratos eran cosa privada, los celos amor, el feminicidio crimen pasional, quemar animales o tirarlos por un campanario una fiesta, el cura un amigo de la familia que entra en casa, el bikini y la minifalda eran de “mujeres que fuman”, el domingo a misa con mantilla y en Cuaresma no se come carne, el hombre de bien hace la mili y se casa con una mujer, la mujer de bien se casa, gesta y aguanta.
Y ¿Qué hicimos? ¿Respetamos a nuestros abuelos y abuelas y sus tradiciones? ¿O luchamos contra ellas porque eran contrarias a la realización de la mujer como ser humano? ¿Incluso a pesar de que ellas sostuvieran que eran libres ? Porque no lo eran y no hay que ser el lápiz más afilado del estuche para saberlo. Pero si es foráneo, si es exótico, entonces ¿Se nos nubla la vista y ya no es asunto nuestro?
A las que señalamos que este Estado tiene unas normas y que estas deben avanzar hacia derechos humanos reales y no retroceder se nos dice que se debe escuchar a la parte agraviada y ,por supuesto, pero si esta no tiene libertad real es una interlocutora sin voz propia. No, no es tonta. Nadie quiere maternar a nadie, ni hay una posición de superioridad.
Las dos partes que interactúan tienen sus propias cadenas. El patriarcado es un monstruo de varias cabezas, el tronco es el mismo pero varían sus caras. Entre oprimidos es difícil que se de superioridad pero al monstruo le interesa que se vea así.
Antes podía pasear desnudo por el mundo pero hoy día para sobrevivir disfraza sus caras a conveniencia, por ejemplo de izquierda e, incluso, de feminismo institucional. No respetamos que nuestras madres y abuelas dijeran eso de “te casas para aguantar”. Reconocer ese discurso tampoco es criminalizarlas porque ese era el mundo que conocían.
Con la apertura del estado a otras culturas que ya tenían leyes que aprobaban el divorcio, el aborto, sociedades que no veían tan mal la homosexualidad, que traían otras músicas, otros libros, otra ropa…hasta nuestras abuelas fueron cambiando. En 1982 cuando llega el divorcio este era visto como una auténtica desgracia (las famosas familias disfuncionales) y yo aún recuerdo las charlas en voz baja de madres contando que tal niño era hijo de separados como si contaran que tenía lepra.
Y hoy día poco rastro queda y se ha normalizado. Por que no se respetó la tradición, el juntos hasta que la muerte nos separe. Se promovieron leyes que contrarias a la tradición velaban por el interés general, divorcio, aborto, matrimonio homosexual…
En cuanto a la supuesta libertad, el mito de la libre elección es algo a poner muy en cuarentena.
Me remito y ya lo he hecho en algún otro articulo a la definición que dio Anguita :
“La conciencia libre significa que yo puedo decidir si tengo todos los elementos para formular mi decisión. Estoy bien informado, estoy bien formado, me alimento todos los días, tengo un techo donde guarecerme, tengo una ropa que ponerme, y, una vez tengo mis necesidades más elementales satisfechas, yo puedo empezar a pensar para ser un hombre libre» ( léase mujer libre también)
Si una mujer puede tener todo esto por sí misma y en “bien formado” entendemos no solo educación académica, también ha roto lazos emocionales con la información dada…es decir se ha liberado de la educación en género, entonces es libre.
Y eso no ocurría con nuestras abuelas, en muchos casos ni con nosotras mismas y tampoco con otras mujeres que provienen de otras culturas.
Entonces ¿Por qué no dudamos en contra la cultura de nuestros ancestros pero debemos mirar para otro lado si son coetáneos pero de otros lugares? ¿Es una cuestión de que temporal es peor que espacial ? ¿Así de absurdo? ¿Estética política? ¿Me dicen que si soy de izquierda tengo que defender esto aunque si leo teoría política de izquierda no se sostiene? ¿Los toros mal y los niños no deben entrar en una plaza? (No deben y ni un duro de dinero público para esa salvajada) ¿Pero niñas tapadas sí con lo que conlleva de asumir ser objeto sexual y de sumisión aunque sea a un ser mitológico?
Porque ni la minifalda era solo un trapo, ni lo es el velo. Mi abuela muchas veces me preguntaba si me gustaba tener una abuela moderna que ponía pantalones. Pantalones, sí. Algo tan cómodo, tan normal. Y esas son cosas que los hombres guardan para sí, la comodidad. Pantalones con bolsillos. Ropa holgada. Zapato plano. Sin depilar. Los niños pueden saltar, correr, subir a árboles. La ropa de las niñas ya está diseñada para que desistan. Para la incomodidad. Y para la aprobación masculina, sea el que controla qué parte de cuerpo descubres o que parte no.
¿Quién no recuerda el “No me gusta que a los toros te pongas la minifalda” ? Y aquella chica veinteañera que a su padre o novio no le gustaba la minifalda y expresaba en casa su opinión. ¿Qué acabaría defendiendo esa chica? Pues o modo Inés en Cuéntame, “pues ahora me lo pongo” o diría lo muy común “ si te la pones eres una cualquiera” que en realidad esconde la necesidad de aprobación del núcleo familiar.
Porque si somos feministas y conocemos como se construye el género sabemos que la familia es el agente socializador más importante. Por tanto, no estás bien formado, tampoco informado porque vas a descartar toda información que contradiga tu programación familiar. A la objetividad se llega dudando constantemente de tu subjetividad.
Por eso duelen a fuego las gafas moradas, significan romper con todo lo enseñado, perdonar a las familias de origen que probablemente no conocían otra cosa y no retroceder. Y no volver la mirada hacia otro lugar. No le puedes pedir al feminismo que mire hacia otro lado si ve una situación de opresión. No nos puedes pedir que las veamos como a “otras”. Solo vemos mujeres.
Las gafas moradas miran al pasado y ven en nuestras abuelas, mujeres. Que levantaron sociedades porque sin el trabajo de criar simplemente no hay sociedades, que no eran tontas ni débiles, que ni por un momento se pasa por la cabeza maternarlas o verlas inferiores.
Las gafas moradas miran a otras culturas y países y ven mujeres. Y lo que se ganó aquí lo queremos para ellas porque lo contrario sí sería racismo. Quiero que voten, que se puedan divorciar, elegir su vida, que tengan el control de su sexualidad y de su maternidad. Que tengan derecho a la salud y a la educación.
Como yo.
Porque lo otro sería como si yo teniendo lavadora veo a las demás lavando en el río y no hago nada por no ofender. Y eso sí me parece racismo.









Moi bo, Sonia.
Hoy, curiosamente, me da por cambiar de canal por la mañana mientras desayunaba, bueno, mientras alargaba la hora de ponerme a hacer tareas domingueras. Y qué me encuentro en la TVE2??? pues un programa en el que estaban hablando de los problemas que hace que miles de personas tengan que inmigrar, iban bien, pero en esto que me fijo yo en el decorado y… encuentro una cruz medio camuflada y, en esto, la del buen argumento pasa a decir que hay mujeres en situación de trata «consentida» luego, vale, lo intentó corregir no le salió muy allá pero se entendió que eso se hacía en un contexto de mayor violencia así que, en plan mal menor la prostitución era una especie de elección (mátame camión).
Pues hago de nuevo cambio de canal, reconozco que estoy enganchada a uno que es «Nuestro propio castillo» pero era repe, salgo a la huerta, atiendo el gato, vuelvo… pereza de domingo, otra vez tele cambio el canal otra vez a la TVE2 y esto ya fue el colmo del como un programa titulado «Medina» un tío con aspecto árabe, así que, amiga, aunque cambié ipso facto con el pensamiento «lo que me faltaba» me quedé muy mosqueada, así que añade a la lista que das la TV pública! ah, en «telegaita» otro programa de misa y tal… ayer toros en la TVE2.
Hasta ahí mismito de la «cultura» enunciada desde la estulticia acrítica.
Un saúdiño!