Capítulo XV
La política y el taxi
El primer recuerdo que tengo de haber conocido a un político es el de una reunión con un alcalde de Izquierda Unida, paisano de mis padres. En ese momento y pese a que era muy joven, ya llevaba algunos años dedicándome al mundo de las ventas, un sector en el que la labia es tan necesaria para poder conseguir objetivos, por lo que, pese a estar acostumbrado, tengo que reconocer que me impresionó mucho la elocuencia de la que hacía gala en todo momento, sumada a otros detalles como el fuerte apretón de manos que me dió nada más presentarnos o el tono de voz que usaba el cual, adquiría una inusual potencia en el momento de señalar algo importante, con firmeza pero sin parecer agresivo, con el fin de hacer resaltar sus argumentos.
Una actitud que, por otra parte, puede considerarse normal a día de hoy para un ayuntamiento como el de Rivas en el que gobernó durante años y que en la actualidad, los plenos parecen auténticas batallas campales por culpa de un PP perdedor y plagado de representantes soberbios, clasistas, faltones y mal educados, lo que me hizo darme cuenta de que también existía una clase política que estaba muy por encima de todos estos circos que estábamos acostumbrados a ver en los medios.
Años más tarde, cuando comencé a trabajar para el taxi, la siguiente interacción que tuve con varios políticos fue por medio de Twitter con algunos miembros de Ahora Madrid durante la época en la que gobernaban en la capital.
En este caso y como ya he comentado anteriormente, la razón fué que durante meses me dediqué a mandar decenas de mensajes a diferentes miembros de la formación dirigida por Manuela Carmena y a la gente de Podemos exigiéndoles una explicación sobre la campaña de promoción que hizo el coordinador de la alcaldía de Ahora Madrid a Uber posando en una foto junto con el director general del gigante de Silicon Valley justo tras una manifestación de los taxistas para protestar contra su gestión en el Ayuntamiento.
De este modo y tras realizar multitud de llamamientos prácticamente a diario a decenas de políticos de las dos formaciones, el único que finalmente acabó recogiendo el guante y contestando fue Rafa Mayoral, miembro de Podemos que por aquel entonces ejercía como secretario de Sociedad Civil y ya era muy cercano al sector del taxi, algo que viéndolo ahora con la perspectiva del tiempo, fue lo más normal ya que desde Ahora Madrid tampoco hicieron mucho por el taxi mientras estuvieron en el Ayuntamiento, algo que no deja de ser irónico ya que muchos de aquellos políticos que hicieron caso omiso de las peticiones de los taxistas, posteriormente y ya formando parte de otro partido, tuvieron la poca vergüenza de pedirles su apoyo para las elecciones.
Otro de los políticos con el que también tuvimos una “agradable” relación por esa época fue con el director de transportes del gobierno de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid.
Bajo este contexto, cada vez que me acuerdo me sigue haciendo mucha gracia ya que el personaje en cuestión iba de político enrollado y vendiendo la imagen de que escuchaba a todo el mundo independiente de su ideología, respondiendo a todos los mensajes que le llegaban cuando la realidad era que luego su labor frente a una de las administraciones más importantes de la comunidad era nefasta, por lo que era muy fácil provocarlo para comenzar una discusión en la pudiéramos exponerle con el objetivo de acabar lanzándole hordas de taxistas muy cabreados con su gestión, haciendo de este modo que todo el mundo lo viera, algo que parece que terminó por quemarle, ya que dejó de contestar en poco tiempo y su actividad en Twitter descendió considerablemente.
Pero vamos, nada grave, simplemente se convirtió en otro al que se le acabaron las buenas intenciones en cuanto le pusieron frente a un espejo, ya que no es lo mismo cuando únicamente eres tú el que hablas, que cuando te pueden rebatir, y así pasa luego, que perdemos los papeles.
De hecho, en una ocasión tras insistirle en redes sociales que como responsable de transportes de la Comunidad de Madrid actuase contra los abusos de Uber y de Cabify, parece que se vio abrumado y nos replicó afirmando burradas como que Cabify era mejor que el taxi porque tenía «precio cerrado» (mentira) o que los taxistas lo que tenían que hacer era “dejar de quejarse por lo que hacían los demás y preocuparse más en mejorar su servicio”, es decir que cuando se vio acorralado por decenas de ciudadanos y ciudadanas que le exigían que hiciera su trabajo, la respuesta fue atacarlos, tal y como atacan a los familiares que denunciaron las muertes de sus seres queridos en las residencias de la Comunidad de Madrid durante lo peor de la Pandemia. Así funciona el PP.
En mi opinión, si al responsable de transportes no le gustaban los taxistas y no quería hacer su trabajo, solo tenía que decirlo, dimitir y dedicarse a otra cosa, tampoco era necesario que faltar a la verdad arrastrando la imagen del sector de manera tan gratuita.
Otro momento bastante épico con este político fue cuando, en el fragor de otra discusión, le señalé con pruebas que no tenía ni idea de la existencia de todas las cláusulas abusivas de los contratos de Uber y de Cabify que habíamos denunciado y que impedían a sus clientes reclamar contra cualquiera de estas compañías en caso de ser estafados o de tener un accidente, algo que era bastante grave ya que demostraba que el mismísimo responsable de controlar la actividad de Uber y Cabify, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo estás empresas. Nada nuevo bajo el sol que no siga pasando hoy, por otra parte.
De todas formas, también es cierto que en redes sociales no era muy común que un político entrase al trapo, ya que sabían que les podíamos dejar expuestos porque perdían el comodín de utilizar toda esa palabrería para manipular y darle la vuelta a los hechos como hacían en los plenos, por lo que aprendimos a ser capaces de provocarles conseguir que “entraran al trapo” incluso en muchas ocasiones, contestandonos elevando el tono o con mensajes totalmente fuera de lugar, lo que luego nos servía como arma arrojadiza contra ellos mismos.
Esto solía suceder sobretodo con gente del PP, de Ciudadanos y de Vox, ya que al ser los más prepotentes, soberbios y sobretodo clasistas, en todo momento se creían estar por encima de los taxistas a los cuales, consideraban personas inferiores, por lo que al rebatirles, se sentían bastante ofendidos, hasta el punto de como sucedió con un miembro del PP de Rivas, mandarnos a trabajar en lugar de estar con el móvil.
Por otra parte, una vez que Taxi Project empezó a mover su maquinaria y nuestras acciones comenzaron a resonar, el Jefe dedicó una gran parte del tiempo a establecer relaciones en mayor o menor medida con muchos de los partidos políticos del espectro de izquierdas, tanto en las instituciones españolas como en el Parlamento europeo, así como con partidos independentistas de Catalunya, al ser donde nuestro trabajo estaba generando más interés en el ámbito político dado que ya teníamos un recorrido con Élite Barcelona y el Jefe siempre se ha sabido mover muy bien por todas sus instituciones.
Sin embargo, tras la Pandemia llegó la ley Uber de Ayuso, por lo que el Secretario y yo nos hicimos cargo de todo el tema político en la Comunidad de Madrid, acelerando todo el trabajo que ya llevábamos realizado en la región planificando un calendario de reuniones de cara a poder frenar la acción que estaba intentando perpetrar Ayuso para beneficiar a Uber, Bolt y Cabify.
Un trabajo a nivel político y en vistas a unas elecciones que cada vez estaban más cerca y que tras la aprobación de la infame norma, se convirtió junto con el recurso de inconstitucionalidad en nuestras únicas armas para seguir luchando por el futuro de los taxistas.
A pesar de este contratiempo, si me pongo a hacer memoria, por una parte siempre he tenido la sensación de que nuestra labor era escasa, pero ahora a posteriori y analizando todo el trabajo que hicimos en tan poco tiempo, se demuestra que fue bastante extensa, sobre todo durante los dos últimos años en los que tuvimos muchas las reuniones con políticos y diferentes cargos públicos para hablar de la situación y del futuro del taxi en general.
Pero no sólo eso, porque también en estos encuentros tuvimos la oportunidad de presentar nuestras propuestas y nuestro trabajo en particular, (en este caso casi siempre con los mismos partidos, partidos de izquierdas por afinidad y al ser los únicos que nos atendían y nos escuchaban), lo que sirvió en muchos casos de base para las acciones que luego llevaban a cabo en la Asamblea para intentar contrarrestar los abusos de la presidenta.
Por ejemplo, en cuanto a Más Madrid y Unidas Podemos, fueron partidos que en todo momento se mostraron muy receptivos e interesados en conocer nuestra labor y ayudarnos, pero con algunas diferencias muy sustanciales entre las dos formaciones.
En consecuencia, y hablando en nombre de Taxi Project (a nivel personal sería otro cantar) creo que tras las últimas elecciones en las que Unidas Podemos terminaron sin representación en el Asamblea de Madrid, sería importante por nuestra parte poder devolver todo el apoyo que hemos recibido de ellas durante los últimos años para ayudarles a remontar, tanto por responsabilidad como por respeto su trabajo y con el fin de que no se pierda y pueda tener una continuidad, pese a no estar en las instituciones.
También es importante señalar el hecho de que a diferencia de Más Madrid, Unidas Podemos siempre intentó buscar soluciones a los problemas del sector dejando que los propios taxistas tomasen sus propias decisiones, mientras que ellas se dedicaban a actuar como altavoces de nuestras reivindicaciones en las instituciones.
Por contra, la gente de Más Madrid tenía un enfoque un más técnico que Podemos ya que sus representantes estaban mas especializados, pero nos solían poner ciertas condiciones para disponer de su apoyo, lo cual no es reprochable (por lo menos a mí), pero creo que demostraba que no tenían una confianza total en nuestro trabajo, algo que con Sumar parece que se ha ido al extremo opuesto, tomando decisiones directamente sin contar con los taxistas, lo que ha provocado que en la formación de Yolanda Díaz se produzcan dispatarates como intentar controlar los precios de Uber y Cabify cuando realmente lo que se necesita es controlar su actividad y tomar medidas frente a sus abusos, o anunciar a bombo y platillo que van a realizar una serie de estudios para demostrar que las plataformas discriminan a cierto sector de la población que hace años ya presentamos los propios taxistas con nuestros equipos de trabajo.
Volviendo a Podemos y a Más Madrid, reconozco que en muchas ocasiones dentro de mi labor como representante me he mostrado muy crítico públicamente con ambos partidos para presionarles con el fin obtener de la manera más rápida nuestros objetivos, ya que creo que es mi obligación luchar con todas las armas posibles por los intereses de mis compañeros y compañeras independientemente de mi afinidad ideológica.
A pesar de ello, desde que estuve en política también entiendo que muchas de estas cuestiones no dependen tanto de la insistencia ni de buenas intenciones, sino de su predisposición y de sus convicciones que haya para conseguir que se haga a efecto, cuestión en la que tambien he sido muy claro, ya prácticamente hasta el anuncio de la ley ómnibus de Ayuso, tanto Más Madrid como Podemos se acordaron del taxi sólo en campaña, algo que no dejaba a ambas formaciones en muy buen lugar frente a los taxistas, cuestión que cambió en las últimas elecciones con Alejandra Jacinto, la cual se preocupó bastante de realizar un trabajo con los taxistas contando con ellos junto con los demás colectivos afectados por las políticas del PP prácticamente desde el principio.
Sin embargo en ese momento yo era militante de Podemos, por lo que en alguna ocasión acababa sentándome como representante de un grupo de taxistas frente a las mismas personas con las que días antes había compartido actos de partido, por lo que todo fluía bastante mejor.
En cuanto al resto del espectro de izquierdas, creo que el PSOE en la Comunidad de Madrid a día de hoy sigue bastante perdido con todo el tema del taxi, a diferencia de lo que sucede en Catalunya, donde es pública y notoria nuestra relación con el PSC en Barcelona, lo que ha supuesto que tanto Uber como Bolt y Cabify tengan que cumplir las leyes a rajatabla y en el caso de que no sea así, se tomen las medidas correspondientes. Por contra, desde el mismo PSOE en muchas ocasiones se han mostrado bastante críticos públicamente contra los taxistas con el objetivo de tapar su propia inacción en cuestiones muy importantes de las que fueron responsables, como en la aplicación del Decreto Ábalos durante la huelga de los 16 días, o posteriormente negando su apoyo a los taxistas para presentar el recurso de inconstitucionalidad de Unidas Podemos contra Isabel Díaz Ayuso.
Pese a esto, tampoco se puede negar el hecho de que dependiendo de la Comunidad autónoma, el PSOE puede llegar a ser más o menos efectivo en su trabajo con el taxi, mientras que a nivel estatal aunque siempre se han mostrado receptivos, nos han acabado dejando completamente abandonados a nuestra suerte.
Por último, nuestra labor en Madrid con Vox, Ciudadanos o el PP es totalmente nula, motivada en primer lugar porque estos partidos sólo se sientan con las asociaciones representativas por una cuestión meramente de obligación institucional al ser un servicio público que depende de la administración y porque la mayoría de las asociaciones de taxistas (no todas) se han posicionado públicamente en muchas ocasiones contra estos partidos por sus políticas a favor de Uber, Cabify y el resto de plataformas extractivas.
En cuanto al PP en particular, como siempre hemos tenido la libertad de reunirnos con quién hemos querido al no ser representativos, nunca hemos sido partidarios de sentarnos con ellos, básicamente porque no nos gusta que nos tomen por idiotas ni que nos miren por encima del hombro como si fueramos ganado, y sobre Vox, ya lo dijo claro El Jefe en el Parlamento: “No nos sentamos con fascistas”.
Por último, en lo que respecta a Ciudadanos, tenía pensado hacer un capítulo aparte dado el hostigamiento, la altanería, la soberbia y el odio que sus representantes políticos estuvieron destilando y lanzando en los medios contra el taxi durante años, pero la verdad es que ahora que han desaparecido tampoco voy a darles la importancia que no tienen.
Lo que sí me gustaría señalar es que todavía no entiendo cómo un partido político pudo dedicarse a atacar sistemáticamente a un sector formado por trabajadoras y trabajadores que lo único que estaban haciendo era luchar por los derechos que les estaban robando. Pero bueno, como decía, felizmente han desaparecido del mapa. Eso sí, Fonsi Loaiza siempre tendrá nuestro apoyo contra los que pretenden callarle por contar lo que fue evidente.
Volviendo a Vox, hubo un episodio en el que la asociación mayoritaria en Madrid se reunió con ellos en un momento de desesperación ante la intransigencia de Ayuso como estrategia para conseguir que no apoyasen la aprobación de la Ley Uber del PP. Ese día, algunos se felicitaban porque parecía que habíamos podido utilizar a un partido como Vox como instrumento para tumbar la infame norma de la presidenta madrileña consiguiendo su voto en contra de su ley para beneficiar a los VTC, pero nada más lejos de la realidad ya que al final, acabaron engañando a los representantes de los taxistas votando justo lo contrario a lo que prometieron, convirtiéndose en los otros culpables de que el decreto saliera adelante, lo que cabreó bastante a la gente que se había tenido que tragar el sapo de sentarse con ellos.
Aparte, Vox durante años ha intentado vender a los taxistas una solución para sus problemas que en esencia, se trata de coger una mierda (literalmente), envolverla en papel de regalo y entregársela a los taxistas a cambio de esas licencias por las cuales están hipotecados casi de por vida.
Esta estrategia se basaba en que el estado podía “recomprar” la licencias de taxi para retirarlas al mercado. Hasta ahí bien. Lo que no sabemos era si las pretendían pagar con dinero público, en bitcoins, con cheques para ir al Valle de los Caídos o directamente se trataba de un robo para beneficiar a las plataformas.
Me sorprende que con el tiempo que tiene Santiago para pensar con lo poco que trabaja lo invierta en semejante estupidez.
En conclusión, según mi experiencia, los taxistas hemos contado con el apoyo de Unidas Podemos, de Más Madrid con sus cosas y con el PSOE dependiendo de la autonomía y de la cercanía de elecciones. Y ya.
De la derecha facha, de la derechita cobarde y de la derecha cuñada ni espero ni quiero nada, solo sería necesario que desaparecieran del panorama político para mejorar la vida de la clase trabajadora, porque son rancios, nocivos, dañinos y representan unos valores que no tienen cabida en una sociedad moderna y tolerante.
En lo que respecta a los partidos nacionalistas e independentistas, siempre han tenido mi respeto porque de una manera o de otra han demostrado que se suelen preocupar bastante por su gente, ya que en la mayoría de los casos los taxistas han encontrado en sus formaciones un apoyo frente a las multinacionales, aunque con los partidos de derecha como el PNV, Junts o ERC ha habido que trabajar un poco más ( Y digo bien, derecha ERC, una cosa es el discurso y otro cuando gobiernan).
Para finalizar, volviendo a Sumar, creo que para nosotras y nosotros es muy difícil apoyar a un partido que basa su programa y su estructura en el concepto de unir a la izquierda para acabar dividiéndola, con el fin de poder imponer a su gente y sus propuestas cuando en realidad, deberían de haber sido humildes y valientes, ya que por ejemplo, mientras en la última campaña electoral Yolanda Díaz visitó por primera vez en cuatro años de legislatura la Federación Profesional del Taxi para mostrar su apoyo a los taxistas, por otro lado dejaba fuera a figuras tan importantes y con un importante bagaje para el sector como Rafa Mayoral o Irene Montero, políticos que llegaron hasta los tribunales por enfrentarse a los señores de Cabify diciéndoles lo que son públicamente en uno de los momentos más dramáticos de la guerra mediática que estas empresas se montaron contra el taxi con el fin de poner a la opinión pública en nuestra contra, lo que ha supuesto para los taxistas la pérdida de unos de los pilares en los que siempre se han podido apoyar y que no se ha compensado ni con la visita de la ministra en campaña ni con el trabajo que se ha hecho posteriormente.
Ahora bien, pese a que yo como muchos otros estaba emocionado con un frente común de izquierdas y confiaba en el proyecto de Sumar, viendo cómo se han desarrollado los acontecimientos, creo que este partido se acabará diluyendo porque no tiene más que aportar que una lucha de egos mientras actúa de pata del PSOE. Subió muy alto hasta llegar a los resultados electorales, pero a partir de ahí, no han sabido rentabilizarlo siendo solidarios con el resto de partidos.
Un partido que en poco tiempo empezó a parecerse más a una cuadrilla de amigos (cada día está más dividida) que a un proyecto que debería de aunar todo un espectro y sobre todo, que debería de ilusionar y sacar a la gente a la calle.








